Ocurrencias: Un amor condenado

Edición Impresa

Alejandro Castañeda

afcastab@gmail.com

El Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°1 de Salta condenó a Gustavo Joaquín Tolaba y a su pareja, la modelo y ex Miss Oran Martina Oliva como coautores de tráfico de estupefacientes. Las juezas María Alejandra Cataldi, Marta Liliana Snopek y Gabriela Elisa Catalán impusieron a Tolaba 10 años de prisión efectiva (por reincidencia) y a Oliva siete años en modalidad domiciliaria, en un fallo que desarma las defensas basadas en la supuesta ingenuidad, el “rol secundario” y la alegada motivación sentimental de la imputada, que decía ignorar lo que tan bien conocía y manejaba.

El defensor quiso hacer creer que el amor que sentía por Gustavo era tan grande, que podía con ella; que Martina lo acompañaba en algunos viajes para que no viajara solo, subrayando que es una mujer exitosa y emprendedora, que había cometido el “error” de enamorarse de Tolaba.

Agregó Ríos –una vez más- que su asistida había actuado solo como una “mujer enamorada”, pero el tribunal rechazó de pleno esa estrategia, detallando que Oliva desempeñaba tareas clave en el entramado de ese tráfico espeso.

Las magistradas afirmaron en la sentencia que el contenido “de la defensa de Oliva en cuanto a que era una mujer enamorada y a que su presencia y/o actividad junto a Tolaba fue por amor, merece una consideración especial. Reducir el comportamiento delictual de una mujer a que fue realizado por amor, sería propio de una sociedad patriarcal, machista y estereotipada, modelo de comunidad o sociedad que esperamos esté siendo superado, donde a la mujer se le asignan conductas y roles siempre sometidos a la voluntad del varón. Es un argumento para una novela que desconoce el empoderamiento de la mujer, arraigado y aumentado en estos años”.

Semanas atrás escribimos sobre unos amores delatores. Y contamos cómo Mencho, el super narco mexicano, que estaba bien escondido y bien custodiado, al final cayó muerto por darse el gusto de pasar una noche con su amante, vigilada o infiltrada.

Ahora, en nombre del amor, la ex Miss Oran, había dejado la corona y las pasarelas para dedicarse, junto a su pareja, a traficar droga.

En el juicio, por supuesto ella pretendió zafar culpando a su metejón por haberla metido en un escenario tenebroso. Pero la estudiada incredulidad de esta muchacha, no resistió el menor análisis.

Las pruebas la expusieron como una traficante diestra y decidida, que manejaba todos los rincones de este negocio y que tenía poder y mando en esta proveeduría de urgencias y escondites.

Fingir ser una encariñada fanática para enmascarar una conducta delincuencial, es lo que las juezas –que en la vida y en la profesión habrán aprendido mucho sobre el amor y la mentira- consideraron a la hora de dictar sentencia.

Vanos fueron los esfuerzos de ella por culpabilizar a ese amorío. Su abogado defensor buscó siempre un atajo romántico para enternecer a un jurado que dejó en claro que el amor por un hombre no justifica un delito y que por más enamorada que esté, nadie va a arriesgarse a terminar en la cárcel para lograr que el encanto de la pareja no desfallezca.

Las pruebas la expusieron como una traficante diestra y decidida, que manejaba todos los rincones de esta proveeduría de urgencias y escondites

“Reducir el comportamiento delictual de una mujer a que fue realizado por amor, sería propio de una sociedad patriarcal y machista”

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE