Se acerca el UPD y los colegios ya definen una agenda para abordarlo
Edición Impresa | 3 de Marzo de 2026 | 01:32
Cuando inicie el ciclo lectivo para el nivel secundario en la provincia de Buenos Aires -en medio de un escenario de cese de actividades-, como cada año, el Último Primer Día (UPD) volverá a ocupar un lugar central en la agenda escolar. En La Plata, las instituciones llegan a esta fecha con una premisa compartida: el fenómeno no se ignora ni se prohíbe sin más, sino que se trabaja con anticipación, diálogo y pautas claras.
Desde la Asociación de Institutos de Enseñanza Privada de Argentina (AIEPA) sostuvieron, en diálogo con EL DIA, que el inicio del último año es “un momento profundamente significativo” y que la escuela y la familia deben actuar en corresponsabilidad. En ese marco, muchas secundarias organizan reuniones previas con padres y madres de sexto año para abordar el sentido del festejo y advertir sobre los riesgos asociados, especialmente el consumo de alcohol.
La estrategia se repite en distintos establecimientos: pautas de convivencia explícitas, presencia adulta y decisiones institucionales firmes. Si un estudiante se presenta en condiciones inapropiadas, no puede permanecer en la escuela y se da intervención inmediata a la familia. La intención, subrayan, no es punitiva sino de cuidado.
En la Ciudad, además, se suma una preocupación logística concreta: evitar cortes de calle y situaciones de riesgo en zonas de alto tránsito durante las primeras horas del día. Las escuelas piden que los festejos en la puerta se desarrollen sin destrozos ni prácticas peligrosas, y promueven ingresos acompañados por familiares.
Por su parte, el docente platense Juan Pablo Martín -que trabaja en diferentes instituciones de la Ciudad con estudiantes secundarios- exhibió una propuesta educativa que no se limita al primer día de clases, sino que organiza un acompañamiento anual para sexto año, integrando instancias de reflexión, celebración y protagonismo juvenil.
Con la pregunta disparadora: qué huella quieren dejar los estudiantes en su comunidad educativa, se plantean acciones concretas que transformen el cierre en una experiencia con sentido. El UPD y el UUD se abordan como parte de ese proceso más amplio, con espacios de diálogo previos y acuerdos de cuidado.
“El rito no es negativo en sí mismo; lo problemático es cuando queda reducido al descontrol”, señaló Martín en diálogo con EL DIA, en sintonía con una mirada que comparten otras escuelas de la ciudad.
En La Plata se hacen reuniones informativas, autorización expresa para retiros anticipados y supervisión permanente durante la jornada. El desafío es claro. Las escuelas saben que el UPD seguirá existiendo porque responde a una necesidad simbólica de cierre. La apuesta es que ese último primer día marque el inicio de un año recordado por los aprendizajes y la construcción de proyectos de vida, y no por situaciones de riesgo.
Un panorama similar al que se vive en La Plata se desarrolla en colegios de diversos distritos del Gran Buenos Aires.
Prevención y datos que alertan
El debate sobre cómo llevarlo a cabo; si prohibir o acompañar, no es menor. Según el último relevamiento del Observatorio de Adicciones y Consumos Problemáticos de la Defensoría del Pueblo bonaerense, más del 40% de los adolescentes considera al alcohol una sustancia “menos peligrosa” que otras. Además, el 71% declaró haber comenzado a beber antes de los 15 años.
Aunque el UPD es apenas un momento puntual, para especialistas y autoridades educativas funciona como síntoma de una problemática más amplia: la naturalización del consumo en edades tempranas.
Por eso, algunas instituciones avanzan hacia propuestas integrales que incluyen el trabajo en el aula sobre salud, ciudadanía y vínculos; la construcción participativa de acuerdos de convivencia; y la invitación a que los propios estudiantes diseñen formas de festejo más cuidadas.
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