María A. tiene 27 años, está embarazada de dos meses y el jueves de la semana pasada terminó internada en el Policlínico por una brutal paliza que le dio su marido. No es la primera vez que su esposo -que trabaja como policía en nuestra región- la manda al hospital. Hace dos años, María perdió un embarazo de cuatro meses por los golpes de la misma persona. Gritos, trompadas, manoseos o palabras hirientes forman un cóctel diario y agotador en la vida de María, quien ahora espera salir del hospital para hacerse cargo de sus cuatro hijos y, ya repuesta, ver de qué manera puede seguir adelante con tanto dolor.
Ella acaso no lo sepa, pero su historia -que llegó a nuestra redacción a través del correo electrónico
violencia@eldia.com.ar- es un claro ejemplo de una de las tantas aristas que encierra el drama de los delitos sexuales. Generalmente se cree que la violencia sexual está asociada únicamente a la violación. Pero no. Los especialistas en el tema explican que, si bien es ésta una de las formas más violentas, hay otras modalidades igual de feroces y perversas que conforman la problemática.
Y la problemática, claro, tiene sus números: según los últimos datos brindados por la Oficina de Delitos Sexuales de la Policía local, en esa dependencia se recibe un promedio de casi dos denuncias por día, y en ese universo aparecen tanto las violaciones como los abusos deshonestos o las amenazas. Son casi 40 episodios por mes. Cuarenta episodios que llegan a conocerse y que, hay que decirlo, son la punta visible de un iceberg gigantesco que se esconde bajo las aguas del temor y el silencio. Porque la mayoría de los hechos no se conocen. Porque la mayoría de las veces gana el temor.
Según el relato de quienes trabajan en esta dependencia policial, el 80 por ciento de los casos de violencia sexual que llegan a denunciarse obedece a conductas intrafamiliares, y las víctimas principales son menores de edad. Sólo un 20 por ciento de los hechos que se denuncian día a día en La Plata corresponde a violaciones callejeras efectuadas por desconocidos de la víctima.
Claro que el fenómeno no es observado únicamente por la Policía. Según las últimas cifras dadas a conocer por la Dirección de Política de Género del Ministerio de Seguridad bonaerense, en los primeros meses de este año hubo más de 340 denuncias por violaciones y abusos deshonestos.
FORMAS DE VIOLENCIAViolencia sexual no es sinónimo de violación. Violencia sexual, apuntan los especialistas, es todo acto ejercido por una persona en contra del deseo y la voluntad de otra persona (cualquiera sea su género) que se manifiesta como amenaza, intrusión, intimidación y/o ataque y que puede ser expresado en forma verbal o emocional.
"La violencia sexual incluye cualquier tipo de acto sexual -explica el médico legista Pablo Gatti, especialista en medicina legal y en investigación científica del delito-: comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, manoseos, exhibiciones, aprovechamiento de la persona agredida porque no está en condiciones de dar su consentimiento y, desde luego, el acceso carnal".
La Ley 25.087, vigente desde el año 1999, incluyó en nuestro Código Penal a los delitos sexuales bajo el título genérico de "Delitos contra la integridad sexual". Así, la manda legal tutela el derecho de las personas a tener libertad para expresarse válidamente, a tener libre y consciente trato sexual o a no tenerlo contra su voluntad, y a la intangibilidad sexual de quienes, por ser menores de edad o incapaces, no pueden manifestar válidamente su consentimiento.
Por lo general, señala Gatti, las violaciones ocurren de manera impredecible, repentina y arbitraria. "En el abuso sexual, por el contrario, raramente se utiliza la fuerza física para lograr el contacto. No ocurre de manera aislada ni accidental. Generalmente, es un proceso crónico protagonizado por una persona conocida con anterioridad, con quien hay una relación de confianza. Tanto es así que menos del 50 por ciento de las víctimas de estos ataques presentan lesiones físicas".
Por otro lado, detalla el especialista, "el abuso sexual tampoco es sinónimo de penetración, la cual en la mayoría de estos casos se produce cuando la situación abusiva viene sucediendo durante mucho tiempo. La victimización comprende una amplia gama de acercamientos sexuales inadecuados, como pueden ser manoseos, exhibicionismos, voyeurismo, estimulación de genitales, sexo oral, masturbación del adulto y/o del niño, penetración genital con el dedo u objetos. El comienzo suele ser gradual y se va complejizando y agravando a medida que se prolonga en el tiempo".
