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La Ciudad |Estrés laboral

Trabajos que generan insatisfacción y las experiencias en La Plata

Un estudio de Harvard reveló que los empleos más solitarios suelen ser los peores, pero no todos están de acuerdo con eso. Hablamos con jóvenes de la Ciudad que deben lidiar con muchas personas por mucho tiempo y con otros que pasan días sin interactuar con nadie

Trabajos que generan insatisfacción y las experiencias en La Plata

Valentín. Reconoce que su trabajo es sedentario, pero corta la rutina paseando a su perro

Alejandra Castillo

Alejandra Castillo
acastillo@eldia.com

10 de Diciembre de 2023 | 03:28
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Un estudio de la Universidad de Harvard reveló que los trabajos con menor interacción humana y pocas chances de construir relaciones significativas con colegas generan los niveles más altos de infelicidad entre los empleados.

En un país como el nuestro, donde se supone que las dificultades en materia de empleo tienen más que ver con su falta, informalidad o retribución magra, la insatisfacción por cuestiones personales parecería ser el menor de los problemas. Sin embargo, quienes la padecen dan fe de que no es así.

“La soledad es uno de los factores de mayor insatisfacción, cuando se habla de medicina laboral y del trabajo como fuente de estrés”, explica el médico especialista en Neuropsiquiatría Diego Sarasola. Y detalla que hay “una serie de condiciones clásicas que son los terrenos abonados para el burnout o riesgo de sobrecarga laboral extrema: la soledad en el trabajo es uno de esos factores porque está demostrado que la socialización baja el nivel de estrés”.

El dato es importante si se tiene en cuenta que el 94% de 1.549 argentinos consultados este año por el sitio de búsqueda laboral Bumeran, aseguró sentir alguno o varios síntomas de burnout, como se llama al síndrome de “no poder más”.

El informe que puso el foco en la “infelicidad laboral” se basó en registros de salud recolectados desde 1983 y en entrevistas bienales a más de 700 personas de todo el mundo, que indican que la clave para una vida más feliz y saludable no está directamente ligada con el dinero, el éxito profesional o los hábitos saludables, sino en “las relaciones positivas”. Y la soledad en el trabajo afecta a muchos empleos, como choferes de camiones, servicios de entregas nocturnas, servicios de venta online y hasta programadores muy jóvenes que cobran excelentes salarios.

Valentín (23), por ejemplo, trabaja desde hace dos años para una empresa argentina que presta servicios de desarrollo de software para otra firma en el exterior. Lo hace desde su casa, ocho horas por día. “Es un trabajo bastante solitario”, reconoce, “la única interacción que a veces tengo en una semana son las videollamadas diarias”, sin contactos personales.

Aunque no sale de su casa y el living es su oficina, Valentín cumple horarios fijos y objetivos que le proponen con un plazo de entrega. “Es parte de la rutina, y todo depende de cómo me siento. Hay días en que puedo pensar que es un problema, o no. Hay momentos en los que quizás digo que me vendría bien interaccionar con más personas a diario y otros en los que creo no está tan mal, porque me siento cómodo y a gusto. Te adaptás a las circunstancias”, reflexiona.

A la hora del balance, considera Valentín que juegan a favor de este empleo el hecho de poder tomarse “descansos y tener más libertad” y, en contra, “la presión de no poder desconectar”, ya que “la computadora es mi trabajo y está en mi casa”, o consumir “comida chatarra por delivery”. Mirando de cerca la balanza, se declara conforme: “No quiero que cambie, por lo menos por ahora”, dice.

Pero no todo es encierro y sedentarismo en su vida laboral. Valentín tiene novia, amigos y vive con su perrito mestizo Rubí, que lo “obliga a salir de casa; lo paseo todos los días y eso me ayuda a liberar tensiones”.

Según el estudio de Harvard, incluso trabajadores de ámbitos más sociales pueden sentirse aislados si carecen de interacciones significativas y positivas. Estos hallazgos coinciden con investigaciones recientes citadas por CNBC, que asocian la soledad con un incremento en el riesgo de muerte, comparable al tabaquismo, la obesidad y la inactividad física.

