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Gobernar, el plan “B” que tendría que aplicar el oficialismo

Gobernar, el plan “B” que tendría que aplicar el oficialismo

Sergio R.  Palacios - Profesor Economía Política UNLP

Un grupo de personas se jactaba de tenerla muy clara señalando que hasta ahora los que estaban eran chorros o giles, que jamás habían manejado nada en la vida privada y por eso no entendían la economía real. Hasta el día de hoy por la TV escuchamos a muchos miembros de ese círculo, que en materia de bienes públicos tampoco exhiben experiencia ni conocimientos más que haber caminado por una plaza. Muchas de estas personas apoyaban al gobierno de Mauricio Macri y ahora desfilan por los medios colocándose como alternativas.

Muchos -entre ellos no pocos votante de CDambiemos- están o profundamente decepcionados o algo decepcionados, pero por razones muy diferentes ya que no todos tenían las mismas expectativas. Si podemos coincidir en la existencia de algunos aciertos y en otros errores. Tenemos hoy una democracia donde la diversidad y tolerancia se comparten. Aunque social y económicamente vivimos un calor agobiante, en 2015 nos salvamos de un incendio. Los dueños de los lanza llamas aun hoy los tienen en mano y ese es el peligro que este mismo año afrontamos. Pero la gestión económica desde diciembre de 2015 es entre mala y muy mala. No hay ideas, no hay dinero y se festeja que la tasa de interés baja al 50 %. No hay más que un solo libro en las bibliotecas que explica que la causa de la inflación es mucho dinero y pocos bienes. Si desaparece el dinero (manos públicas y privadas) desaparece el gasto que genera inflación. Bien, mil de veces antes en la Argentina se hizo eso y ahora no bajamos del 3 % mensual.

Entre 1989 y 1994 todo lo que el Estado tenía y gastaba lo vendió (privatización) y la Argentina tanto en 1919 como en 2019 reza por una buena cosecha. No hay asfixia monetaria, ni reducción a cero del déficit presupuesto que resuelva el problema económico núcleo de la Argentina: no produce ni crea nada que genere la suficiente riqueza para que vivan más de 40 millones de personas con mínimo estándar aceptable.

Tenemos una economía vieja, dirigentes viejos, empresas viejas, propuesta re viejas, y negación a la disrupción en ideas o exploración de nuevos paradigmas.

Al asumir Macri las empresas anticiparon la salida del cepo y llevaron los precios a un dólar de 14 pesos. El presidente, desde allí, advirtió que se comenzaría un profundo estudio y reforma para corregir los fallos y manejos de los mercados para asegurar transparencia y competencia. Nunca se hizo, y ahora es tarde.

También se llegaba con la promesa de cambiar “la política” y transparentar las reglas. El sistema electoral asegura a quien controla dinero y territorio ser el dueño de la democracia. Desde 1916 a 2019 solo cambió que votan las mujeres. De este modo el subdesarrollo y la pobreza son aliados de quien controla dinero y territorio. Feudalismo perfecto.

Cambiemos utilizó un discurso y propuesta política disruptiva, y por eso eligió esa denominación. Nada de eso ocurrió. Nada es peor que parar el caballo y terminar en la mitad del rio. Por eso el gobierno fracasa. No eran lo piolas que decían en economía y en política asombra la mezcla entre naif y torpeza. Hay una gran inconsistencia en el gobierno nacional entre su mala gestión política y económica, y muchas que son acertadas (infraestructura, transporte, energía renovable). Pero no hay “holos”, sino apenas algunas partes funcionando correctamente. También el discurso de lo que se propone choca con muchas decisiones políticas.

Los que invertimos porque creímos en el discurso, recibimos cachetadas. Se continúa con un modelo tributario carente de eficiencia y alternativas adecuadas: se cobran impuestos cuando te ingresa dinero y no de acuerdo a que hacés con él, favoreciendo así el consumo y no la inversión.

Los que dijimos “cambiemos”, vemos como ni siquiera se respeta la ley (ni se la cambia) y se manipula el llamado a las PASO según la cara bonita del líder territorial, burlando la democracia. Se debe entender que mostrando del otro lado a los monopolistas de la industria de lanza llamas no alcanza. Se llegó para cambiar la participación en el proceso democrático, no para emular relatos como los de antes.Pero el gobierno nacional -separo a Maria Eugenia Vidal que con errores y muchos aciertos jamás se quedaría con el caballo a mitad del rio- tiene si lo decide, aunque un poco tarde, un plan B bastante simple: Gobernar.

 

 

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