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Ocurrencias: las pestes de exportación

Ocurrencias: las pestes de exportación

Por: Alejandro Castañeda
afcastab@gmail.com

12 de Julio de 2020 | 01:25
Edición impresa

 

Youtubers platenses se metieron en el ex Zoológico para echarles un vistazo a los pocos pensionistas que allí han quedado. Cuentan que ingresaron por el sector trasero del Bio Parque, aprovechando que el “candado no estaba”. El año pasado tampoco estaba el candado y también se metieron. “Lo hicimos para filmar lo que estaba sucediendo”. Los intrusos aprovecharon la recorrida para testear a una población resignada que desde antes de la pandemia ya estaba a dieta. “Hay un montón de animales con problemas. Incluso vimos animales muertos, algunos con sed. Están rotas las rejas. Hay monos, un tigre, así que al final no liberaron nada”, comenzó diciendo uno de los youtubers. Pero no sólo el tigre está encerrado, embroncado y hambriento.

Ayer se supo que, aprovechando el repliegue de los humanos, ocho monos carayá salieron a pasear por el parque Pereyra Iraola. Son ejemplares que, cuando reinaba la normalidad, andaban medio ocultos y de a uno, jamás en barra, como esta vez. Habían hecho algunas incursiones en cuarentena para averiguar a qué se debía tanto silencio y desolación. Y cuando el jefe de la manada repartió los permisos de circulación, la monada, barullera y golosa, se hizo una panzada de soledad y buena comida, con hojas frescas y sin cazadores a la vista. Ahora ganaron confianza y andan a cada rato copiando las manías de un vecindario que puede dar cátedra en eso de andar a los saltos y trepados a cualquier cosa.

Hemos largado por América unos lagartos ovejeros de exportación que tienen a mal traer a los californianos. Es otra raza viajera de un país donde arrastrados nunca faltan. Se inspiraron en las golondrinas y salieron a buscar un paisaje con menos violencia y más sol. Los lagartos argentinos recorrieron casi diez mil kilómetros para poder disfrutar de estabilidad y playas. Son una avanzada numerosa, caminadora y pendenciera. Se alimentan principalmente de tortugas (las únicas piezas que no se les escapan) y de los insectos menores que viven a ras del suelo. Los proteccionistas de Santa Mónica hablan de una invasión que causa alarma, aunque a esta altura cualquier peligro se desvanece ante un virus inatajable que pone a los lagartos criollos a la altura de una buena noticia. Son reptiles lentos y pisables que fueron dejando gran parte de su parentela en el camino y que partieron en el 2001, escapándole al default, sin imaginar que, al llegar a destino, todavía se seguiría negociando.

Pero no sólo el tigre del ex Zoológico está encerrado, embroncado y hambriento

Hasta los monos carayá se animaron y salieron a dar una vuelta por el Parque Pereyra Iraola

Otra vez la comida oriental se encargó de sumarle más miedo a un planeta que anda con las cacerolas empobrecidas. Los murciélagos navideños dieron la patada inicial. El virus se metió en una sopa y no paró más. Y la pandemia le terminó agregando otro poco de mala fama a esos mamíferos trasnochadores, chupasangre y sospechosos. Pero hubo más retornos: el mosquito del dengue se sumó a la campaña contagiosa y encima reapareció la temible peste bubónica. La trajeron pulgas que se contagian de ratones comibles y marmotas bien condimentadas que anidan en los guisos. ¿Qué almuerza esta gente? ¿Qué meten en la olla? Los infectólogos aconsejan ir a comer a las farmacias.

Los chanchos dieron otra vez la nota. La aparición de unos ejemplares bien engordados y resentidos mostró que la animalada viene por todo. Muchos se aprovechan del margen de libertad que han recuperado y salen a ensuciar todo. Los cerdos chinos, rencorosos y revoltosos, son portadores de una cepa del virus de la gripe porcina que tiene “gran adaptabilidad” para infectar a humanos, dijeron los científicos. El virus, que se llama G4, desciende genéticamente de la cepa que causó una pandemia en 2009 y que al parecer se quedó con ganas de seguir infectando. Una mancha más para unos porcinos que hasta ahora sólo amenazaban desde los salamines con el fantasma de la triquinosis. Incluso, hace cinco años la presidenta Cristina por cadena nacional no sólo alabó el sabor de los lechones, también su poder afrodisíaco, cuando al evocar algunas noches ventosas en el lejano sur, dejó traslucir que el romanticismo casero mejoraba con alguna bondiola de Néstor bien ubicada.

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