¡Alerta máxima en Cuba!: Trump evalúa “tomar” la isla

En medio del bloqueo energético, un tiroteo con muertos en aguas cubanas y negociaciones secretas, el presidente de EE UU planteó una idea inquietante

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Donald Trump volvió a sacudir la escena internacional con una declaración que dejó al mundo en alerta. Antes de partir desde la Casa Blanca hacia Texas, el mandatario aseguró que su administración analiza una posible “toma de control amistosa de Cuba”.

“El gobierno cubano está hablando con nosotros. Están en grandes problemas. No tienen dinero, no tienen nada… quizá tengamos una toma de control amistosa de Cuba”, lanzó ante los periodistas.

La frase, repetida dos veces, no pasó desapercibida. Trump dejó entrever que las conversaciones existen y que la isla atraviesa una fragilidad extrema. Según dijo, el secretario de Estado, Marco Rubio, está “gestionándolo a muy alto nivel”.

La pregunta que flota en Washington y La Habana es inevitable: ¿habla Trump de cooperación… o de algo mucho más profundo?

Un país al borde del colapso

Las palabras del presidente llegan cuando Cuba enfrenta una de sus peores crisis económicas en décadas. El endurecimiento del bloqueo energético impuesto por Washington agravó la escasez de combustible, los apagones masivos y la paralización del transporte.

Naciones Unidas advirtió que las restricciones están empujando al país “al borde del colapso”, con consecuencias humanitarias graves: hospitales sin insumos, niños sin medicamentos y una economía prácticamente semiparalizada.

En ese contexto, Trump desliza la posibilidad de intervenir, aunque bajo el eufemismo de una “toma amistosa”.

Para sus seguidores, se trata de una estrategia para impulsar un “cambio radical”. Para sus críticos, la frase evoca fantasmas históricos imposibles de ignorar.

El tiroteo que encendió la mecha

La tensión escaló esta semana tras un violento incidente en aguas cubanas. Una lancha procedente de Florida, con diez hombres armados a bordo, fue interceptada por guardafronteras de la isla. El enfrentamiento dejó cuatro muertos y varios heridos.

La Habana denunció que el grupo planeaba atentados y que había entrenado en territorio estadounidense. Washington puso en duda esa versión y exigió una investigación independiente.

El episodio ocurre en un clima enrarecido, donde cualquier chispa puede desatar una tormenta diplomática. Y en ese escenario, Trump habla de “tomar” Cuba.

Mientras crecen las tensiones, también se multiplican los contactos discretos. Según trascendió en medios estadounidenses, colaboradores de Marco Rubio habrían mantenido reuniones con Raúl Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, para explorar un eventual alivio gradual de sanciones a cambio de reformas internas.

Además, la Casa Blanca anunció planes para permitir el envío de combustible de empresas estadounidenses a firmas privadas cubanas, en una jugada que busca fortalecer al sector independiente y debilitar al régimen comunista. ¿Es esta la “toma amistosa” a la que alude Trump? ¿Una transición negociada bajo la órbita de Washington?

La relación entre ambos países arrastra décadas de desconfianza, desde Bahía de Cochinos hasta el embargo económico y los múltiples episodios de confrontación indirecta. Cada palabra pronunciada desde Washington resuena con ecos del pasado.

Cuando Trump dice que “desde pequeño escuchó hablar de Cuba” y que “todos querían un cambio”, apela a una narrativa histórica potente en el exilio cubano en Florida, un bastión clave en la política estadounidense.

Pero en La Habana, la frase suena distinta: intervención, presión, amenaza.

La Casa Blanca no ofreció precisiones sobre qué significaría concretamente una “toma de control amistosa”. Sin embargo, el mensaje ya produjo un terremoto diplomático.

Cuba, debilitada económicamente y aislada tras la ruptura con Venezuela, enfrenta una presión inédita. Estados Unidos, por su parte, parece dispuesto a redibujar el mapa de poder en el Caribe.

 

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