El excesivo ruido que enferma: decibeles por encima de lo recomendado
Edición Impresa | 11 de Mayo de 2026 | 02:06
La Avenida 44 de La Plata no descansa. Desde la diagonal 74 hasta la calle 10, el flujo constante de colectivos, autos y motos compone una banda sonora persistente que atraviesa la vida cotidiana. Ese paisaje, tantas veces naturalizado, hoy tiene respaldo científico: la doctora en fonoaudiología Silvia Bermúdez, docente de la Universidad Católica de La Plata e integrante del Colegio de Fonoaudiólogos de la Provincia, midió niveles que oscilan entre los 88 y 90 decibeles en esa arteria.
El Gran La Plata supera ampliamente los límites de la OMS en sus arterias centrales, con registros de hasta 91 decibeles documentados por la Universidad Católica de La Plata. Investigadores del IIPAC-UNLP, el CONICET y el Colegio de Fonoaudiólogos llevan años cartografiando la problemática sin que exista una política efectiva que obligue a reducirla. Mientras tanto, en Europa la electrificación del transporte ya demuestra caídas de entre 10 y 15 decibeles en corredores urbanos clave.
Las mediciones realizadas por equipos de la UCALP refuerzan ese diagnóstico. En puntos como Plaza Italia, diagonal 74 o las inmediaciones del Colegio San Luis, los valores promedian los 85 decibeles, con picos de 91 producto de bocinazos. En la intersección de 44 y 10, el ruido alcanza los 80 decibeles de base, con picos superiores, mientras que cada colectivo puede generar hasta 90 decibeles al acelerar.
A estos registros se suma el diagnóstico ampliado de los repositorios del SEDICI-UNLP y del CONICET, que sitúan el ruido urbano permanente entre 48 y 65 dB(A), con picos recurrentes de hasta 78 dB(A) en horarios de alta actividad comercial y escolar. Estos valores evidencian una exposición constante incluso en zonas residenciales, donde el umbral de comunicación oral sin esfuerzo ya se ve comprometido.
La referencia internacional es contundente. La Organización Mundial de la Salud recomienda no superar los 65 decibeles durante el día y los 45 durante la noche. En el Gran La Plata esos valores no solo se superan: en muchos casos se duplican, configurando un escenario de exposición crónica con impacto directo en la salud.
El campo académico: de “Contaminación acústica: un mal subestimado”
La investigación académica local lleva décadas abordando el problema desde múltiples disciplinas. En el repositorio SEDICI de la UNLP se destaca el trabajo “Contaminación acústica: un mal subestimado” de Silvia Bermúdez (2016), que instala el ruido como un problema ambiental invisibilizado con efectos directos sobre la salud y el urbanismo.
A ese enfoque se suma “Sobre ruido, sonido y contaminación sonora” de Alice González (2022), que ofrece un marco conceptual para interpretar mediciones locales y expone las diferencias normativas en el área rioplatense, evidenciando la fragmentación en la gestión del ruido.
El ecosistema científico se amplía con investigaciones del Instituto de Estudios del Hábitat (IDEHAB-UNLP), que analizan la expansión urbana y su impacto en la degradación del paisaje sonoro, así como con estudios del CONICET La Plata que examinan la relación entre contaminación acústica y legislación, señalando la débil aplicación de normativas como la Ordenanza Nº 9865/05.
Uno de los aportes más integrales es el “Modelo de Calidad de Vida Urbana (MCVU)” desarrollado por Luciano Dicroce, Jesica Belén Esparza, Carlos Alberto Discoli e Irene Martini desde el IIPAC-UNLP, que incorpora la contaminación sonora dentro de un sistema más amplio de patologías urbanas mediante herramientas georreferenciadas.
Mapas, territorio y desigualdad sonora
El diagnóstico científico también se apoya en desarrollos institucionales. El Laboratorio de Acústica y Luminotecnia (LAL), vinculado a la CIC y al CONICET, elaboró en 2013 el primer mapa de ruido de La Plata, impulsado por Gustavo Jorge Basso, quien ya advertía sobre el impacto del crecimiento del parque automotor.
A escala territorial, trabajos como “Los vecinos del Barrio El Dique y los problemas ambientales…” incorporan la dimensión socioambiental del ruido en el eje La Plata-Berisso-Ensenada, donde la cercanía a actividades portuarias e industriales suma nuevas fuentes sonoras al tránsito vehicular.
En estas zonas, investigaciones técnicas del CONICET y la UNLP -como el estudio “Evaluación de impacto acústico en la salud de personas expuestas a ruido industrial” (CIC)- evidencian la superposición de ruido industrial continuo con tráfico pesado, especialmente en áreas cercanas a la destilería de YPF y polos petroquímicos.
Estos estudios muestran que el ruido no se distribuye de manera homogénea. Afecta más a quienes viven sobre avenidas, cerca de accesos, zonas industriales o corredores logísticos, donde incluso escuelas y hospitales carecen de protección acústica adecuada.
Comparación nacional: entre CABA, Córdoba y ciudades intermedias
El problema no es exclusivo del Gran La Plata. En la Ciudad de Buenos Aires, considerada una de las más ruidosas de América Latina, las avenidas principales superan los 75 decibeles y alcanzan picos por encima de los 80, con registros extremos de hasta 121 dB(A) en entornos nocturnos recreativos.
En Córdoba, estudios del CONICET y la UTN -como los de Bodoira y colaboradores- registran promedios de 73 dB(A) con picos de hasta 106,9 dB(A), mientras que en Rosario los niveles superan sistemáticamente los 65 dB(A) recomendados por la OMS.
En términos comparativos, el Gran La Plata presenta niveles levemente inferiores en promedio, pero con una particularidad estructural: la combinación de ruido vehicular e industrial, especialmente en Berisso y Ensenada.
Esta dualidad lo posiciona como un caso crítico dentro del mapa nacional, donde la falta de monitoreo sistemático y planificación agrava la exposición sonora.
La normativa y el peso estructural del tránsito
Argentina carece de una ley nacional de contaminación acústica. La regulación es fragmentaria y, en la Provincia de Buenos Aires, no incluye sistemas obligatorios de monitoreo continuo ni mapas estratégicos de ruido.
En el Gran La Plata, esta ausencia se traduce en una falta de planificación acústica. Investigaciones del CONICET advierten sobre la brecha entre el conocimiento científico producido y su aplicación en políticas públicas, lo que perpetúa la degradación del paisaje sonoro.
Los trabajos académicos coinciden en que el ruido urbano es un fenómeno acumulativo, influido por variables como el volumen de tránsito, el estado del pavimento, frenadas, bocinas, transporte público y proximidad de viviendas.
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