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Jonathan Pryce: “No soy religioso pero pude sentir que algo más grande existe en otra parte”

En 1996 se puso en la piel de Perón, en el filme de Alan Parker, y ahora vuelve a vestir las pieles de otro argentino icónico: Jorge Bergoglio en “Los dos Papas”. A los 72 años, el prestigioso actor galés asegura que en su vida “jamás encontró la religión” sin embargo, haberse puesto en la sotana de Francisco, no lo dejó indiferente

Jonathan Pryce: “No soy religioso pero pude sentir que algo más grande existe en otra parte”
María Virginia Bruno

Por: María Virginia Bruno
vbruno@eldia.com

15 de Diciembre de 2019 | 07:57
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La temporada de premios está a punto de comenzar y Jonathan Pryce suena fuerte como uno de los grandes candidatos a quedarse con el Oscar por su interpretación de Jorge Bergoglio en la película “Los dos Papas”, que el viernes llega a Netflix.

Tras una vida entregada a la actuación, con elogiados papeles en teatro -tiene dos Tony: “Comedians” y “Miss Saigon”-, cine y televisión, el prestigioso actor galés de 72 años nunca recibió siquiera una nominación al gran galardón de Hollywood y esta última interpretación, que ya le valió una candidatura a los Globos de Oro, podría hacerle justicia.

Las generaciones más jóvenes lo conocen por dos roles puntuales: fue el Gobernador de Port Royal, Weatherby Swann, en las tres primeras películas de la saga “Piratas del Caribe” y, más recientemente, el monstruoso Gorrión Supremo en “Juego de Tronos”. Pero Pryce es dueño de una carrera brillante y, sobre todo, versátil.

En su largo currículum tiene un antecedente argentino que muchos seguramente tendrán en la memoria. En 1996 se puso en la piel de Juan Domingo Perón en “Evita” de Alan Parker, protagonizado por Madonna. Y ahora, 23 años después, vuelve a vestir las pieles de otro cuestionado ícono nacional como Jorge Bergoglio en “Los dos Papas”.

A propósito de su estreno en Netflix, plataforma a la que llegará el viernes tras dos semanas en cartel en el cine Select, Jonathan Pryce pasó brevemente por Argentina y dialogó con EL DIA en el marco de una íntima jornada de prensa organizada por el gigante on demand en un coqueto hotel porteño.

El actor, cuya sencillez contrarrestaba con la opulencia del recinto donde se llevó a cabo el evento, hizo gala de su calidez y gran sentido del humor: sello que le imprimió a su personaje en el filme del director brasileño Fernando Meirelles (“Ciudad de Dios”) basado en un guión de Anthony McCarten (“La teoría del todo”, “Las horas más oscuras”, “Bohemian Rhapsody”) y que podría definirse como un diálogo reflexivo y redentorio, entre dioses y fantasmas.

VÍNCULO ARGENTINO

“Me siento honrado de haber podido interpretar a estas dos figuras (Perón y Francisco), y agradecido de que los argentinos hayan aceptado que los interprete, ¡y que no se hayan quejado!”, dijo Pryce, de sonrisa fácil y look informal: aquel día usaba cardigan azul oscuro, camisa blanca desabrochada en su último botón, pantalón marrón. También vestía canas pero ese día no había usado peine y una barba candado gris tiempo a tono con sus lentes redonditos al estilo Harry Potter.

“En realidad, (el ex presidente y el Papa) son figuras bien diferentes: en el período de ‘Evita’, en Buenos Aires, todos cantaban, nadie hablaba”, tiró entre risas el actor, en relación al carácter musical de la película, a la que definió como “apenas una foto de la vida de esas personas, y no necesariamente verídica”, una experiencia que le resultó “divertida”. Lo que siguió fue una advertencia.

“Si la llegan a ver de nuevo, van a notar mi cara cuando ella canta ‘No llores por mi Argentina’: es que estoy pensando ‘¿por qué está cantando esto?’, ‘no tiene demasiado sentido’…”, contó, ante la atenta mirada de ese grupo de jóvenes a los que, por las dudas, y para evitar cualquier susceptibilidad, les aclaró: “Pero de todas formas es una canción muy linda… y famosa (risas)”.

En “Los dos Papas”, le toca vestir la sotana de Bergoglio desde 2005 hasta su ascenso en el Vaticano.

“Francisco es una figura viva y todavía significa todo tipo de cosas para los argentinos, todavía es una figura que divide aguas: algunos ven sus costados oscuros, su posible colaboración en la dictadura, que se trata en la película, que no se esconde; otros lo celebran, como su líder. Así que hacer de Francisco fue una gran responsabilidad, tuve que lidiar con él y con ustedes con mucho respeto, porque soy un extranjero”, manifestó.

Pryce ya había interpretado a un personaje real en el drama histórico “The New World” por lo que sabía de qué se trataba esto de encarar roles no ficticios. Sin embargo, y más allá de su enorme parecido físico, que hasta puso a dudar a uno de sus propios hijos (contó que cuando Francisco asumió sus fotos comenzaron a copar los medios y, en ese momento, uno de sus tres hijos le mandó un mensaje diciendo ‘papá, ¿sos el Papa?’), reconoció haber dudado antes de aceptar el ofrecimiento.

“Cuando mi agente me llamó y me dijo que me querían para hacer del Papa, inicialmente dije que no quería hacerlo, por la presión y por dudar de si podría hacerle justicia. Tenía imágenes de gente interpretando a figuras religiosas en el pasado, y no me sentía bien al respecto. Pero cuando leí el guión, y sabiendo que Fernando la iba a dirigir (soy seguidor suyo desde “Ciudad de Dios”, una de mis películas favoritas), y sabiendo el tipo de persona que es y la energía que iba a poner, supe que no podía ser una mala decisión”, confesó.

