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Nunca es tarde para aprender a tocar un instrumento: un desafío para adultos

La enseñanza en la adultez está atravesada por prejuicios, expectativas y emociones, pero músicos y alumnos coinciden en que esta experiencia merece las frustraciones y alegrías propias del camino

Nunca es tarde para aprender a tocar un instrumento: un desafío para adultos

“Cancionistxs” de La Plata en una presentación que hicieron en Luján

31 de Agosto de 2025 | 05:24
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El aprendizaje musical en la adultez suele estar atravesado por los prejuicios y las expectativas que cada persona carga consigo. Así lo explica el maestro de música y guitarra en “Sumarte Estudio”, músico sesionista y guitarrista de The Light blue party band de los 70’ y 80’, especializada en música disco y retro, Gonzalo Teruel, que tiene 32 años. “En mi experiencia, el aprendizaje de un adulto depende mucho del grado de prejuicio con el que se acerque al instrumento. Los niños suelen tomar la guitarra como un juego, algo para divertirse, y en ese camino van aprendiendo casi sin darse cuenta. En cambio, un adulto no lo vive de esa manera: quiere que le salga, que suene, y si no suena enseguida lo percibe como un fracaso”, señaló.

Teruel sostuvo que muchos adultos deberían recuperar la mirada lúdica de los chicos, porque “al fin y al cabo encontrarse con la música a través de un instrumento siempre debería pasar primero por el disfrute”. En ese sentido, aseguró que el mito de que los niños aprenden más rápido está ligado justamente a esa lógica del juego sin presión. De todos modos, advirtió que en la adolescencia resulta fundamental incorporar cierta seriedad y comprender que la práctica es insustituible: “Una clase no se sostiene practicando tres horas juntas antes; tiene que haber una rutina constante”, remarcó.

Gonzalo Teruel dando clases de guitarra con una alumna

Otro de los puntos que destacó el guitarrista es la falsa idea de que la música es solo para “talentosos”. “En lo personal, no me considero una persona con talento: mi camino musical lo hice y lo sigo haciendo gracias a las famosas —y poco académicas— ‘horas culo’, practicando. Si sentís que no tenés talento, no es para nada un impedimento. Soy ejemplo de eso: vivo de la música desde hace 16 años sin sentirme talentoso, pero dedicándole mucho tiempo y constancia”, afirmó. Según dijo, la clave está en la regularidad: “Nunca fui de estudiar ocho horas por día, pero sí de agarrar la guitarra todos los días. Y esa cosita, por más mínima que sea, que hoy empieza a salir y ayer no salía, ya te convierte en un mejor músico que el día anterior”.

Para el maestro, los adultos que deciden estudiar música suelen llegar con un fuerte vínculo emocional con el instrumento. “Si eligen la guitarra y no otro, es porque de algún modo ya los marcó, ya la sienten parte de su vida”, explicó. A diferencia de los niños, que aún están en plena exploración de su relación con la música en general, los adultos dan un paso que venían postergando y, en ese gesto, ya consiguen un primer logro.

El experimentado equipo de MAPU música

La diferencia también se refleja en cómo viven los resultados. Teruel subrayó que un adulto celebra cada pequeño avance y que incluso muchos lo experimentan como una especie de terapia o un espacio de desconexión. Sin embargo, reconoció que puede ser frustrante dedicar un rato personal a la práctica y sentir que no sale nada. “Pero cuando logran disfrutar del proceso y consiguen esa abstracción de la realidad, el disfrute es inmenso: los alumnos se llenan de satisfacción… y los profes también”, relató.

“LA MÚSICA ME DEVOLVIÓ EL DISFRUTE”

El ingeniero químico y alumno de guitarra y bajo, Juan Pablo “Paio” Alem, tiene 52 años y nació en Larroque, un pequeño pueblo cercano a Gualeguaychú, Entre Ríos. Se instaló en La Plata hace ya varios años para continuar sus estudios, y hoy combina su vida profesional con una pasión que, según él mismo cuenta, estuvo siempre latente: la música. “El disparador de la motivación de la música fue que me acompañó en mucha parte de mi vida. Estuve con un tío que tocaba el acordeón, otros tíos que tocaban la guitarra, y en las juntadas en la casa de mi viejo siempre había folklore”, relató.

Ese contacto temprano con los instrumentos y los festivales de su pueblo lo marcaron, pero durante su adolescencia sus energías estuvieron puestas en otras actividades. “Me gusta mucho el deporte, mucho básquet, mucho fútbol, y eso, junto con el estudio del inglés por cuestiones profesionales, me dejaba sin tiempo para aprender un instrumento”, explicó. El momento decisivo llegó más tarde, atravesado por una experiencia personal: una separación. “Al tener más tiempo para mí, empecé a pensar en ocuparlo con algo que me gustara. Se lo comenté a mi mamá y en una Navidad me regaló una guitarra. Ahí el camino estaba tomado y elegido”, recordó.

