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Navidades de la realeza: solidaridad, ternura y poses para la foto

Desde Europa, las monarquías se muestran unidas y con muy buenos gestos hacia sus pueblos

Navidades de la realeza: solidaridad, ternura y poses para la foto

La reina Isabel II y los príncipes Carlos, Guillermo y Jorgito en el evento organizado por la Royal Legion

Por: VIRGINIA BLONDEAU
vivirbien@eldia.com

29 de Diciembre de 2019 | 08:07
Edición impresa

Aunque las celebraciones de fin de año en estas tierras son fantásticas para disfrutar de unas pequeñas vacaciones en el mar, al sol o con un asado junto a la pileta, no podemos negar que las navidades blancas europeas son un marco ideal para que las familias reales se retraten junto a los arbolitos nevados y a un Papá Noel con un atuendo que acá lo derretiría.

Mónaco, por ejemplo, ha desplegado este año toda la mística. A la princesa Charlene, esposa de Alberto, el príncipe soberano, se la puede acusar de hierática, ausente, indiferente pero jamás podremos decir de ella que no le pone onda a la Navidad. Participó, junto con su esposo, de la entrega de regalos a ancianos amparados por la Cruz Roja monegasca y, junto con otros miembros de la familia, en el clásico festejo en el que 600 niños son recibidos en el palacio por los Grimaldi. A Charlene se la vio con el rostro bastante hinchado; tan acostumbrados estamos a sus tratamientos faciales continuos que no llamó especialmente la atención pero se especuló con que pudiera estar embarazada o realizando algún tratamiento de fertilidad. Habrá que esperar para saberlo. La pareja principesca también visitó hospitales, centros de adultos mayores y guarderías. Es lo que tiene vivir en Mónaco: el jefe de estado te conoce por tu nombre, te invita al palacio y te lleva regalos a tu hogar.

La familia real belga, fiel a su estilo, realizó un posado extremadamente formal. La familia real noruega, mucho más relajada, compartió, a modo de felicitación, unas fotografías en las que podemos ver a los reyes, Harald y Sonia, con el príncipe heredero Haakon y su familia. Posaron junto a una maqueta del Palacio Real realizada con galletas de jengibre por niños de un jardín de infantes cercano. Se extrañó en la imagen a la princesa Marta Luisa quien últimamente ha protagonizado los titulares de la prensa rosa por la profesión de su nueva pareja: se trata de Durek Verret quien se promociona como chamán… eso sí… un chamán muy VIP que se codea con las grandes estrellas del mundo y ahora con la realeza. Lamentablemente estas celebraciones fueron bastante tristes para esta Casa Real: a la noticia de que el rey Harald se encontraba delicado de salud, se sumó el suicidio de Ari Behn, el exmarido de la princesa Martha Luisa, padre de sus hijas y quien fuera hasta hace meses un miembro muy querido (aún con sus excentricidades) de la familia real noruega.

Un primo de Victoria habría traído el primer árbol de Navidad a Buenos Aires

 

Los protagonistas del saludo de los monarcas suecos han sido sus nietos. La princesa heredera Victoria y su familia enviaron una foto en la que puede verse cuánto ha crecido su hija mayor y heredera, Estelle. La pequeña siempre fue la delicia de los seguidores del mundo royal por su belleza y simpatía. Espontánea, cariñosa, siempre sonriente… hasta ahora. Y es que ya tiene casi 8 años y el gesto de “estoy harta de que me saquen fotos” en el que aparece en la imagen es un signo de que se aproxima, inexorable, a su pubertad.

Los príncipes de Mónaco entregaron regalos a ancianos amparados por la Cruz Roja

 

La familia real danesa ha optado por enviar a los medios un video en el que los príncipes herederos Federico y Mary hacen una recorrida por las caballerizas reales. Un posado de Navidad no muy navideño pero es que en Dinamarca le dan mucha más importancia al Año Nuevo así que habrá que esperar.

Quizás el más significativo de todos los actos de celebración ha sido el que esta semana ha realizado la familia real inglesa: las cuatro generaciones, reina, hijo y heredero, nieto y bisnieto, han mostrado su cara más simpática y solidaria. Se reunieron para apoyar el proyecto Together at Christmas y así pudimos ver al pequeño príncipe Jorge preparando con sus propias manos el tradicional pudding. El padre de la criatura lo ayudaba ante la mirada chocha del abuelo y la bisabuela.

