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En el final el pueblo tripero tuvo su recompensa

Ahora es el arco del triunfo

En 2005 con un bombazo de Licht ante Newell’s el Lobo de Troglio se salvaba del descenso. Ahora fue Tijanovich ante la Lepra quien hizo delirar a la gente en el mismo arco

con el partido empezado llegaron muchos hinchas / dolores ripoll

la montaña humana de los jugadores en el banco. el desahogo de los hinchas, que desataron la locura total en las tribunas / dolores ripoll

el abrazo final tras tanto nervio contenido. alegría / dolores ripoll

Walter Epíscopo

wepiscopo@eldia.com

Había que ir a ver qué pasaba con un equipo que venía de perder el clásico y con tres bajas importantes. El viernes destemplado, fresco, con alguna llovizna y en pleno atardecer que encontraba a la gente terminando su jornada, no pintaba como un buen plan. Pero cuando se acerca la hora de salir, es imposible no agarrar el “uniforme” azul y blanco y peregrinar para el Bosque. Camiseta, buzo, gorro, campera... todo serviría para enfrentar el clima.

El Bosque fue recibiendo a los primeros hinchas que preocupados trataban de hacer cuentas pensando en los otros competidores en esta injusta lucha de una tabla de Promedios.

Paola Morales infaltable junto a su padre Pedro en la cabecera Centenario; Cachi Coacci junto a Diego Montani, Pato Hibieca y su primo Gonza de Tolosa, en la Ochava del Bosque; Carlitos Arturi con amigos en la Techada, el Negro Marcelo Martínez y su hija Rocío infaltables del lado de 60, cerca donde supo estar la vieja chimenea, un sector emblemático del estadio del Bosque.

“Hoy hay que ganar Basurero, hoy hay que ganar...” fue el cántico de entrada. No había lugar para la especulación. Pero el primer tiempo no sería bueno y habría algún que otro silbido.

Alexis Martín Arias junto a Lorenzo Faravelli y Gonzalo Piovi desde la zona de los palcos de prensa tomaban mate y sufrían.

El murmullo y el apuro bajaba desde los cuatro costados. “Movete Gimnasia movete... hoy no podemos perder”, suplicaba el Triperio.

Gimnasia no jugaba bien, Newell’s manejaba la pelota. Esta vez los cambios empujaron al equipo hacia adelante y en el complemento hubo un poco más de entusiasmo general.

El paraguayo Ayala era de lo mejor del equipo del Indio, y de tiro libre estuvo muy cerca. En el primer tiempo el palo le dijo no; en el segundo, el arquero Aguerre la descolgó del ángulo izquierdo. Desde el fondo Coronel mandaba y se imponía.

Pero el destino tendría reservada una alegría grande. En el mismo arco de 60, donde el Bochi Licht la clavó en un ángulo frente a Newell’s para olvidarse del descenso en ese momento, ahora sería el Uru Tijanovich el héroe ante la Lepra rosarina y en ese mismísimo arco... Sí, el “Arco del triunfo” de los triperos.

Era la última, cuando el ruido a red con la pelota embolsándose en el fondo del arco retumbó, explotó el “Juan Carmelo Zerillo”. Fue la última, no habría tiempo para más. El Lobo ganó cuando más lo necesitaba, y el Bosque volvió a ser una fiesta. En buena hora.

La gente pasó de la preocupación a la locura. Se fueron cantando y saltando sin parar

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