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Jorge Colina
eleconomista.com.ar
El rechazo y el conflicto que los argentinos tienen con el impuesto a las Ganancias sobre el salario se originó hace dos décadas (a partir de 2002) y explotó hace una década (en 2012). La historia es así.
Aplicado sobre los salarios siempre estuvo, lo que pasa es que se aplicaba sobre una minoría (5 por ciento) de los trabajadores con salarios muy altos que, en general, eran los de los ejecutivos y los profesionales de empresas. Además, en la década de los ‘90 no había inflación con lo cual el salario nominal no subía. Entonces, esta minoría marginal de asalariados que pagaba impuesto a las Ganancias lo hacía siempre más o menos lo mismo, con lo cual lo tenía internalizado. Además, como eran una minoría pequeña sus quejas no tenían el menor eco.
Pero en 2002 volvió la inflación y los parámetros del impuesto a las Ganancias no se actualizaron en consonancia con ella. En particular, se dejaron fijos los mínimos no imponibles y los montos de salario entre los cuales la alícuota del impuesto sube. Con la inflación, los salarios nominales comenzaron a crecer, y fuerte, gracias a la gran bonanza internacional del 2004-2012 y el restablecimiento de las paritarias centralizadas promovidas desde el propio Ministerio de Trabajo para que los salarios de convenio acompañen la inflación.
Aquí es cuando empiezan a pagar Ganancias los camioneros, los operarios calificados y los empleados no tan calificados que hacían muchas horas extras. Pero como la economía crecía, el salario real crecía y, si bien había disconformidad, se toleraba.
En el 2012 la gran bonanza se esfuma y la economía se estanca. La inflación se queda muy alta (20 por ciento-30 por ciento anual) y el salario real deja de crecer, con lo cual el peso del impuesto a las Ganancias por falta de actualización, o actualización insuficiente, dejó de ser tolerable y comenzó a generar irritación y conflictividad laboral. Tanto es así que en el 2015 era común escuchar en las mesas familiares y charlas de café a gente que simpatizaba con el kirchnerismo decir (medio en broma, medio en serio) que votarían por Mauricio Macri que prometía bajar el impuesto a las Ganancias.
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El cuarto es oscuro, así que nunca se sabrá cuánto hubo de broma y cuánto en serio. Pero, lo cierto es que una de las primeras medidas de Cambiemos fue subir los parámetros del impuesto a las Ganancias y estableció que se ajustarla automáticamente con la inflación como para dar garantías de que el despojo por falta de actualización se terminaría.
El despojo volvió porque en 2018 y 2019 la inflación fue fuerte y, si bien los parámetros de ganancias se actualizaban, lo hacían una vez al año. El actual Gobierno vino a remedar esta situación y lo hizo de la peor manera: no actualizó los parámetros sino que estableció que los asalariados que ganen menos de un monto (hoy son $330.000) directamente que no paguen el impuesto. Per como este “beneficio” se dio solo a los asalariados, los cuentapropistas inscriptos en autónomos pagan muchísimo impuesto a las Ganancias porque los parámetros están desactualizados.
El paroxismo se dio este año en la discusión por el Presupuesto 2023. En lugar de discutir los grandes proyectos que traerán la gloria a la nación Argentina, se peleaban entre todos para ver quién no pagaba el impuesto a las Ganancias.
Así las cosas, uno llega a preguntarse: “Bueno, ¿pero cuánto se paga de Ganancias personales en Argentina?”: el 2 por ciento del PBI. En Brasil se paga el 3 por ciento del PBI. En Uruguay, el 4 por ciento. En los países desarrollados (OCDE) se paga el 8 por ciento. O sea, en nuestro país se paga poco y se reniega mucho.
Es difícil saber si este es el motivo, pero seguro que el nombre no ayuda: “Impuesto a las Ganancias”. Claro, esto genera la natural reacción: “¡El salario no es ganancia!”.
Y razón tiene el que dice esto. Porque uno entiende al ingreso social conformado por el salario y la ganancia.
El problema es que se le llama mal a las cosas. Lo que aquí se le llama “impuesto a las Ganancias” en todo el mundo se le llama “impuesto a los ingresos”. De hecho, en países de habla no hispana se llama “income tax”.
Argentina debe eliminar el “impuesto a las Ganancias”. Y también los aportes personales a la seguridad social de Anses y PAMI. Y ya que estamos, el Monotributo también. Listo.
En el lugar de estos 3 impuestos (eliminados) crear un único “Impuesto a los Ingresos” (sería asimilable al “income tax”) que lo tengan que pagar todos los ciudadanos sin distinción de región geográfica, sector de actividad o tipo de ocupación.
Debería tener un mínimo no imponible bajo (podría ser el Salario Mínimo, Vital y Móvil), igual para todos los ciudadanos y con alícuotas que vayan creciendo progresivamente con el nivel de ingreso. Así es en los países desarrollados donde el Estado recauda 8 por ciento del PBI con el impuesto a los ingresos y no hay tanta irritación, como en Argentina, donde hasta define elecciones.
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