 

Para Alem, “lo lindo es generar algo que le guste a alguien más, que baile, que se emocione”

 

Alem subraya que el aprendizaje no solo dependió de la decisión de empezar, sino también del lugar en el que cayó. En su caso fue la escuela de música MAPU, dirigida por Fabián Villamil. “Eso hizo que el proceso fuera completo, con estudio, técnicas y una manera de aprender que no perdió la motivación inicial”, contó. Su primera meta era simple: poder cantar y acompañarse con la guitarra en un par de canciones. “Mi idea era tocar una zamba o un tema de rock argentino y acompañarme, nada más. Pero el proceso me dio mucho más: una gratificación personal y diaria. Los problemas del trabajo o las cuestiones personales se evaporan cuando uno toca o ensaya. Vuelve lo lúdico, el disfrute”, afirmó.

Aunque reconoce que aprender de grande tiene sus dificultades, sobre todo en lo técnico, valora mucho más el costado emocional y social de la música. “Con la edad es más difícil adquirir técnica y el tiempo tampoco es el mismo que se tiene en la niñez. Pero la gratificación y el disfrute son mucho más grandes que cualquier dificultad”, sostuvo. Esa experiencia lo llevó a sumarse a un ensamble de la escuela que hoy se presenta como banda bajo el nombre de “Kimera”. “Ya tocamos en mi pueblo y ahora en octubre tenemos nuevas fechas. Lo más lindo es generar algo que le guste a alguien más, que baile, que aplauda, que se emocione”, expresó con entusiasmo.

Más del equipo que dirige Villamil

“NO HAY EDADES PARA EMPEZAR”

Con 43 años, Fabián “Fafo” Villamil es director de Mapu Música, productor y coordinador del ciclo “Cancionistxs”, además de solista —publicó cinco discos y actualmente trabaja en el sexto—. Desde ese lugar múltiple dentro del mundo artístico, está convencido de que la música puede modificar no solo la manera en que las personas se expresan, sino también la forma en que enfrentan su vida cotidiana. En diálogo con este medio aseguró que uno de los grandes aprendizajes que comparten los alumnos es descubrir que nunca es tarde para comenzar un camino artístico: “Se dan cuenta de que se puede, de que no hay edades para empezar actividades. Nosotros tenemos el caso de Carlos, un alumno que empezó a cantar tango a los 82 años. Se crió en Palermo, y para nosotros es un ejemplo de que lo importante es animarse a exponerse, incluso al error, que no es una vergüenza sino parte del proceso”.

Villamil explicó que en Mapu Música conciben la enseñanza de un instrumento como un recorrido de experiencias que van mucho más allá del aula: “La música siempre es un proceso, aunque uno lo piense como aprendizaje o como creación. Y ese proceso puede empezar a los tres años o a los ochenta y dos”. Según sostuvo, esa dinámica ayuda a los alumnos a enfocarse en objetivos que funcionan como motores emocionales: “Nuestra experiencia nos muestra que ponerles metas, como tocar en vivo en un bar, grabar en un estudio de Capital o salir de gira a Rosario o Mar del Plata, les permite desconectarse de las preocupaciones cotidianas y encontrar un espacio propio de expresión”.

 

Según Teruel, “para encontrarse con la música a través de un instrumento debe haber disfrute”

 

En cuanto al impacto emocional, el director de Mapu Música aclaró que si bien la música puede tener efectos terapéuticos, no reemplaza a otras terapias. Sin embargo, resaltó que “es una hermosa forma de expresarse, de enfocarse en algo distinto, de vincularse con los demás y de generar recuerdos imborrables”. Allí, el aspecto social juega un papel central: “Siempre tratamos de propiciar lo colectivo. Un guitarrista puede tocar con un pianista, con alguien que canta o con alguien que toca percusión. La música es un fenómeno social, incluso en soledad uno está emulando una situación compartida. Hasta los solistas nunca están solos”.

Juan Pablo “Paio” Alem toca y canta

Villamil remarcó que en la escuela los ensambles funcionan como simulacros de lo que vive una banda profesional: “Los alumnos tocan en vivo cinco veces al año, en bares o cerrando en el Teatro Ópera de La Plata, y además graban en estudios míticos como ION o Romaphonic. Este año, por primera vez, vamos a grabar allí, en lo que fue el Circo Beat de Fito Páez. Para muchos, que empezaron de grandes, llegar a esos escenarios es un sueño que jamás imaginaron cumplir”.

Para el músico, el mensaje es claro: no existe un límite de edad para aprender a tocar o cantar. “La única barrera puede ser la motricidad fina, pero eso también se entrena. Cantar también se aprende, no es necesario nacer con una voz perfecta. Hay que encontrar qué música se adapta a qué persona, y ese es justamente el sentido del aprendizaje”.

Carlos, de 83 años en el Teatro Opera, junto a Fabian Villamil

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Carlos, de 83 años en el Teatro Opera, junto a Fabian Villamil

El experimentado equipo de MAPU música

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