Irán y su poder nuclear: podría fabricar unas 10 bombas

Rafael Grossi, titular del organismo atómico internacional, advirtió que Teherán conserva más de 440 kilos de uranio altamente enriquecido. Inquietud y detalles

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La guerra que desde hace diez días sacude a Irán no solo ha encendido las alarmas geopolíticas en Medio Oriente. También volvió a poner bajo la lupa el programa nuclear de la república islámica. Según el director general de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), el argentino Rafael Grossi, el país persa mantiene reservas de uranio enriquecido suficientes como para fabricar unas diez armas nucleares, pese a los bombardeos lanzados recientemente por Israel y Estados Unidos.

En una entrevista concedida a Radio France Internationale (RFI), el diplomático argentino advirtió que la guerra no ha alterado de forma sustancial la situación del programa nuclear iraní. Antes del inicio de los ataques, Teherán ya contaba con más de 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60 %, una cantidad que, según los cálculos del organismo internacional, podría servir de base para producir una decena de bombas atómicas si se siguiera avanzando en su refinamiento.

La principal inquietud de Grossi es que ese material y las capacidades tecnológicas que lo sustentan continúan existiendo, más allá del conflicto militar en curso. A su juicio, incluso si las hostilidades terminan pronto, la comunidad internacional deberá volver a la mesa de negociaciones para intentar resolver de manera duradera un problema que se arrastra desde hace más de dos décadas.

Respecto del paradero del uranio enriquecido, el jefe del OIEA explicó que existe un amplio consenso en torno a que el material permanece en los mismos lugares donde estaba antes del estallido de la guerra: principalmente en túneles del complejo nuclear de Isfahán y, en parte, en instalaciones del centro de Natanz. Sin embargo, reconoció que la localización exacta y el estado actual de esas reservas siguen siendo interrogantes abiertos.

Grossi también relativizó el impacto que podría tener un eventual ataque directo sobre ese stock. Desde el punto de vista radiológico, sostuvo, las consecuencias serían limitadas y se asemejarían más a una contaminación química que a un desastre nuclear de gran escala. El verdadero riesgo, subrayó, es estratégico y político: la persistencia de una capacidad potencial para desarrollar armamento nuclear.

En cuanto a los daños provocados por los bombardeos recientes, el responsable del organismo internacional confirmó que se registraron ataques en instalaciones nucleares iraníes, particularmente en Isfahán y Natanz. No obstante, señaló que el patrón de esta nueva ofensiva difiere del observado en 2025, cuando los ataques estuvieron claramente dirigidos contra el programa nuclear. En esta ocasión, explicó, los objetivos parecen haber sido más bien políticos e industriales.

CANALES DE COMUNICACIÓN

A pesar del clima de guerra, el OIEA mantiene canales de comunicación con las autoridades iraníes. Sin embargo, Grossi reconoció que en el actual contexto resulta prácticamente imposible hablar de negociaciones formales.

El director del organismo internacional advirtió además sobre un riesgo político interno en Irán: que el conflicto fortalezca a los sectores más radicales del poder. En su opinión, algunos podrían argumentar que, frente a la presión militar externa, la única garantía de seguridad sería desarrollar armas nucleares. Ese escenario, afirmó, es precisamente el que la comunidad internacional debe evitar.

Por ello insistió en que, una vez que la situación lo permita, será imprescindible retomar el diálogo diplomático para impedir que la crisis derive en una nueva carrera nuclear en la región.

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