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Max Bidart, de Mercedes pero platense de corazón, publicó su primer libro: 25 cuentos cortos que confluyen en una travesía a un pasado de nostalgia y emoción
ALEJANDRO ALFONZO
Por ALEJANDRO ALFONZO
Chat GPT respondió que no lo es. La terquedad insistió: “¿Está cerca de serlo?”. “No realmente” contestó la inteligencia artificial. Muy a su pesar y, teniendo en cuenta la carencia de contexto que a veces tiene, no le hice caso.
Entonces, afirmo: es un oxímoron. Repito: sí, “Justo ayer”, el título del nuevo libro de Max Bidart, es un oximorón. Pero seamos justos con Chat GPT: más que una contradicción es un hermoso evento hijo del destiempo.
“Justo ayer” es una obra de 25 relatos cortos, breves, con sentido, que traspasan el papel y se encastran en quizás algo más importante que el corazón: en la memoria.
¿Biográfico? ¿Autoficción? ¿Una radiografía de la infancia de Max? Puede que sí pero una vez que ingresa bajo el lente del lector, los recuerdos dejan de tener nombre y apellido para convertirse en un pasado colectivo.
A medida que escribo, vuelvo a pensar: ¿es un oxímoron?
La frase “Justo ayer” nos invita a repensar en el presente a partir del pasado, es decir, a preguntarnos “¿cómo llegué hasta acá?”. Algo similar ocurre con cada uno de los pequeños fragmentos: ¿quién me enseñó lo que está bien o mal? ¿Quién me dijo esto es “foul” o “siga siga”? ¿Con quién tomé la primera cerveza? ¿Qué sentí la primera vez que dí un beso? ¿Y que hice el amor? ¿Qué es la muerte? ¿Yo me voy a morir? ¿Cómo se vive?
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La obra de Max Bidart nos exhibe la infancia, adolescencia y primeros atisbos de la adultez de Justo, un joven de Mercedes -ciudad a 150 kilómetros de La Plata- y protagonista de la obra. Son relatos sueltos pero con un cordón común que une familia, amigos, historias de amor, deseos, música, fanatismos: toda una vida.
Uno de los primeros cuentos es “Portaequipaje”: un niño que viaja en la “sillita” de la bici agarrado de la cintura de su madre incansable. En uno de sus tantos viajes y después de una jornada de incertidumbre en la escuela, detiene el tiempo y pregunta: “¿Es verdad que todos nos vamos a morir?” El relato es simple, directo y genuino. Las oraciones no están cargadas de aditivos y el sentido no es más que mostrar la realidad.
“Los bicivoladores”, cuento elegido por Hernán Casciari y publicado en la Revista Orsai, es otro de los relatos cortos, emocionante. Un nene, una bicicleta, el esfuerzo de una madre, la desilusión, la sorpresa.
Max Bidart, oriundo de Mercedes pero platense de corazón / Web
Estos dos son el preludio de los demás relatos: confesiones y recuerdos de cómo fue la vida para entender cómo es hoy; de cómo viví ayer para construir -entender- cómo vivo.
La escritura es simple, con diálogos estratégicos y sin giros inesperados. Busca generar empatía con el pasado de los lectores y lo logra. A partir de ese acuerdo tácito entre autor-obra-lector, se construye una relación de empatía y cercanía: lo que te pasó a vos me pasó a mí; no somos más que humanos intentando vivir.
A lo largo de los 25 cuentos crece el personaje de la madre, una mujer trabajadora y vital; de un padre ausente, o mejor dicho un fantasma del presente; de una “barra”, como se decía antes al grupo de amigos; de amores primitivos, chicas inalcanzables que por unos minutos elijieron mirarnos; de injusticias de la vida; y de anécotas, muchas anécdotas.
Entonces, aquí, el fragmento final de “Kato”, un relato sobre el perro de la infancia: “Fue mi perro fiel. Nos amamos con locura. Y hasta el último suspiro, ladró para defender a mi vieja y cumplir su misión”.
Como el personaje, Maximiliano Bidart es de Mercedes y llegó a la Ciudad para estudiar. Así lo hizo: hoy es Diseñador en Comunicación Visual, docente y director creativo. Algunos dicen que tiene un corazón frágil. El mismo aseguró en su página web (maxbidart.com.ar): “Hoy mi camino se mueve entre ambos mundos: el diseño como oficio y la escritura como refugio”.
Hace menos de un mes presentó su primer libro en su ciudad natal y, hace siete días en una librería de City Bell.
Propio de la autogestión, durante este período vertiginoso, recorrió radios, revistas y diarios en busca de la promoción de su obra.
Además, aprovechando su talento y “expertise” en el diseño, dentro de su página web exhibe cada uno de los relatos en versión audio: algunos son leídos por Hernán Casciari, Magui Bravi, Cucuza Castiello o Josefina Bidart.
En fin, sobre su propio libro, expresó: “Justo ayer no es solo un libro de cuentos: es una linterna encendida sobre esos momentos que nos marcaron sin que nos diéramos cuenta”.
¿Es un oxímoron? “Justo ayer” pareciera decir no hay tiempo, ya pasó. Sin embargo, los relatos de esta obra confiesan: “Siempre hay tiempo. Sólo es cuestión de ver”.

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