Sarasola rescata que hay muchos recursos que sirven para darle pelea al estrés laboral. El más importante es el descanso, algo que no debería resultarnos tan difícil de lograr, si no fuera por los “hábitos nocivos” que forman parte de nuestra rutina cotidiana. “El más clásico –dice el psiquiatra- es el celular en la cama, por el tipo de luz que emite y la atención e interacción que demanda”. Cita también el abuso de las plataformas de streaming que explotó hace poco más tres años, en detrimento de la lectura.

También pueden combatir este tipo de estrés “una dieta saludable, la actividad física planeada y resguardar un espacio para el placer, como hacer cosas que nos agraden o que sean lúdicas”, dice el psiquiatra. Reivindicar, en definitiva, el concepto de ocio en favor de la salud mental. Y, en casos más graves, consultar con un especialista.

FOBIA AL TELÉFONO

Robert Waldinger, profesor de psiquiatría de la Facultad de Medicina de Harvard y director del Estudio Harvard sobre el Desarrollo Adulto, señaló en una entrevista que los trabajos de atención al cliente son muy difíciles: “Sabemos que las personas que trabajan en centros de atención telefónica suelen estar muy estresadas por su trabajo, sobre todo porque están todo el día al teléfono con gente frustrada e impaciente”, explicó.

Si lo sabrá María, una joven de 30 años que ya “odiaba el teléfono” hace casi una década, cuando consiguió trabajo en ARBA y le comunicaron que era para el call center. “Casi me muero”, reconoce, sobre todo porque debía atender las demandas de los usuarios de un ente recaudador. “No es un servicio como internet, que lo pagás y lo ves; son impuestos y tenés que trasladarle a la gente información que muchas veces es horrible o darle montos que son imposibles de pagar, porque vos estás en la misma situación y el otro no comprende que no sos parte de eso”, revela.

Encima, debía resolver las consultas rápidamente y de manera satisfactoria, ya que sus empleadores controlaban el tiempo de las llamadas y la calidad de las respuestas, en virtud de la calificación del usuario en las encuestas. “Es un servicio que tiene que ser de calidad, rápido y encima que no te afecte”, resume María.

En aquel momento “prepandemia” trabajaban en el servicio unas 30 personas. A partir del 2020 “cambiaron un poco las cosas”, dice la joven, aludiendo a que las consultas se “mudaron” de la línea telefónica al chat de las redes. “Ahí bajó mucho la tensión. Si bien los insultos seguían por escrito, no son iguales al bombardeo por teléfono”.

En sus años de trabajo en el organismo María también atendió público presencial, lo que la obligó a interactuar con “gente agresiva, borracha o que estuvo a punto de escupirme, así como también con otra muy divina o que caía con facturas”, recuerda. Como sea, ahora trata de “evitar la atención al público”. Y no es la única “secuela” que le dejó esa experiencia laboral de 6 horas diarias, con recreos de 10 minutos por hora: “Perdí audición en un oído, tuve problemas de voz, dolores de cabeza constantes, de espalda” y desarrolló “fobias” al timbre, al teléfono y a los mensajes de audio.

“Por más que estés canchero en la resolución, ya no te afecte tanto o manejes mejor los tiempos, a la larga te hace mal. Son trabajos en los que no se puede estar por muchos años; por eso me di cuenta de que me tenía que ir, no podía seguir escuchando insultos ni peleándome con la gente. Nadie puede decirte cualquier barbaridad porque necesite información y la terapia me ayudó a identificar eso”, confiesa.

Aclaremos que el tratamiento psicológico no se lo costeó su trabajo. “El problema –se ríe- es que todos lo necesitamos, pero algunos lo hacemos por los que no lo hacen”. María, que es profesional universitaria, pudo mantener su empleo, pero en otra área del organismo. Lo que más rescata ahora de aquella experiencia traumática son, justamente, las amistades que ganó. “Son muy fuertes, porque eso es como la guerra. Todos estamos en la misma trinchera y si uno hace mal el trabajo, jode al otro”.

En base a los registros de salud recolectados desde 1983, la universidad de Harvard identificó siete empleos asociados con altos niveles de infelicidad: la entrega de alimentos, la conducción de camiones de larga distancia, trabajos en horarios nocturnos, seguridad privada, atención al cliente, comerciantes y trabajos remotos.