Su apreciación sobre Francisco ayudó a inclinar la balanza. Según admitió, a pesar de no ser católico, hubo una conexión política y social con su personaje que lo llevó a dar el salto al vacío.

“El viaje que atraviesan estos dos Papas, que al principio desconfían del otro pero terminan siendo amigos, es un poco el viaje que transitamos con Tony”

 

“A diferencia del resto de los Papas, Francisco fue al primero que escuché. Y respondí a él no como una figura religiosa sino como una figura política. Así que para mí, se trata más de cambio y esperanza para la sociedad, no solo para la Iglesia católica. Todo eso quitó cualquier idea que tenía sobre interpretarlo, porque tenía ganas ponerme en la piel de un hombre que dijo todo lo que dice al final de la película, sobre los refugiados, sobre el medioambiente… Todo lo que ha hecho para inspirar a las personas a cambiar”.

Evitó opinar sobre el pasado polémico de Bergoglio, que, como mencionó, es crudamente retratado en la película. “No creo que sea correcto que me siente acá a pontificar”, dijo, para salir del paso amablemente. Sobre todo por respeto a los católicos.

SU VÍNCULO CON LA RELIGIÓN

“Nos preguntaron a los dos en Londres, a Tony (Hopkins) y a mi, si éramos religiosos, y yo dije que no, pero que esperaba serlo al finalizar el rodaje. Fernando dijo que es inevitable que te conmueva de alguna forma lo que haces, más en una película así. Creo que las cosas que ya sentía sobre las políticas de Francisco se fortalecieron por la película. Pero, además, algo extraño me pasó: yo solía ir a la Iglesia protestante en Gales, y solía pensar que cuando fuera grande, muy grande, todo estaría bien, porque encontraría la religión y todas mis preocupaciones se habrían disipado y moriría feliz. Bueno, nunca encontré la religión”, reveló Pryce.

Sin embargo, tal como le había dicho el director, algo pasó durante el rodaje.

“Para la película, trabajé con un cura que nos daba consejos sobre cuestiones formales, y que había trabajado con Francisco cuando era cardenal. Tenía mucho para decir de él, no todo bueno, todavía era una figura compleja y polémica para él. Cuando dejé Buenos Aires para ir a Londres, para la próxima etapa de la película, me vino a despedir y me preguntó si podía bendecirme. Y claro que accedí. Y sentí algo totalmente abrumador cuando me bendijo: la gente recibe la bendición todos los días en la iglesia, pero si no sos católico, es bastante extraordinario. Más, después de trabajar aquí, y dar la misa a un montón de personas que se veía eran creyentes y celebraban que estuvieras ahí, recreando a esa figura que conocían… Ahí, tuve una sensación de que algo, algo más grande, existe en alguna parte. Si está canalizada a través de un Papa, no lo sé. Pero estoy contento de haber tenido esa experiencia”.

DUELO DE ESTILOS

Anthony Hopkins, también actor galés, de 82 años, es el otro papa, el emérito, en el filme: Benedicto. Junto a Francisco harán danzar las diferencias en la pantalla, dejando al final una reflexión sobre el respeto, la tolerancia y el perdón, asignaturas pendientes en esta Argentina doliente.

“Fue fantástico trabajar con Tony. Nos llevamos muy bien, y eso que somos actores diferentes. El director nos decía que Tony es un músico clásico, todo es bien formal para él, tiene que aprender sus líneas, y trabajarlo, trabajarlo, trabajarlo. Yo soy más un músico de jazz: no es que improviso, porque todo lo que se ve está en el guión, pero tengo un aire de improvisación, lo cual es importante porque la película es dos horas de hombres hablando, así que tiene que parecer una conversación, algo que es del momento”, contó sobre la experiencia con el ganador del Oscar al mejor actor por “El silencio de los inocentes” (1991).

Reconoció Pryce que no sabía qué iba a salir de este diálogo pero, al final, todo fue un “deleite”, resultando la película, sus protagonista, casi una metáfora sobre ellos mismos.

“El viaje que atraviesan Francisco y Benedicto, que al principio desconfían del otro y finalmente terminan siendo amigos, es un poco el viaje que transitamos nosotros: al principio apenas nos conocíamos, pero al final terminamos muy amigos”, se sinceró.

Lo que llegó después fue una divertida anécdota sobre la primera y lejana colaboración de Pryce y Hopkins hace casi 30 años y cómo, por esas cosas de la vida, los caminos los volvió a juntar aunque ahora en posiciones diferentes.

“Francisco fue al primer Papa que escuché. Y respondí a él no como una figura religiosa sino como una figura política”

 

“Hace 27 años grabamos ‘Bajo el bosque lácteo’, un poema largo de Dylan Thomas con muchos personajes, que generalmente se interpreta en el escenario, leyéndolo. Nosotros lo grabamos con George Martin, el productor de Los Beatles, como productor. En el poema hay dos narradores, una voz número uno y una voz número dos, que era yo. Pero 27 años después, en la hoja de rodaje para la película, donde aparece tu nombre, tu personaje y te dan un número, yo era el número 1, y él era el 2. Así que cada mañana, en el desayuno, o cuando nos cruzábamos en el set, él me decía ‘buen día, Número 1’, y yo le respondía “buen día, Número 2”. Pero igual, cuando firma sus mails, escribe “Sir” Número 2. Así que tiene su venganza”.

Hopkins, al igual que Pryce, fue condecorado por la Orden del Imperio Británico. Sin embargo, el actor de “Hannibal” recibió la medalla de Caballero, y Pryce tuvo que conformarse con el título de Comandante. ¿Tendrá revancha en los Oscar?

 

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