Cansancio al inicio de año: por qué algunos arrancan ya agotados
Edición Impresa | 16 de Marzo de 2026 | 02:50
Para muchas personas, el año no comienza realmente el 1° de enero. El verdadero punto de partida llega en marzo, cuando terminan las vacaciones y la vida cotidiana vuelve con toda su intensidad: compra de útiles, organización de horarios, traslados, regreso pleno al trabajo y a las responsabilidades familiares. En ese escenario, el cansancio aparece casi de inmediato, incluso en quienes duermen las ocho horas recomendadas por los médicos.
Lejos de ser sólo una cuestión de voluntad o de adaptación a la rutina, la ciencia sugiere que parte de esa fatiga persistente podría tener raíces genéticas. Comprenderlo resulta clave en una época del año en la que la demanda física y mental suele dispararse.
Como la investigación genética ha puesto en evidencia en los últimos años, el cansancio crónico acompañado por dificultades para concentrarse al organizar la vida diaria pueden estar relacionados con una menor absorción de micronutrientes clave, como el magnesio y las vitaminas B12, B6 y D.
Estas sustancias cumplen un papel fundamental en el funcionamiento de las mitocondrias, consideradas las verdaderas “fábricas de energía” de las células. Si no trabajan de manera eficiente, la sensación de agotamiento puede aparecer con mayor facilidad.
Por eso, las diferencias metabólicas entre personas pueden determinar cuánto necesita cada organismo de determinados nutrientes o suplementos para mantener niveles adecuados de energía.
“No todas las personas metabolizan estos nutrientes de la misma manera. Algunas tienen variantes genéticas que hacen que necesiten una mayor ingesta o suplementación para mantener niveles adecuados”, explica el doctor en Biofísica Adrián Turjanski, investigador del CONICET.
En paralelo, el regreso a la rutina suele traer otro hábito típico: aumentar el consumo de café para “aguantar” el día. Sin embargo, también en este caso la genética influye en cómo responde el organismo.
“No todas las personas metabolizan el magnesio y las vitaminas B6, B12 y D de la misma manera. Algunas tienen variantes genéticas que hacen que necesiten una mayor ingesta o suplementación para mantener niveles adecuados”
Adrián Turjanski
Doctor en Biofísica
“Ciertas variantes genéticas pueden prolongar los efectos de la cafeína, generando ansiedad, insomnio o irritabilidad si no se modera su consumo según el perfil de cada uno”, advierte el investigador.
La presión por rendir a cualquier costo tampoco está exenta de riesgos. La falta de sueño, por ejemplo, puede incrementar la probabilidad de sufrir accidentes durante los traslados cotidianos, ya sea camino al trabajo o al llevar a los chicos a la escuela.
La estadística internacional muestra que cerca de una quinta parte de los accidentes viales están vinculados con la somnolencia al volante, lo que la convierte en una de las causas más frecuentes, sólo detrás del alcohol y la distracción.
Frente a este panorama, los especialistas señalan que, en lugar de recurrir a dietas genéricas o soluciones rápidas contra el cansancio, el análisis genético puede convertirse en una herramienta útil para entender mejor las necesidades del propio organismo.
“La genética no predice nuestro destino, pero sí nos ofrece herramientas valiosas para tomar decisiones informadas que pueden mejorar significativamente nuestra calidad de vida”, concluye Turjanski.
Hoy los test genéticos permiten analizar hasta 700 mil variantes del ADN. Ese tipo de estudios puede detectar predisposiciones a la fatiga neuromuscular o a la inflamación posterior al esfuerzo, dos factores que influyen directamente en la capacidad del organismo para recuperarse después de jornadas intensas de trabajo, estudio o crianza.
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