Una mirada similar aporta el abogado Oscar Alcoba, ex coordinador de Violencia Familiar en la Municipalidad de Berisso: "Cuando hablamos de delitos sexuales nos referimos a una serie de actos que engloban desde conductas aparentemente 'insignificantes', como puede ser un manoseo, hasta diversas prácticas sexuales, incluyan o no la relación coital, y una amplia gama de actos humillantes y dañinos, como penetración con objetos o práctica sádicas".
De acuerdo a la opinión de Alcoba, "el relato creíble de una agresión sexual habla de una situación inesperada, con violencia física, coacción armada y riesgo de muerte, y un escenario solitario y apartado. Pero lo que surge del relato de las mujeres, en cambio, es que no siempre hay violencia física o amenaza con armas sino intimidación y abuso de poder; los agresores pueden ser extraños pero también, a menudo, ser conocidos y allegados y pertenecer a cualquier sector social. La violencia sexual le puede ocurrir a cualquier mujer, de cualquier edad y de cualquier clase social".
EL PROBLEMA EN CASAUno de los puntos que más llama la atención a la hora de analizar las estadísticas sobre el tema es el que refiere a las agresiones intrafamiliares. Como se dijo, el 80 por ciento de los casos de violencia sexual denunciados en La Plata obedece a conductas intrafamiliares. Es más: algunos especialistas aseguran que en esta problemática se producen escaladas en función de la época del año que se transite.
Según Gatti, de hecho, en esta problemática existe una suerte de "temporada alta" que abarca los meses de otoño e invierno. "En esa época -explica-, cuando muchos chicos de zonas humildes comparten la cama con sus padres o padrastros, los casos de violación y abuso infantil experimentan una escalada tremenda".
Para Alcoba, por su parte, esta violencia contra los menores también adopta múltiples formas: "desde los golpes hasta el abuso sexual o violación y el incesto, pasando por la distribución inequitativa de los alimentos en el hogar y los cuidados de salud. El grupo más afectado ésta entre los 5 y los 14 años. Los agresores son adultos conocidos por las víctimas: padres, padrastros, tíos, abuelos, primos o vecinos. Se estima que en cerca del 85 por ciento de los casos, los agresores tienen relaciones 'afectivas' con sus víctimas. Esto implica ventaja sobre ellas, pues la jerarquía que da la edad o el parentesco les permite intimidarlas y manipularlas para convertirlas de víctimas en cómplices".
Según Alcoba, además, los agresores suelen apoyarse también "en la complicidad de los adultos y en el temor de las víctimas para denunciar, así como en falsas creencias sobre la sexualidad infantil, como que las niñas provocan la agresión porque se insinúan o porque tienen fantasías sexuales y son mentirosas".
Sobre este punto, bien vale decir que el 92 por ciento de los abusos sexuales infantiles son realizados por personas conocidas de las víctimas (familiares, amigos, vecinos). Y en 1 de cada 4 casos de abuso sexual está involucrado el padre.
Claro que, a la hora de hablar de los ataques sexuales intrafamiliares, no se pueden omitir las estadísticas sobre violencia familiar, problemática que incluye tanto violaciones como golpes, abusos y maltratos físicos o verbales. Según la Dirección de Políticas de Género, el año pasado se realizaron más de 20 mil denuncias en todo el territorio bonaerense por violencia familiar, y en
el 90 por ciento de los casos las víctimas fueron mujeres.
OTRAS FORMASOtro tipo de violencia sexual considerado como delito, se apunta, es el tráfico de mujeres (sean menores o no) para dedicarlas a la prostitución forzada, como así también el hostigamiento psicológico al que suelen ser sometidas las víctimas por más que éstas no sean violadas o abusadas.
"La representación social predominante suele circunscribir la violencia sexual sólo a una situación de violación, la cual implicaría penetración vaginal, agresores desconocidos pertenecientes a sectores marginales de la sociedad y escenarios alejados y solitarios que propiciarían ese tipo de ataques", destaca la psicóloga Cecilia Valbuena, especialista en la problemática y para quien resulta fundamental "considerar a los delitos sexuales desde una perspectiva más amplia y abarcativa, que incluya una gama de conductas como manoseos, situaciones de humillación, actos dañinos, prácticas impuestas y no consentidas haya o no relación coital".
Según Valbuena, "el común denominador de todas estas conductas es que se dan en el marco de relaciones de dependencia, autoridad o poder, y en todos los casos dejan marcas en el cuerpo y el psiquismo de quien las padece implicando un menoscabo en la integridad, libertad y dignidad de la persona. Desde el punto de vista psíquico estos delitos se inscriben en la víctima como traumas. El desencadenante es de tal intensidad que el sujeto es incapaz de responder adecuadamente, quedando sumido en la perplejidad".
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