"Desde La Plata salió tecnología clave para el satélite que irá a la Luna": cuál fue el aporte local a Artemis II
| 17 de Enero de 2026 | 17:09
Desde La Plata hubo un nutrido grupo de 17 personas que participó en el desarrollo de tecnología claves para una de las misiones espaciales más importantes de las últimas décadas. Investigadores, docentes y estudiantes avanzados de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) tuvieron un rol protagónico en la creación del satélite argentino Atenea, que será enviado a la Luna el próximo 6 de febrero, como parte de la misión Artemis II de la NASA, una misión tripulada que marcará el regreso de seres humanos al entorno lunar tras más de 50 años.
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El trabajo fue realizado por dos grupos de la Facultad de Ingeniería: el laboratorio de Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones (SENyT), perteneciente al Departamento de Electrotecnia, y el Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA), del Departamento de Ingeniería Aeroespacial. Ambos equipos desarrollaron componentes centrales del satélite, en articulación con la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y otras instituciones científicas del país.
“Gran parte del satélite se desarrolló dentro de la universidad. La Facultad de Ingeniería de la UNLP fue la institución que mayor aporte hizo al proyecto”, explicó a EL DIA Ramón López La Valle, coordinador del SENyT y profesor de la Facultad de Ingeniería.
Ramón López La Valle, coordinador del SENyT y profesor de Ingeniería
El equipo de científicos profesionales, investigadores de carrera y estudiantes avanzados de Ingeniería UNLP estuvo integrado por 17 personas: Ramón López La Valle, Santiago Rodríguez, Agustín Catellani, Elián Hanisch, Gabriel Vega Leáñez, Francisco Núñez, Ignacio Brittez, Julián Encinas, del grupo de SENyT; Sonia Botta, Frida Alfaro, Joaquín Brohme, Facundo Pasquevich, Erik Molina, Aldana Guilera, Julián Crosta, Gaspar Ramírez y Ezequiel Marranghelli del CTA.
El corazón electrónico del satélite
Desde el SENyT, el equipo platense estuvo a cargo de buena parte de los sistemas críticos del satélite. “Desarrollamos la computadora que irá a bordo, el sistema de comunicaciones, el receptor GNSS que lleva como carga útil, la antena y todo el software asociado a esos sistemas. Es decir, la mayor parte de la electrónica del satélite fue desarrollada por nuestro grupo”, detalló López La Valle.
En paralelo, el CTA asumió la coordinación general del proyecto y la llamada ingeniería de sistemas, una tarea clave que consiste en garantizar que todos los subsistemas funcionen de manera integrada y cumplan con los objetivos de la misión. Además, ese grupo trabajó en la estructura mecánica del satélite y en los ensayos ambientales necesarios para verificar su funcionamiento en condiciones extremas de temperatura.
Ciencia pública y formación de recursos humanos
Uno de los aspectos más destacados del proyecto es la participación de estudiantes avanzados de la Ingeniería en la UNLP. En total, intervinieron alumnos de Ingeniería Electrónica, Ingeniería en Telecomunicaciones e Ingeniería Aeroespacial, en su mayoría a partir de tercer año de la carrera, siempre bajo la supervisión de docentes e investigadores formados.
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“Estos proyectos no solo generan resultados tecnológicos, sino que dejan recursos humanos altamente capacitados. Son experiencias formativas muy valiosas para el futuro”, señaló López La Valle. En conjunto, participaron alrededor de seis estudiantes y una decena de profesionales por cada grupo, en un trabajo intenso que debió realizarse en plazos muy ajustados.
Un desarrollo contrarreloj
El proyecto Atenea comenzó a gestarse hacia fines de 2023, en la etapa de diseño conceptual. La invitación formal a participar de la misión Artemis II fue realizada por la NASA a la CONAE, que luego convocó a los grupos de ingeniería de la UNLP por su capacidad de respuesta rápida. La Facultad ya venía desarrollando un satélite universitario, lo que permitió reutilizar conocimientos, diseños y tecnologías previamente desarrolladas.
De acuerdo a la información que proveyeron desde la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, la financiación del proyecto provino fundamentalmente de la CONAE, mientras que desde la Universidad se colaboró facilitando algunas compras y recursos, pero el financiamiento central fue estatal.
Tras la aceptación de la propuesta argentina presentada por la CONAE, comenzó un proceso de trabajo acelerado que se extendió durante aproximadamente un año y medio. Al tratarse de una misión tripulada, la NASA impuso requisitos técnicos extremadamente estrictos. “Tuvimos que pasar múltiples revisiones y cumplir estándares muy exigentes, porque el satélite no podía representar ningún riesgo para la misión ni para los astronautas”, remarcó López La Valle.
Un esfuerzo colectivo nacional
Además de la UNLP, participaron otras instituciones científicas y universitarias del país. La Universidad Nacional de San Martín aportó una carga útil destinada a estudiar los efectos de la radiación sobre componentes electrónicos. La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) desarrolló los paneles solares del satélite. La Facultad de Ingeniería de la UBA participó de manera más acotada, proveyendo equipamiento vinculado al sistema de baterías. También intervino la empresa VENG, dependiente de la CONAE, y el equipo argentino de radioastronomía colaboró en la medición de las antenas.
El proceso incluyó etapas de integración, en las que todos los sistemas desarrollados por las distintas instituciones se conectaron y probaron en conjunto, hasta llegar a la configuración final de vuelo.
Rumbo a la Luna
El lanzamiento de Artemis II está previsto para el 6 de febrero, desde Cabo Cañaveral, aunque la fecha permanece sujeta a posibles ajustes técnicos. Desde la UNLP no participarán directamente del lanzamiento, pero sí del monitoreo posterior. “Vamos a estar recibiendo y analizando los datos que envíe el satélite a través de las estaciones de la CONAE”, explicó López La Valle.
Para el investigador, el proyecto representa una oportunidad histórica. “Es la primera vez en más de 50 años que una misión tripulada vuelve a la Luna. Que la ciencia pública argentina y las universidades nacionales formen parte de eso es algo que hay que poner en valor”, concluyó.
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