Yo vi las lunas de Júpiter

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Por ANDRÉS SALINERO<

El geólogo loco pasaba por arriba las bicicletas de los niños que jugaban al fútbol en la canchita de tierra de Samay Huasi, por no esquivarlas simplemente moviendo el volante de su camioneta. El geólogo loco encabezaba una delegación de estudiantes de Geología de la Universidad Nacional de La Plata, donde todos habían ido como parte de su plan de estudios. El geólogo loco salía a caminar con sus alumnos por la Cuesta de Miranda, y volvía al anochecer.

Este hombre era además observador nocturno de estrellas y planetas con su potente teodolito: una suerte de astrónomo aficionado. Una noche extremadamente diáfana de esas que tanto bendicen a La Rioja, dispuso su teodolito en el patio de Samay Huasi e invitaba a observar el cielo a quien lo quisiera hacer. Yo así lo hice, y así fue como descubrí planetas y constelaciones; y entre esos planetas, a Júpiter. Y no sólo a Júpiter, sino a sus muchas lunas, por mucho lo que más me impactó y que jamás olvidaré. Porque una cosa es saber que existe Júpiter con sus lunas, y otra, muy distinta, observarlas, en el silencio eterno del Cosmos, sabiendo que efectivamente existen, que están allí. La dimensión de mi trayectoria como humano cambió para siempre...

Pero este señor no era buena persona. Así lo demostró con el triste episodio de la bicicleta aplastada con su 4 por 4. Nunca olvidaré el llanto del pequeño niño dueño de la bicicleta y la solidaridad de sus compañeritos de fútbol, que rodearon a la bicicleta deformada haciendo una triste ronda, en silencio y como quien mira un cadáver.

Nada le reproché al geólogo loco, como debería haber hecho al ser testigo presencial. Pero el recuerdo de esta lamentable actitud contrastado a la contemplación de las lunas de Júpiter facilitado por la misma persona me hace asombrarme de la conducta humana, contradictoria y cruel a veces, solidaria y generosa otras. Como la del geólogo loco. Como la de toda, o casi toda, la especie humana.

Corría octubre de 2010, el mes y el año más felices de mi vida...

 

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