Los Windsor fueron los primeros en armar el árbol de Navidad en el castillo. Ellos están realmente orgullosos de sus árboles y tienen por qué. Después de todo fueron quienes impusieron la tradición.

“Después de cenar, como cada año en el palacio de Sandringham, nos dirigimos al salón de dibujo cerca del comedor. Allí había dos grandes mesas sobre las cuales se encontraban dos árboles de Navidad decorados con luces y todo tipo de adornos. Los regalos estaban cuidadosamente colocados alrededor de los abetos. Mi madre me regaló un pequeño bolsito de color rosa y ligeramente perfumado, tal y como a ella le gustaba; un precioso conjunto de broche y pendientes, libros, algunas pinturas, un vestido de satén rosa y una capa”.

Así describía Victoria de Inglaterra la Navidad de 1932. La entonces princesa, de 13 años, decía que era la época más feliz del año y amaba obsequiar a los suyos y, sobre todo, preparar el árbol.

La costumbre de iluminar (con luces led en nuestros días y con velas allá por el siglo XVIII) y adornar un abeto, había sido introducido en Inglaterra por la reina Carlota, abuela de Victoria, quien había nacido en Alemania. Fue una tradición que caló hondo en la imaginativa y soñadora Victoria y que estuvo encantada de continuar cuando ya en su juventud contrajo matrimonio con el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, también de origen germano.

Los Windsor fueron los primeros en armar el árbol de Navidad en el castillo

 

“Yo he arreglado, en la habitación más grande, las mesas de los regalos de Alberto y mamá con dos buenos árboles de Navidad y mi querido Alberto había arreglado la mesa de mis regalos, en la habitación celeste, con un hermoso árbol” escribió Victoria en su diario el 24 de diciembre de 1840, en sus primeras navidades como mujer casada (y enamorada).

Curiosamente hay muchos indicios de que un primo de Victoria sea el responsable del primer arbolito navideño de Buenos Aires. Según cuenta el autor Pastor Obligado en su libro Tradiciones Argentinas “un 24 de diciembre de 1828, el Barrio del Alto se iluminó con un suave resplandor que asombró al vecindario. La gente se fue acercando en grupos a la casa de Miguel Hines, desde cuya sala con los ventanales abiertos un abedul tachonado de pequeñas candelas irradiaba las sorprendentes luces. De las ramas del abedul pendían muñecas, trompos, soldaditos y cornetas. A sus pies abundaban los caramelos, turrones y chocolates.”

Pero… ¿Quién era Miguel Hines? Hay versiones que indican que se trata del único hijo varón del rey Jorge IV, nieto también de la reina Carlota. Claro que el pobre Miguel había sido engendrado fuera del matrimonio y, por lo tanto, no tenía ningún derecho al trono. Su madre, una de las más queridas cortesanas del rey, lo había dado en adopción a la familia Hines. Cuando su madre adoptiva le reveló quien era su verdadero padre, el joven Miguel entró en pánico y decidió alejarse de una corte en que los juegos de poder podían costarle la vida. Así fue como se embarcó como soldado y recaló en estas tierras en el marco de las invasiones inglesas de principio de siglo XIX. Miguel fue herido en pleno centro de Buenos Aires pero una familia porteña lo acogió en su hogar y lo curó. Y mientras que sus compañeros de armas se rendían y regresaban a su tierra, Miguel se afincó en el Río de la Plata, puso una maderera, se casó y tuvo descendientes, uno de los cuales relata toda esta historia en el libro La corona hecha pedazos.

Al cierre de esta edición aún reyes y reinas no han pronunciado los discursos en el que hacen un balance del año que finaliza y expresan los deseos de rigor para el año que se inicia. Aunque no escapan de lo políticamente correcto siempre la prensa lee entre líneas y encuentra “perlitas”.

Como en todas las familias, entre los royals también hay presencias indeseables, ausencias significativas e, incluso se sabe de festejos que mal han terminado por culpa de viejas reyertas y dos copas de más. Esperemos, por el bien de sus naciones y de sus familias, que sea época de reconciliaciones. Les deseamos, desde estas líneas, un muy feliz 2020 a nuestros fieles lectores.

 

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Multimedia

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