El ojo de Sauron tiene WiFi: los magnates tecnológicos ¿leen mal ciencia ficción?

Los “tech bros” construyen las distopías que la literatura y el cine del género nos advirtió que no construyéramos. ¿No entendieron los clásicos?

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Pedro Garay

pgaray@eldia.com

En 1975, Norman Jewison estrenó “Rollerball”: una película sobre un futuro gobernado por corporaciones donde un deporte brutalmente violento servía para que las masas olvidaran que habían perdido toda libertad real. Jewison la concibió como advertencia. El filme fue un éxito. Y entonces sucedió algo que lo horrorizó: varios inversores lo contactaron para adquirir los derechos y crear una liga real de Rollerball. Como si la advertencia fuera, en realidad, una oportunidad para hacer negocios.

Eso fue hace cincuenta años. Hoy aquella anécdota ya no parece una curiosidad histórica. Parece un patrón.

Los hombres que hoy concentran más poder que muchos estados nacionales tienen una característica en común: leen ciencia ficción con devoción y con una incomprensión que bordea lo asombroso. Elon Musk cita las novelas de la “Cultura” de Iain Banks, una sociedad utópica socialista gobernada por inteligencias artificiales, como inspiración para Neuralink. Musk no es socialista. Mark Zuckerberg admiraba tanto “Snow Crash”, de Neal Stephenson, que exigía que todos los gerentes de producto de Facebook la leyeran, y luego tomó el nombre de su mundo virtual, el “metaverso”, directamente del libro, ignorando que “Snow Crash” transcurre en una distopía corporativa donde la gente vive en contenedores de envío y el metaverso es su único escape. Cuando OpenAI lanzó una nueva versión de su asistente, Sam Altman tuiteó una sola palabra: “her”, en referencia a la película donde un hombre se enamora de una IA. Una historia que, recordemos, termina mal, y parecía una advertencia sobre la soledad en el siglo XXI, no un horizonte deseable.

La periodista Laura Miller resumió la situación con una pregunta que se responde sola: “¿Por qué estos magnates, a quienes los medios llevan cuarenta años describiendo como genios, son tan obtusos?”

Al respecto, existe un tweet de 2021 que se volvió canónico: “Autor de ciencia ficción: En mi libro inventé el Nexo del Tormento como advertencia. Empresa tecnológica: Por fin hemos creado el Nexo del Tormento del clásico ‘No Construyas el Nexo del Tormento’”. El chiste lo dice todo. Y Palantir es quizás el ejemplo más elocuente.

PALANTIR Y TOLKIEN

En “El Señor de los Anillos”, los palantíri son piedras videntes que parecen ofrecer ventaja táctica pero corrompen a quien las usa. Sauron las controla: quien mira a través de ellas ve lo que el Señor Oscuro quiere que vea. El rey Denethor enloquece por usarlas. Saruman cae. Son, en Tolkien, una alegoría sobre cómo el poder de la información concentrado en manos malignas no ilumina sino que somete.

La empresa Palantir fue fundada en 2004 por Peter Thiel con financiamiento de In-Q-Tel, el brazo de inversiones de la CIA. Tomaron el nombre de los instrumentos de vigilancia del Señor Oscuro para bautizar a una empresa de vigilancia masiva financiada por la inteligencia estadounidense. Si Tolkien viviera, no sabría si reírse o llorar. El Ejército de los Estados Unidos consolidó recientemente contratos con la empresa en un único acuerdo por hasta 10.000 millones de dólares a lo largo de una década, uno de los mayores contratos de software en la historia del Departamento de Defensa.

Y Palantir se acerca a la Argentina. La reunión de Javier Milei con Peter Thiel en noviembre de 2024 fue más que un gesto diplomático: el fundador de Palantir desembarcó en la política argentina con la misma estrategia que lo llevó a ser socio del Pentágono y de las fuerzas de defensa de Israel. Se especula que el Gobierno, a través de la reforma de la ex SIDE realizada por decreto, busca implementar esta tecnología para tareas de inteligencia y seguridad interior. De concretarse un acuerdo, la empresa accedería a los datos más sensibles del Estado argentino. El ojo de Sauron, actualizado y con conectividad de banda ancha, buscando instalarse en Buenos Aires.

QUIÉN ES PETER THIEL

Para entender por qué esto importa, hay que entender quién es Thiel. Es el ideólogo más influyente de lo que hoy llamamos cultura de Silicon Valley. Sostiene desde hace años que democracia y libertad no son compatibles, y promueve arquitecturas tecnológicas que permitan escapar del control de las mayorías. Es el padrino de la “PayPal Mafia” (un influyente grupo de exfundadores y exempleados de PayPal que, tras la venta de la empresa a eBay en 2002, fundaron o financiaron exitosamente varias de las empresas tecnológicas más importantes de Silicon Valley, incluyendo YouTube, LinkedIn, SpaceX, y Yelp). También, uno de los primeros inversores de Facebook, y el financista que apoyó a Trump cuando hacerlo era impopular incluso en círculos conservadores. Un hombre que básicamente quiere construir el mundo que Tolkien concibió, pero desde el lado de Sauron.

Thiel y sus colegas magnates que quieren dar forma a otro mundo han demostrado leer, aunque tal vez de manera diferente, los grandes clásicos de la ciencia ficción y la fantasía. Tal vez, sin embargo, tendrían que haber leído los clásicos griegos. Los helenos tenían una palabra para nombrar el pecado que estos hombres cometen con una regularidad que desafía el aprendizaje: “hybris”. La desmesura, el exceso de ambición que lleva al hombre a creerse igual a los dioses. Zeus castigaba la hybris con fiereza porque no era solo un crimen moral: era una afrenta al cosmos. Prometeo roba el fuego divino y termina encadenado a una roca mientras un águila le devora el hígado por toda la eternidad. Ícaro vuela demasiado alto y el sol derrite sus alas. La moraleja no era que volar es malo. Era que hay alturas que no te pertenecen.

La ciencia ficción es, en muchos sentidos, la mitología griega reescrita en código moderno. El doctor Frankenstein es Prometeo. La IA descontrolada es el Minotauro que alguien construyó y ya no puede contener. La vigilancia total es el ojo de Sauron. Muchos libros de ciencia ficción toman la idea de la ambición desmedida como vector. Sin embargo, en Silicon Valley, en lugar de leerlo como advertencia, parecen haberlo leído de manera literal: como un mapa del futuro.

 

Sauron

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