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Gimnasia no jugó nada bien ante newell´s, pero el valor del triunfo conseguido está por encima de todo

Un grito visceral para generar el desahogo en un momento crítico

El Lobo sumó tres puntos que lo dejan virtualmente alejado de toda chance de perder la categoría. Por eso el gol de Tijanovich estremeció a un Bosque que llegó al delirio absoluto. Los cambios, la clave para romper el cero

el preciso instante en que horacio tijanovich remata a la portería de newell´s. fue el grito que lo cambió todo en el bosque / dolores ripoll

Nicolás Nardini

nnardini@eldia.com

El grito colectivo fue ensordecedor. Miles de gargantas al unísono le pusieron sonido al instante final de un partido que será recordado por lo épico, lo agónico, lo dramático. Por todo ello menos por el juego del equipo mens sana ¿A alguien le importó el juego anoche, en medio de las lágrimas de emoción y desahogo por la salvación virtualmente conseguida por los albiazules tras una temporada angustiante en los promedios? Seguramente que no, pues la emoción que abrazó a los triperos en un viernes que se cerró con un estallido estremecedor en el Bosque superó todo, llevó a los hinchas locales hasta el paroxismo porque ese alarido envolvía la furia contenida tras tantos meses de lucha en la tabla más dolorosa y pesada del fútbol argentino: la de los Promedios.

El zurdazo de Tijanovich en el minuto 48 de la parte final, cuando la desazón se había apoderado de buena parte de los presentes en el Bosque, rompió con todo. Incluso con al línea de análisis, que debe ser severo, a no dudarlo, pero resulta imposible que no esté impregnado de lo que pasó en ese instante que desató el éxtasis absoluto en un triperío que se fue cantando por las diagonales y las calles que contornan al estadio mens sana, empujados por una emoción que llevaba mucho de nervios y preocupación contenida a lo largo de una temporada en la que al equipo no le salió casi nada en la Superliga. Y que tampoco pudo iluminar con la obtención de la Copa Argentina en una consagración que se fue para Rosario.

Los triperos llevaban una carga muy grande sobre sus espaldas y la soltaron estirando la “o” de ese grito de gol que se hizo esperar 93 minutos, para ponerle una cuota extra de dramatismo a una noche de esas especiales, que se recordarán por años. Cuando todo tomaba un color oscuro, apareció la luz en un Bosque que pasó de las penumbras al griterío más feliz.

antes del estallido hubo un partido que sólo dejó preocupación

Si la noche de Gimnasia empieza a explicarse desde lo significativo que resultaron los tres puntos que se cargó en su bolso, resulta al mismo tiempo imperioso no soslayar todo lo malo que ocurrió antes para que la definición resultase inexorablemente agónica. Es que el Lobo erró los caminos desde el comienzo y casi hasta el final, a excepción de ese lapso -casi en el epílogo- en que la dinámica, por fin, le ganó la pulseada a la indolencia.

El planteo inicial de Gimnasia no salió. Ortíz apostó por un módulo táctico 4-1-3-2 con el que el Lobo jamás logró hacer pie. Porque en la zona media Newell´s le ganó el duelo y, para peor, las segundas pelotas (aquellas desde las que se puede iniciar un ataque o una transición cuando el volumen de juego es escaso) también fueron siempre de los rosarinos.

No se terminó de entender la ubicación de Mansilla volcado al centro del campo y Mussis a la orilla, porque el primero estuvo errático y encerrado en ese sector, mientras que el segundo no tiene el recorrido por plantarse en la banda. De hecho, las mejores apariciones del “Gordo”, aunque esporádicas, fueron en asociación por la zona medular del campo.

Sin iniciativa, el equipo llegó a exasperar a sus hinchas

Quizás el mayor pecado del Lobo en una noche que terminó bien pero empezó y prosiguió muy mal para el elenco albiazul fue la falta de convicción a la hora de tomar el control del juego.

Si entendemos por ello la tenencia de la pelota y el adelantamiento en el campo, el Lobo quedó en deuda en ambos ítems. Pero las deudas futbolísticas fueron incluso más allá. Por momentos no se entendió cuál era el plan de juego de Gimnasia. Santiago Silva jamás fijó a los centrales leprosos en su zona, empacado en su afán de tomar contacto con la pelota. El Pelado dejó a Gimnasia sin referencia en el sector donde históricamente más pesó su juego: en el área rival o muy cerca de ella.

Los del Indio tampoco lograron lastimas a lo largo de los primeros 70 minutos de juego por los costados, a la vez que carecieron de juego asociado o triangulaciones que pudieran derivar en pases filtrados. 

La emoción dominó la escena final en un Bosque extasiado. Pero nada tapó la ausencia de juego

Sólo los minutos finales a partir de los cambios en Lobo mostró que podía producir cosas interesantes arriba. Una vez más quedó demostrado que Vargas es el socio ideal para su coterráneo Hurtado, que Tijanovich es el hombre con más dinámica e ida y vuelta del plantel y que el chico Chávez, si no corre con el peso de tener que resolver por sí mismo todos los males del equipo, también empieza a aportar cosas interesantes.

Esa frescura final, con Hurtado luchando contra todos, más los "ligeritos" procurando romper por las bandas, fue la que le permitió a gimnasia sumar de a tres. Tijanovich abrió en tiempo añadido lo que había estado cerrado por más de 90 minutos.

Fue un quiebre emocional en una noche en la que el Bosque pasó por todos los estados de ánimo, nerviosismo, ansiedad, bronca, desazón y por último eforia, un estado alterado que se adueña de todo y de todos hasta el final. Gimnasia logró el objetivo. Sumó de a tres y está ya virtualmente alejado de todo riesgo en esta temporada. Pero ahora empieza otra lucha, quizás, más dura que la que acaba de librar: la de encontrar un equipo confiable para afrontar otro año de superliga con la soga al cuello en los promedios. Sin tiempo que perder ya debe mirar un poco más allá y empezar a forjar su propio destino. 

 

 

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