Democracia y economía: el consenso político como base para crecer
Edición Impresa | 24 de Marzo de 2026 | 02:01
Es una excesiva simplificación fijar una fecha como el final o el principio de un proceso histórico, social, económico o político. Sin embargo, es posible aceptar que el 24 de marzo de 1976 es la culminación de las campañas realizadas por destacados miembros de las elites argentinas, incluyendo intelectuales de izquierda y derecha, que consideraban a la democracia como un sistema ineficiente para transformar la economía o superar las injusticias sociales.
Esa idea repetida incansablemente durante décadas generó confusiones desde un principio. En 1930 el golpe de Estado que derrocó a Hipólito Yrigoyen fue celebrado por estudiantes y dirigentes de izquierda en los jardines de la universidad local, mientras a 30 metros en el Jockey Club se celebraba... la caída del gobierno constitucional. Esas circunstancias se repitieron en los golpes del ´55 contra Juan Domingo Perón, contra Arturo Frondizi en 1962, Arturo Illia en el ´66 e Isabel Martínez diez años después.
Estaban los que proponían la revolución para imponer la “dictadura de proletarios” que construiría la nueva sociedad. A ellos se oponen factores de poder que destacaban los valores del corporativismo. Pocos días después del golpe que los llevó al poder, en el ´66, el diario publicó una editorial calificando a ese sistema como “propio del medioevo” (ver pág 2).
Se había llegado al extremo de que ni siquiera se discutían los valores de la democracia. Tanto la izquierda como la derecha partían de un economicismo según el cual si se alcanza el bienestar del pueblo, no habrá disconformes. La realidad ha demostrado todo lo contrario.
EL EJEMPLO EN LOS VECINOS
El crecimiento económico de Chile y Uruguay, por ejemplo, se ha logrado por la plena vigencia de las normas constitucionales y la alternancia de poder de partidos de orientaciones contradictorias no impidió que en los últimos años tuvieran notables progresos en lo económico y en el bienestar de la población. Más aún en Chile; el cobre ya no es el principal generador de recursos. Y Uruguay ha logrado que el 98 por ciento de la electricidad que consume provenga de recursos renovables. Para eso se necesitaron inversiones y planes a largo plazo respetados por los sucesivos gobiernos de distintos partidos.
El expresidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso formado intelectualmente en institutos con notorias influencias de la teoría del marxismo tuvo que exiliarse durante largos periodos mientras Brasil fue gobernado por una dictadura entre 1964 y 1985. Había estudiado la vida en la pobreza y la discriminación de los descendientes de africanos en Brasil. En un reportaje en donde describió su evolución en el plano de las ideas, afirmó que él no abandonó el pensamiento socialista-nacional-estatista porque se acercó al liberalismo por la eficacia o ineficacia de esa política. Sino que simplemente valoró que la concentración de poder que producían los estatistas se convertía en un impedimento para el desarrollo de la democracia.
LA POLÍTICA Y LA ECONOMÍA
Muy criticado por muchos de sus antiguos compañeros de estudios se sumergió en la política partidaria. En 1992 fue designado como Ministro de Relaciones Exteriores, un año después ocupó el Ministerio de Hacienda y en 1995 asumió la presidencia que ejerció hasta el 2003. Consolidó el plan real, es decir, el cambio de moneda cuando era Ministro de Hacienda para frenar la hiperinflación. Inició un plan basado, según afirmaba, en el pragmatismo pero no intentó siquiera la incorporación de accionistas privados en la empresa petrolera estatal. En ese sentido, afirmó que debe estar sujeta a la competencia de otras. Promovió reformas constitucionales para reestructurar el Estado y fomentar la inversión extranjera. Fue el primer presidente de Brasil en ser reelegido democráticamente.
Y una y otra vez repetía “ no soy liberal ni estatista, soy ante todo admirador de la democracia”. Sin embargo, logró reducir la inflación a un solo dígito en 1996 a pesar de que debió enfrentar varias crisis financieras internacionales que afectaron gravemente a todos los países de América Latina. Pero su afán de insertar a Brasil en la economía mundial motivo de que muchos lo acusaron de “ derechista” sin embargo en las últimas elecciones apoyó la candidatura presidencial de Lula de Silva.
Un proceso similar vivió Chile después de la caída de Pinochet, un pacto donde los grandes partidos el Demócrata de Izquierda y el Socialista que se alternaban el poder y acordaba ciertas políticas de Estado. El ministro de Economía de la presidenta socialista Michelle Bachelet estuvo en diciembre en la Argentina para explicar conclusiones de dos años de trabajo, donde 50 expertos en temas económicos y exfuncionarios de gobierno de diversos signos llegaron a coincidencias que fueron publicadas en varios tomos el año pasado. En Buenos Aires, Andrés Velasco explicó que el punto de partida en el acuerdo fue que no existe una fórmula o esquema único para el desarrollo de los países de Latinoamérica. Y para el desarrollo económico era necesario el consenso posible en las democracias ya que la economía depende de decisiones políticas, de que objeta algunas medidas en el campo económico pero sosteniendo que la concentración de poder que propone Jair Bolsonaro era más que peligrosa.
EL CRECIMIENTO DEL PBI
Chile y Uruguay después de las dictaduras evolucionaron a través de la convivencia de acuerdo de los principales partidos para establecer políticas de Estado. Esas coincidencias permitieron que, por ejemplo, en los últimos 10 años el Producto Bruto Interno per cápita de ambas naciones creciera mientras el de la Argentina se estancaba.
Volviendo a Velasco, el chileno explicó que el crecimiento no es una meta en sí misma sino que debe ser parte de un plan en que se valorice especialmente la equidad, el respeto y la cohesión social, necesarios para enfrentar los enormes desafíos de hoy, como el cambio climático, y la imprescindible necesidad de incorporar tecnología en países con escaso capital.
La vigencia del sistema democrático permitió superar importantes problemas. Chile, por ejemplo, en la actualidad tiene un PBI per cápita mayor que el de la Argentina a pesar de los recursos naturales de nuestro país.
Velasco, finalmente sostuvo que la discusión no es entre izquierda y derecha sino entre democráticos y autoritarios y subrayó que el “populismo es un peligro” para la convivencia pacífica que procure alternancia en el poder, que solo garantizan los regímenes constitucionales.
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