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Séptimo Día |LOS ESCRITORES Y EL AMOR A ESTOS VEHÍCULOS

“Tener un auto sport clásico es como alcanzar un sueño”

La relación del arte con los autos antiguos. Testimonio de “Coco” Spina, referente de la tenencia de estos maravillosos modelos. Museos como el de Nueva York los incorporan a sus colecciones permanentes

“Tener un auto sport clásico es como alcanzar un sueño”

Spina (EL 1º desde la izq., detrás de la rueda der. del auto), junto a un Morgan Three Wheeler modelo 1933

MARCELO ORTALE
Por MARCELO ORTALE

31 de Agosto de 2025 | 04:51
Edición impresa

Alfredo “Coco” Spina (73) cuenta que a sus 19 años de edad iba caminando por diagonal 74 y de pronto vio pasar un MG TC modelo 1947, que lo dejó impactado: “Me enamoré a primera vista y me dije: ese es mi auto...”. El agua corrió bajo los puentes y finalmente “lo pude comprar, lo disfruté y lo tuve conmigo muchos años. Era un MG igual al que tenía Guillermo Vilas y fue entonces que me hice adicto a los autos sports clásicos”, recuerda ahora mientras comparte una copa de Malbec en el atardecer de City Bell.

El auto como obra de arte. Ese es el concepto que buscará imponer Spina con cualquiera que hable con él sobre este tema. “Todo lo que está vinculado a los autos sports, lo que hacemos, es como estar frente a una obra de arte. Y en mi caso, al restaurarlos, todo lo que consigo será bueno o malo de acuerdo a la calidad o no con que lo hice. Cuando tenés un auto de estos en realidad se trata de algo más: ocurre que lograste alcanzar un sueño...”. Atrás de Spina aparecen autos que le roban los ojos a cualquiera. Morgan, MG, Alfa Romeo, Bugatti, Bédélia, Auto Unión, BMW, Audi, no hay como no maravillarse.

Lo de los autos antiguos como obra de arte –por sus especiales rasgos, por el contenido cultural que reflejan sus diseños, por la belleza de sus pulidas carrocerías- no es metafórico. Ocurre que el Museo de Arte Moderno de Nueva York compró hace poco varios de estos legendarios modelos por considerarlos obras artísticas y los incorporó a su colección permanente. Se está frente a esculturas sobre ruedas.

El movimiento del Art Déco reconoció la estética de estos modelos y también participó diseñándoles distintas piezas. Intelectuales, escritores y artistas de renombre fueron también dueños de estos vehículos.

Bédélia 1913, de los más antiguos. Con ese corrió el Rally Recoleta-Tigre

Spina profundiza su argumentación: “Cada auto de estos refleja además la cultura de una sociedad y en ese sentido son artesanales. Sean ingleses, alemanes, franceses, italianos o estadounidenses, se advierte en ellos la forma de pensar y de sentir de esas sociedades. Ahora, en cambio, la eclosión de industria automovilística eclipsó esos signos. Yo reviso a lo mejor un modelo actual estadounidense, le miro el espejo y veo que dice ‘Made in China’... Y pienso que se acabó el arte”.

Ya arquitecto graduado en la UNLP, casado con Cecilia Yankosky –tienen dos hijos, Pablo y Cecilia, y dos nietos- cuenta que para poder hacer la casa familiar “tuve que vender al MG y convertirlo en ladrillos, pero años después pude comprar, en 1983, un Morgan 1950” que se encargó de restaurar, como hace con todos los modelos, entre ellos un Isetta que le llevó tiempo poner en condiciones.

Son restauraciones que exigen ser perfectas, minuciosas, que duran años, con trabajos de motor que le encarga a mecánicos, mientras él se ocupa de conseguir piezas conectándose con las fábricas en Inglaterra, Francia, Italia o Alemania y a veces demora tres o cuatro años en terminar una restauración. “Contar con los papeles es otra tarea muy compleja”, dice.

Hay autos que hoy brillan y son obras de arte, que fueron rescatados en gallineros o galpones, cubiertos de óxido, casi destruidos, resuenan los nombres de los diseñadores de estas maravillas: Ferdinand Porsche, Pinin Farina, Bugatti, Peter Morgan o Michelotti, entre otros.

