Alerta por la energía: fuerte temor a un colapso global
Edición Impresa | 17 de Marzo de 2026 | 02:25
La guerra en Medio Oriente encendió las alarmas en los mercados y gobiernos de todo el mundo ante el creciente riesgo de una crisis energética global. La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán, junto con la paralización del tránsito marítimo en el estratégico estrecho de Ormuz, amenaza con alterar profundamente el suministro de petróleo y gas en el planeta.
Los temores aumentaron después de nuevos ataques contra infraestructura energética y de transporte en la región. Un dron iraní impactó un tanque de combustible cerca del Aeropuerto Internacional de Dubái, uno de los centros de conexión aérea más importantes del mundo, provocando un incendio que obligó a suspender temporalmente las operaciones. Además, un misil iraní alcanzó un vehículo en Abu Dabi y un ataque con drones provocó un incendio en una instalación petrolera en Fujairah.
Desde que comenzaron los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán a fines de febrero, Teherán ha respondido con una serie de ataques con misiles y drones contra Israel, bases militares estadounidenses y activos energéticos en países del Golfo.
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LA SITUACIÓN EN ORMUZ
La escalada militar ha tenido consecuencias directas en el comercio energético global, especialmente por la situación en el estrecho de Ormuz. Este paso marítimo, ubicado entre Irán y Omán, es uno de los puntos estratégicos más sensibles del planeta. Antes del conflicto, cerca de 20 millones de barriles de petróleo diarios -aproximadamente una quinta parte del consumo mundial- transitaban por esa vía hacia los grandes mercados de Asia, especialmente China, India, Corea del Sur y Japón.
Sin embargo, el tráfico marítimo quedó prácticamente paralizado desde el inicio de la guerra. Según estimaciones del sector energético, alrededor de 350 petroleros se encuentran actualmente inmovilizados en la zona, mientras que apenas unos 80 buques han logrado cruzar el estrecho desde el inicio del conflicto. Irán, por su parte, considera que los barcos de Estados Unidos y de sus aliados constituyen “objetivos legítimos”.
El impacto sobre los precios del petróleo fue inmediato. El barril de Brent, referencia internacional, superó nuevamente los 100 dólares y llegó a cotizar en torno a los 104 dólares en las primeras operaciones de la semana, lo que representa un aumento cercano al 45% desde el inicio de la ofensiva militar el 28 de febrero. Durante el conflicto, el precio llegó a acercarse a los 120 dólares por barril.
Ante este escenario, el presidente estadounidense, Donald Trump, pidió a varios países que envíen buques de guerra para garantizar la seguridad del tránsito en el estrecho de Ormuz. Washington ha intentado sumar a potencias como China, Francia, Japón, Corea del Sur y el Reino Unido, aunque hasta ahora no ha logrado compromisos concretos.
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EN BUSCA DE RUTAS ALTERNATIVAS
Mientras tanto, los países productores de la región buscan rutas alternativas para exportar su crudo. Arabia Saudita ha incrementado el uso del oleoducto que conecta el complejo petrolero de Abqaiq con el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, lo que permitió elevar sus exportaciones desde la costa occidental hasta un récord cercano a 5,9 millones de barriles diarios.
Emiratos Árabes Unidos, por su parte, intenta desviar parte de su producción hacia el puerto de Fujairah, en el golfo de Omán, evitando así el paso por Ormuz. Sin embargo, estas rutas alternativas sólo pueden compensar parcialmente el flujo habitual de petróleo que atraviesa el estrecho.
Según estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía, incluso con estos desvíos, las exportaciones efectivas de crudo desde Medio Oriente apenas alcanzan cerca de un tercio de su volumen normal. En este contexto, las grandes economías consumidoras buscan proveedores alternativos. Refinerías asiáticas ya comenzaron a aumentar sus compras de petróleo procedente de Estados Unidos, África occidental y América Latina, aunque estas rutas implican trayectos más largos y mayores costos logísticos.
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Paradójicamente, algunos países latinoamericanos podrían beneficiarse del nuevo escenario energético. Economías como Brasil, Colombia, Argentina, Ecuador, Venezuela y Guyana son exportadores netos de energía y podrían ver fortalecidos sus ingresos externos si se mantienen los precios elevados del crudo.
Además, la región tiene menor dependencia del petróleo de Medio Oriente y un mayor peso de fuentes renovables como la hidroeléctrica, la solar y la eólica, lo que la vuelve relativamente más resistente frente al shock energético que golpea a Europa y Asia. Aun así, los analistas advierten que la prolongación del conflicto podría generar efectos económicos globales más amplios. El encarecimiento del petróleo y de los fertilizantes ya amenaza con elevar los costos de producción, presionar la inflación mundial y aumentar el riesgo de escasez de alimentos en los países más pobres.
En un mundo que aún intenta estabilizar los mercados tras años de volatilidad, la crisis en el Golfo Pérsico vuelve a demostrar la enorme fragilidad del sistema energético internacional y la dependencia global de unas pocas rutas estratégicas de suministro.
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