Hagan pasillo: Estudiantes, en semifinales
Edición Impresa | 30 de Noviembre de 2025 | 03:41
SGO. DEL ESTERO (Env. Especial)
Por MARTIN CABRERA
Este Estudiantes es cosa seria. Nadie sabe cómo va a terminar la historia, pero ya lo que está escrito quedará para toda la vida. Como muchas veces estuvo en boca de todos y sacó adelante un partido chivo, difícil y complejo. Derrotó 1-0 a Central Córdoba de Santiago del Estero como visitante y se transformó en el primer semifinalista. Y espera, lean bien, por Gimnasia o Barracas. Se metió en la fiesta a la que no estaba invitado y ahora todas las miradas se las lleva.
Ganó porque tuvo temple e inteligencia. Supo aguantar cuando las cosas no funcionaban de la mejor manera. Supo esperar el momento. Y fue fiel a sus principios. Con su receta, con su fórmula llegó al gol a falta de 25 minutos para quedarse con un triunfo épico, otro más, que lo deja en el “pasillo” de los mejores. El final de la historia puede ser inolvidable o un trago amargo. Pero en el peor de los escenarios, ya lo logró, escribió un nuevo capítulo acorde a su historia y no falló nada de nada a lo que pretenden sus hinchas. Estudiantes, otra vez, es semifinalista.
El inicio del partido fue ordinario, por no decir muy malo. Ninguno de los dos equipos quiso asumir el rol de protagonista y se prestaron la pelota y sus propias falencias. No prevaleció nadie aunque las armas quedaron arriba de la mesa: Central Córdoba con juego frontal y el Pincha con tenencia de la pelota pero lentitud para pasar al ataque.
Es verdad que el intenso calor jugó su partido. Era imposible presionar y sostenerlo los 90 minutos, con chances que haya alargue. No se podía respirar en el Madre de Ciudades con los casi 40 grados de térmica. A las 22 horas se tuvo que parar para hidratación.
En ese juego de repartirse la pelota Estudiantes tuvo dos chances claras de gol. La primera de Ascacibar que casi encuentra una segunda pelota tras un tiro de esquina y luego el colombiano Cetré de izquierda al centro con un remate fuerte desde afuera que salvó Aguerre al córner. En ese tiro de esquina quedó mal parado el Pincha y Perelló inició una contra muy peligrosa. Postales de un partido que no arrancaba pero que levemente iba mostrando los caminos a cada uno. El tema era saber quién acertaba una de las pocas chances que iba a tener.
En el segundo tiempo los equipos se empezaron a soltar un poco más. Y el desgaste mostró los primeros furcios en la defensa Pincha que hasta ese momento estuvo sin grietas y muy sólida. Gómez tuvo un partido aparte con Perelló, con más ganadas que perdidas pero algo contenido en ataque. Por izquierda Arzamendia no se soltó nunca. La única chance fue el desequilibrio de Cetré, un pase de Palacios o el mano a mano lento de Medina. Pese a la que empezaban a llegar también mostraba que estaba agazapado para golpear.
La paridad se rompió los 20 minutos por el golazo de Tiago Palacios que apareció por el segundo palo sin marca y mandó al fondo de la red el desborde, centro y asistencia de Edwuin Cetré el jugador más desequilibrante en ofensiva, el que está regresando a su mejor versión en un tramo especial del torneo. Clave en Rosario y determinante anoche para el gol que abrió el partido. Párrafo aparte para Cristian Medina, que recuperó y dio el pase justo al colombiano para la corrida y el centro. El “distinto” que tiene este equipo.
Central Córdoba se fue con todo por el empate. No se guardó nada y en 10 minutos generó más que en el resto del partido con pelota parada, remate desde afuera del área y desbordes por las bandas. Hizo todo y mostró por qué fue uno de los mejores equipos del año, en el plano local e internacional.
Otra vez Domínguez apostó por el recambio para jugar los últimos 20 minutos. En Rosario no le había dado mucho resultado porque coincidieron con los mejores momentos del rival. Acá sucedió lo mismo porque sin Farías, Palacio ni Cetré perdió toda chance de desequilibrar con pelota recuperada. Como en Rosario armó una línea de cinco con Gastón Benedetti de marcador de punta y Arzamendia de central. Esa variante sí que le sirvió. Luego Rodrìguez ingresó por el paraguayo.
El final fue caliente y peleado por igual. El local quemó sus naves y lo hizo transpirar más a un Estudiantes que si bien se fue agrandando nunca tuvo la certeza de tener el partido controlado. Hasta el final mismo de la adición nadie podía atreverse a apostar por el ganador. Nada estaba resuelto. Pero el equipo tuvo tanto amor propio, tanta seguridad y tranquilidad que a esa altura del partido tenía que suceder un error muy grosero o una virtud tremenda del local para romper un 1-0 que estaba rabado en el corazón de todos los pincharratas, que tuvieron una semana de rebeldía y orgullo como en las mejores época. Estudiantes estuvo en boca de todos otra vez y jugó conforme indicaba la instancia. Ganó y ganó para meterse en las semifinales del torneo Clausura. Señor, llegó Estudiantes, hagan pasillo.
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