Qué hay detrás de la operación de EE UU e Israel contra Irán
| 28 de Febrero de 2026 | 15:07
El estallido comenzó con protestas económicas a fines de diciembre en Teherán. Lo que parecía una manifestación contra la inflación y el deterioro social se transformó rápidamente en un movimiento que desafió directamente al poder de la república islámica.
La respuesta fue brutal. Organizaciones de derechos humanos denunciaron miles de muertos y decenas de miles de detenidos. Washington habló de 32.000 víctimas. Teherán reconoció una cifra mucho menor y acusó a Estados Unidos e Israel de haber fomentado disturbios “terroristas”.
Pero más allá de las cifras —imposibles de verificar con precisión— la represión se convirtió en el argumento político perfecto. El presidente estadounidense prometió que “la ayuda está en camino” y ordenó el mayor despliegue militar en décadas en la región.
Para muchos analistas, ese fue el punto de inflexión: la crisis interna iraní ofreció la ventana estratégica que Washington y Tel Aviv esperaban.
El verdadero núcleo: el programa nuclear
Aunque la Casa Blanca puso el foco inicial en los derechos humanos, rápidamente el eje cambió. El tema de fondo volvió a ser el mismo que tensa la relación desde hace años: el programa nuclear iraní.
Estados Unidos exige una prohibición total del enriquecimiento de uranio, incluso con fines civiles. Irán sostiene que su programa es pacífico, pero enriquece uranio al 60%, un nivel que enciende todas las alarmas en Occidente por su proximidad al umbral militar.
Las negociaciones indirectas en Ginebra terminaron sin acuerdo. Washington quiso ampliar la agenda. Teherán habló de “excesivas demandas”.
En su discurso ante el Congreso, el presidente estadounidense habló de “siniestras ambiciones nucleares” y advirtió que Irán estaría desarrollando armas capaces de alcanzar territorio norteamericano.
Detrás del ataque hay un mensaje claro: si la diplomacia no frena el avance nuclear, lo harán las bombas.
Misiles: la amenaza que Israel no está dispuesto a tolerar
El otro gran punto de choque es el arsenal balístico iraní. Misiles de corto y medio alcance que, según Israel, representan una amenaza directa e inmediata.
Washington denunció que Teherán desarrolla misiles capaces de impactar en Europa y en bases militares estadounidenses en el extranjero. Incluso insinuó que el régimen podría estar trabajando en sistemas de mayor alcance.
Irán se negó tajantemente a negociar sobre este punto. Argumenta que se trata de su derecho a la autodefensa.
Pero para Israel, el cálculo es distinto: permitir que Irán combine capacidad nuclear con misiles de precisión sería cruzar una línea roja histórica.
El “eje de resistencia”: la red que incomoda a Occidente
Más allá del programa nuclear y los misiles, hay otro objetivo estratégico: desmantelar la red de aliados regionales que Irán financia y arma.
Hezbolá en Líbano. Hamás en Gaza. Los hutíes en Yemen. Milicias en Irak y Siria.
Estados Unidos e Israel acusan a Teherán de utilizar estas organizaciones como brazos armados para expandir su influencia y desestabilizar la región.
La Casa Blanca habló de “terrorismo masivo” y prometió que los aliados del régimen “ya no podrán atacar a nuestras fuerzas ni desestabilizar el mundo”.
El ataque, entonces, no sería solo contra instalaciones militares o nucleares: sería un intento de golpear la arquitectura completa del poder iraní en Medio Oriente.
¿Cambio de régimen o reequilibrio regional?
Aunque oficialmente no se habla de derrocar al gobierno iraní, la combinación de presión militar, sanciones, aislamiento diplomático y los ataques hacia los principales referentes del régimen alimentan esa idea.
Para Washington y Tel Aviv, el objetivo declarado es impedir que Irán se convierta en una potencia nuclear y frenar su expansión regional.
Para Teherán, en cambio, se trata de un intento de asfixiar al régimen y alterar el equilibrio de poder.
En el fondo, el ataque no solo responde a la represión ni a una ronda fallida de negociaciones. Es parte de una disputa mucho mayor: quién controla el tablero estratégico de Medio Oriente en la próxima década. Y esa partida recién empieza.
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