“CUANDO SALGO NO QUIERO HABLAR CON NADIE”

El aislamiento por la pandemia de COVID-19 disparó la popularidad de ocupaciones como las de delivery, mientras que el teletrabajo también disminuyó la interacción social diaria. En contrapunto, las oportunidades de conexión en el ambiente laboral son herramientas fundamentales para combatir la soledad y la insatisfacción. Según el estudio, contar con un amigo cercano en el trabajo no solo mejora la productividad, sino que también incrementa el compromiso con las tareas.

“Hay que tratar de promover el intercambio en los espacios comunes, con cierto nivel de recreación o de distensión, así como favorecer la existencia de lugares donde las personas puedan expresarse”, recomienda el psiquiatra Diego Sarasola, resaltando que “el tabicado, donde cada uno está mirando su computadora y nada más, no favorece a nadie”.

Sin embargo, no siempre ocurre que las relaciones con los pares mejoren las horas de trabajo o alivien la interacción con los clientes. Cecilia (24), que trabaja en una cafetería y heladería de La Plata desde hace 7 años, cuenta que “las relaciones con los clientes nunca fueron un problema, aunque este último tiempo la gente esté más irascible y menos respetuosa”. Siente que puede lidiar con eso. Tampoco cuestiona el sueldo, sino que “le cambien “el horario y puesto de trabajo” a cada rato -sin compensación alguna- y las relaciones con sus compañeros: “Algunos son agresivos e incluso violentos y el encargado no hace nada para detenerlos. Es más, suele defenderlos frente a nuestras quejas”. Admite que le gustaría cambiar de trabajo, pero que “en este momento lo poco que hay es todavía peor”

Agustín, de 23 años, relata que la pasó “muy mal” en su trabajo como repositor de un supermercado chino, no por la clientela, sino por los encargados. Expresó sus diferencias. Y lo echaron. Desde hace poco más de un mes trabaja en una boutique de bebidas. Dice que disfruta “bastante” atendiendo público y se siente cómodo en el respaldo que percibe de sus empleadores, aunque reconoce que después de tantas horas de interactuar con personas “cuando salgo no tengo ganas de hablar con nadie. Soy una persona introvertida, que necesita tiempo para estar solo y recargar energías”.

Sol, de 25 años, es encargada en la sucursal de un conocido local de gastronomía en La Plata, en la que se ocupa de la producción, personal y, en ciertas ocasiones, de atender al público o mediar ante un eventual conflicto. “Me gusta, pero a veces la gente es un poco difícil”, indica, sin pasar por alto que también debe lidiar con “compañeros y jefes”. En los días difíciles fantasea con la idea de conseguir un empleo “más tranqui, en el que no tenga que trabajar con tanta gente; en una oficina o algo así”.

¿Cómo controla el estrés? “Tomándome un momento para mí, respirando profundo y entendiendo que si un cliente te habla mal el problema suele ser consigo mismo y no con vos. Después, hay que seguir como si nada”. Refiere que en “gastronomía hay mucha competencia y algunos empleadores sacan provecho de eso” con, entre otras cosas, “retribuciones especiales” que complican la interacción entre los empleados. Lo que rescata la joven de su experiencia laboral en comercios es que aprendió a quitarse los problemas del trabajo antes de volver a su casa; como si fuera un uniforme: “Antes me los llevaba conmigo. Ahora desconecto”.

Giuliana Cortondo (22) es una estudiante universitaria de Bolívar que trabaja durante los fines de semana en un boliche de La Plata y lo mismo hace en su ciudad natal, cada vez que vuelve a visitar a su familia. Elige ese tipo de empleos por la flexibilidad de horarios y asistencia, cuestiones que prioriza para estar al día con la facultad. Además, le gusta la relación con sus compañeros, que califica de “muy buena”, en tanto que el contacto con la clientela suele complicarse “porque puede estar alcoholizada. Pero también hay un montón de gente hermosa; la interacción es mucha y todo el tiempo. El compañerismo definitivamente mejora todo, siempre, y por eso hice amigos en el ámbito laboral”, cierra.

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