La entrevista tiene lugar en un quincho en donde en las distintas repisas y roperos vidriados se pueden ver centenares de maravillosos autos en miniatura –de la desaparecida marca Dinky Toys- folletos originales de las fábricas, manuales de repuestos con traducciones a distintos idiomas, artículos periodísticos. Y también tres maquetas de más de un metro de extensión –convertidas en maravillosas réplicas- del acorazado alemán Bismark, del Titanic y de la nave insignia de la flota japonesa en la Segunda Guerra Mundial, el acorazado Yamato, construidas por Spina y su hijo Pablo.

 

Spina narró que su “adicción” a los autos sports clásicos nació con un MG igual al de Vilas

 

Spina fundó y preside el Club Autos Clásicos Sports de City Bell. Son unos 40 socios y en total cuentan con un centenar de autos maravillosos, entre ellos un Bédélia modelo 1913 (que le pertenece): “Con este participé en la prueba Recoleta-Tigre”, una real pieza de museo con forma que hace recordar a la cabina de un viejo avión y cuyo tanque de nafta sale hacia adelante como un espolón, mientras que se ven los dos alambres que hacen girar las dos ruedas delanteras para doblar. “Este anda a unos 30 kilómetros de velocidad máxima, pero alguno de estos autos llamados antiguos superan largamente los 130 kilómetros por hora y sus motores no hacen ruido. Uno imagina que vuela cuando va manejándolos”.

“Aclaro que algunos socios del club no tienen autos antiguos, se incorporan por el amor que le tienen a estos modelos y por el gran conocimiento del que disponen”, dice Spina

El hombre insiste en marcar diferencias entre los autos “que sirven para transportarte” con los autos sports “que son para disfrutar”. Allí cuenta que su mujer lo acompaña la mayoría de las veces, pero que en oportunidades no puede y entonces elige ir solo. Relata que esposa entonces la suele preguntar : “¿vas solo...? Y yo pienso que el que maneja un auto sport antiguo nunca va solo. Va con todos sus sueños, con sus fantasías, va como volando”.

Antes de partir en otro rally, Spina y su esposa, en un morgan 4/4 1950

LA DIFERENCIA

El auto convencional “sirve para trasladar personas”, pero el modelo antiguo “sirve para disfrutar, para que uno se ocupe de que ese modelo se luzca ante la gente. Hay un momento del viaje, de la excursión que uno hace, en que el ruido del motor desaparece y entonces entrás como en éxtasis”.

Hace pocos días salió a pasear con el Isetta, lo estacionó frente a un bar y vio por la ventana el siguiente espectáculo: “Se pararon a mirarlo 17 personas en cinco minutos. Y dieciséis de ellas empezaron a sacarle fotos. Cuando comprás un auto de estos, hacete de cuenta que compraste un sueño”.

¿Se puede hablar de precios? “Es imposible hablar de precios. Dependen del estado del auto, del costo de la restauración, del tiempo que insumió ponerlo en condiciones...”, dice Spina. Se le pidió una estimación, un promedio, y habló de 100 mil dólares hasta cerca de medio millón de esa moneda. Las variables son propias de un bien artístico, no mecánico.

 

“Cada auto refleja además la cultura de una sociedad y en ese sentido son artesanales”, relata

 

ESCRITORES

Aquí vale recordar que ha sido y es fascinante la relación entre escritores famosos con los autos antiguos. Se puede hablar de Ernest Heminway, Virginia Woolf, Jack Kerouac, Agatha Christiw, Carlos Fuentes, Albert Camus o Scott Fitzgerald, entre muchos otros que disfrutaron con estos vehículos.

Hemingway tuvo varios autos, entre ellos un Chrisler New Yorker convertible de 1955, un modelo de color naranja navajo y arena del desierto que se mencionaba en sus escritos y usaba para ir de su finca cubana a La Habana. Otros autos notables que poseyó incluyen un Rolls Royce Phantom II de 1929, varios Buick y Lincoln, y un Plymouth descapotable amarillo. Kerouac viajó por todo Estados Unidos con un viajo modelo de Ford Taunus.

El novelista mexicano Carlos Fuentes se movió durante años con un Ford T, modelo 1917. Ese auto que le pertenecía aparece en la película “Gringo Viejo” basada en su novela. A su vez, el francés Albert Camus tuvo un lujoso auto francés, un Facel Vega, con un motor V8 Chrisler potente con el cual se mató en un accidente.

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