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TENDENCIAS

El hombre que volvió de la nada

Néstor Ponce tuvo que pasar a la clandestinidad en la época de la dictadura. A partir de ahí, comenzó su enorme carrera como escritor en Francia, lugar donde se exilió. En enero fue distinguido por el Ministerio de Cultura de Francia como Caballero de la Orden de Artes y Letras de la República Francesa.

Por JOSE SUPERA
Escritor

1.

Te desvanecés. Para siempre. Como nunca. Te cambiás el nombre y sos otro y en ese “ser otro” sos más vos que nunca. Porque renunciás a tu identidad pero no a tus verdades. Porque por más que las cosas cambien adentro hay cosas que no cambian nunca. Lo que sentís y viviste, por ejemplo. Desaparecés de la vida de tus amigos y familiares y desaparecés de todos lados. Nunca te ve nadie más. Pero estás más vivo que nunca. Y para no morir, y para nacer, y para volverte eterno, hacés lo que nace de tus entrañas: escribir. Y entonces ya nadie puede detenerte. Sos Néstor Ponce. Y ahora te voy a contar tu propia historia.

2.

Desparecer es eternizar.

3.

Estudiás en el Colegio Nacional. Jugás al rugby en Universitario. La camiseta negra tiene presagio de lo que viene pero no lo sabés. Salís del colegio y te metés a estudiar Letras en la UNLP. Militás en la JUP de Humanidades ayudando a los chicos de tu propio barrio. Llegás hasta segundo año de Letras hasta que te toca entrar en el servicio militar. Pero tenés que desertar. Porque secuestran a tu novia desertás. A Delia Esther García. Es agosto de 1976. Es un antes y un después en tu vida.

4.

Y por un tiempo te borrás. Vagás como un fantasma por pueblos desconocidos y solitarias ciudades de la Costa Atlántica en tiempos invernales. Pero volvés a Buenos Aires y seguís militando en el peronismo revolucionario. Y entonces empiezan a secuestrar a tus amigos y es ahí donde tenés que pasar a la clandestinidad. Y la clandestinidad es más que una palabra. La clandestinidad es renunciar a ése que eras. No ves más amigos ni familiares, no podés volver a La Plata: el lugar que te vio nacer es ahora el que te puede ver morir. Cambiás de nombre y ahora te llamás Carlos Rubén Gutiérrez. Ya no naciste en La Plata sino en Entre Ríos. Y hay una cosa que une tu pasado con ese presente: Seguís jugando al rugby.

5.

Ahora jugás en Municipalidad de Buenos Aires. Así hacés otros amigos. En tu nueva vida trabajás en una fábrica de sillas, de donde te tenés que ir porque el dueño -un ex comisario de la Federal- no te pagaba el sueldo y entonces le organizaste una huelga. Después vendés colchas y almohadones. Buenos Aires te parece una ciudad gigantesca. Te encontrás con gente que escapa también de su pasado. Te ponés de novio con una clienta de tu negocio que resulta ser la hermana de un militante de la JP a quien busca la policía. Unos meses después, el padre de la chica los está ayudando a salir clandestinamente del país. Tren hasta Resistencia, bote hasta Paraguay, omnibús hasta la frontera con Brasil. En Río terminás en una oficina de Caritas que recibe a exiliados políticos. Y después de un tiempo, un avión te deposita en Francia.

6.

Comunicación directa con Francia. Y que ahora siga hablando Néstor Ponce. Que su voz sea letras, que hable de la carrera que forjó como escritor.

7.

“La carrera de escritor la empecé en realidad en Argentina. Gané en el 74 o 75 un premio de novela de la Municipalidad de Mercedes, que nunca fue publicado por el golpe de Estado. Gané también un premio de cuento de la Sociedad de Escritores. En Brasil creamos con los exiliados uruguayos una revista literaria, ‘Ainda’ (que significa ‘todavía’). Allí publiqué algunos poemas. En ningún momento -incluso en los de represión más violenta- dejé de escribir. Para lo de profesor, pedí equivalencia y me dieron un año. O sea que hice prácticamente toda la carrera aquí en Francia. Terminé el diploma de segundo año (el Deug, diploma de estudios generales), la licenciatura (el tercer año), y pasé a maestría. Hice una tesina sobre Osvaldo Soriano. Después me inscribí en el DEA (Diploma de Estudios Avanzados), ya laburando sobre Onetti. La tesis la hice en tres años (la leí, creo, en el 86), sobre ‘La ciudad y el mito en la obra de Fuentes, Marechal y Onetti’ (obra narrativa completa en los tres casos). Al mismo tiempo, hice un diploma en el Instituto de Altos Estudios de América Latina, con opción literatura, con una tesis sobre Onetti y la ficción. Concursé bastante más tarde, porque laburaba de periodista (era corresponsal de revistas de Venezuela, de Costa Rica, hacía free lance en varias revistas o diarios franceses- como Le Monde Diplomatique-, españolas (Cambio 16), etc. Entré en la universidad en el 92, en la Universidad de Angers y en la Ecole Polytechnique -de mucho prestigio: soy el primer argentino que enseñó allí. En 2002 pasé catedrático y conseguí un puesto en Rennes 2, donde enseño todavía. Soy catedrático de literatura y civilización hispanoamericana. Dirijo un laboratorio sobre las Américas (LIRA) y a un equipo de investigadores de cinco departamentos (árabe, alemán, catalán, chino, español, portugués y ruso). Tengo varias tesis a cargo. Por todo esto obtuve la Prima Excepcional de Investigación que consiste en una suma de dinero anual y que implica que no puedo hacer horas extras, para dedicarme a la investigación. Obtuve también la medalla de la ciudad de Rennes por mérito científico. En enero, la ministra de cultura me nombró caballero de la Orden de Artes y Letras de la República Francesa”.

8.

“Actualmente acabo de terminar un libro de poesía, La palabras sin límites, que va a salir en España en octubre 2013; me van a publicar en México un libro de cuentos, Funámbulos, estadistas y vampiros; el Colegio de San Luis Potosí va a sacarme la edición corregida y aumentada de Diagonales del género: lecturas del policial argentino; en Madrid, van a publicarme una edición para bibliófilos, con papel de arroz, cosida a mano, 100 ejemplares numerados y firmados, con ilustraciones originales de Luis Felipe Noé y Paula Noé Murphy. Todo esto entre 2013 y 2014.

Estoy escribiendo una novela, Toda la ceguera del mundo, que es una policial, que transcurre en La Plata, en tiempos del corralito. El libro de poesía, el último, surgió de la idea de trabajar con registros que en apariencia no sirven para la poesía: el lenguaje culinario, el económico, el político, el deportivo. Lo escribí de un tirón y lo completé al volver de un viaje a Galicia, donde fui a dictar conferencias y leer poemas. No conocía Galicia y me acordé mucho de los gallegos de Argentina. Fue casi un viaje en el tiempo”.

9.

Y para cerrar la nota qué mejor que su voz novelada, un oscuro fragmento de su libro, Azote:

Un remolino de pájaros oscureció el horizonte donde despuntaba el río. Desde la ventana del loft se veía la calle desierta luego del pasaje del comando de seguridad. Iban a transcurrir unas horas antes de que todo volviera a la normalidad. ¿Volveríamos algún día a la normalidad? ¿Qué es la normalidad?, pensé. El mundo se deshace como crema descompuesta y cuando de allí pasamos a un nuevo estado de carne reconstituida nos ponemos a extrañar los antiguos horrores.

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