Ladrillos que son amores 2

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Por SARA ALICIA CANESTRI

Para la gente de Gonnet que vive entre los caminos Centenario y Belgrano y más allá, éramos “los del otro lado de la vía” o “los del otro lado del camino”. No recuerdo en qué momento nos elevaron de status y pasamos a ser Villa Castells.

Cuando me mudé a este bucólico barrio en el cual solo se oía el canto de los pájaros, el sonido del silencio y algunas de las calles eran de tierra, sólo era Gonnet.

No fue nuestro proyecto de vida esa mudanza, sólo teníamos que agrandar espacio ante el crecimiento familiar y pensamos en alejarnos, ya que comprar una propiedad en La Plata nos resultaba imposible. Ante esta decisión y abocados a la búsqueda, mi amiga Marisa me avisó de la venta de una casa cerca de la suya y partimos a conocerla. Debo decir que verla, literalmente, nos quitó el sueño.

Pudimos llevar a cabo la operación y aquí estoy. Desde esa patriada, han pasado 60 años.

Varias cosas puedo agregar al respecto; que hubo familiares que lloraron porque pensaban que nos íbamos al fin del mundo, pero también que fue una de las la mejores decisiones que tomamos con Juan Carlos, mi marido, por no decir, la mejor.

Según cuenta la historia esta casa, mi casa, fue construida por la familia Mercante, por el padre con sus hijos. Era una plantación de manzanas que se exportaban o se vendían en la tradicional tienda Gath y Chaves. Mercante había mejorado la tierra para su emprendimiento ya que en su composición había mucha conchilla.

Yo trate de conservarla sin grandes cambios. Solo le agregamos amor, dedicación, cuidado, disfrute de momentos inolvidables con amigos, hermanos, sobrinos, con mis hijos, mis nietos y ahora mis bisnietos.

Mi otro amor, la casa de Villa Castells. La camino una y otra vez y cada mueble o adorno me recuerdan las recorridas por cambalaches y demoliciones con mi amiga Virginia y mis hijas que eran chiquitas, para decorarla como la “vieja dama” merecía.

Esta es la historia de esta centenaria casona que supo alojar a Evita en otros tiempos y todavía está en pie.

 

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