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Espectáculos |TIEMPOS DE CAMBIO
Revisionismo en la tevé: lo que el viento de la época se llevó

Las plataformas siguen quitando el contenido “racista”: ¿es un avance, o se subestima la capacidad crítica del espectador?

Revisionismo en la tevé: lo que el viento de la época se llevó

“Lo que el viento se llevó”

Pedro Garay

Por: Pedro Garay
pgaray@eldia.com

6 de Julio de 2020 | 02:17
Edición impresa

En cuestión de dos semanas, la flamante plataforma HBO Max quitó de su grilla “Lo que el viento se llevó”, Jimmy Fallon pidió disculpas por haberse pintado la cara de negro hace 20 años, “Los Simpsons” anunciaron que dejarán de utilizar voces de actores blancos para representar personajes no blancos y Netflix retiró de su catálogo episodios de “The Office” y “Community” que utilizaron “blackface” (personajes con el rostro pintado), a pesar de que, por ejemplo, en este último caso se hacía alusión literal, de forma satírica, al problema.

“Vamos a ignorar este crimen de odio, ¿eh?”, lanzaba Shirley, uno de los personajes de la serie, y le respondía Chang, el asiático con el rostro pintado, que “soy un elfo oscuro”, un personaje del juego fantástico “Calabozos y Dragones” del que los estudiantes del colegio comunitario de Greendale participaban en ese episodio.

Irónico, de alguna forma: tras prohibir una de las películas más emblemáticas de la historia del cine, las olas de corrección política ahora quitaban del aire un episodio que señalaba el problema del “blackface”, lo satirizaba (una forma de desempoderarlo, de corroerlo) y, encima, dedicaba todo su episodio a sensibilizar a la audiencia sobre los peligros del bullying. Es uno de los mejores episodios de la serie, no a pesar de su tratamiento de ciertas problemáticas, sino gracias a él.

¿Es este el fin del arte? El arte, esa actividad que debe ir “contra el gusto”, ¿está muriendo de corrección política, contento con denunciar y quedar bien antes que con problematizar e incomodar? ¿O está, al contrario, yendo el arte contra lo anquilosado, lo monolítico, y es eso lo que molesta de este momento de las industrias culturales que se cansaron de hacer la vista gorda a los problemas endémicos de representación y participación de las “minorías” en el cine y las series?

Estas son las dos propuestas que se esgrimen en la arena tuitera: posturas contrapuestas que no sorprenden en estos tiempos en que los enunciados más extremos, que invitan a la polémica, al odio y a la acusación, son los que consiguen sobresalir a fuerza de likes y retuits entre el abrumador ruido del contenido infinito de las redes 2.0. Y que ofrecen discursos cómodos, por cerrados, por definitivos, en lugar de dialogar.

Está claro, por un lado, que las representaciones en el cine y la televisión importan: las pantallas son, cada vez más, parte integral de la educación de la población, y la ausencia de ciertos colores o la reducción de ciertas culturas a estereotipos colabora con el clima de intolerancia actual que habitamos en el mundo. Pero argumentar que estas censuras sutiles no son la solución no se trata de subestimar el impacto de las representaciones audiovisuales sobre los espectadores y su representación del mundo, sino de no subestimar la capacidad de discernimiento del público, o su formación como espectadores sofisticados. “Prohibir una película prohíbe también la crítica a esa película”, escribió esta semana el crítico Diego Trerotola.

En lugar de imaginar un público capaz de resistir, de educarse, la industria ha salido a hacer un “mea culpa” desesperado, a rasgarse las vestiduras por sus pecados del pasado. “Fue un terrible error racista”, dijo el creador de “BoJack Horseman” sobre no tener guionistas vietnamitas para escribir al personaje de Diane Nguyen, escritora de origen vietnamita (pero estadounidense). Entonces, ¿los personajes solo pueden ser escritos por quienes compartan su origen? ¿Los actores solo pueden interpretar personajes que sean idénticos a ellos? ¿Idénticos, además, en qué sentido? Mientras “Los Simpsons” cambiaron su elenco de actores de voz para respetar estas nuevas ideas, la voz de Bart la realiza hace 30 años Nancy Cartwright: ¿qué sabe una mujer de ser un niño varón?

Más preguntas: ¿por qué (como ya problematizó otra comedia, “Tropic Thunder”, que llamaron a cancelar... por su “blackface”) se sigue premiando a los actores que interpretan a personas con discapacidad y nadie dice nada? ¿No tendrían que retirar “Community” entera del catálogo porque Abed no es interpretado por un chico autista?

Es que quizás el problema no sea de estos casos puntuales, sino, en todo caso, de que estructuralmente hay pocos vietnamitas, mujeres, negros, personas con discapacidad, escribiendo y actuando en la tevé estadounidense, parte de una postergación histórica de las “minorías” que excede la industria y es, desde ya, política. No se trata tanto de que para escribir cada nacionalidad se precise a esa nacionalidad en el salón de guionistas, sino de que los guionistas de esas minorías encuentren espacios. Además, agregaría, que también se les permita escribir e interpretar sobre otras etnias, otras realidades ajenas a la propia, como ha hecho todo escritor y actor de ficción desde el principio de los tiempos.

Es decir, quizás hacen falta menos “arrepentidos” y posturas “pour la galerie” y más políticas profundas. Pero en la industria actual queda mejor denunciar que analizar: somos parte de una cultura sentenciosa, que a causa de la inundación audiovisual parece desesperada por catalogar, determinar si algo es “bueno” o “malo”. Las cosas, sin embargo, suelen ser más que una sola cosa.

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