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Séptimo Día |MARIANA EVA PÉREZ
Un dolor contado sin dolor

La segunda edición de “Diario de una princesa montonera” viene con dos nuevas partes y una lengua ácida sin golpes bajos

Un dolor contado sin dolor
4 de Abril de 2021 | 07:04
Edición impresa

Con un lenguaje impertinente y fresco que explora otras vías de diálogos frente a los discursos concluyentes y sacralizados en torno al dolor y la memoria, Mariana Eva Pérez triplica la primera edición de su libro “Diario de una princesa montonera” -el texto autobiográfico en el que desgrana su generación como hija de desaparecidos durante la dictadura cívico militar- y agrega dos nuevas partes, la primera sobre su viaje-exilio en Berlín y la última concentrada en el regreso a Buenos Aires para ser parte de la querella en el juicio por el secuestro y desaparición de sus padres.

Pasaron varios años de la primera edición en el 2012, cuando esa escritura que surgió de un blog con espontaneidad tendió una conversación singular con la memoria y la identidad más cerca de las contradicciones y la ironía, que de los esfuerzos por sostenerlas en cajitas de cristal. “Así somos los hijis –dice la autora-, fans del pasado. Nos gustan los mercados de pulgas y venimos sosteniendo la industria del mosaico calcáreo desde fines de los noventa”. Como ese cruce que roza el humor con una experiencia significativa, las páginas de este libro transitan vertiginosas al ritmo de una lengua ácida, tanto que la misma autora les advierte a sus lectores que no encontrarán “lágrimas o golpes bajos”.

Pero también hay tristeza porque el dolor como una daga está ahí, a veces inmovilizando, otras cuestionando, activando, transformando. Si la autora puede sonar burlona, disonar, explorar instancias que se prefieren ocultas -como las reparaciones económicas o la conflictiva relación con su hermano recuperado- es porque ella misma ha vivido y trabajado toda su vida en este campo: sus rupturas son caminos para entender mejor. Y su relato es conmovedor.

Las víctimas también pueden ser incómodas y Pérez revisa esa categoría hasta hacer del concepto un montón de pedacitos y volver a armarlo. “No es que quiera ser víctima de cualquier cosa a cualquier costo, pero son aspectos del plan, práctica o coso sistemático que no suelen pensarse, su impacto en las familias, en las distintas generaciones”, escribe la autora, o su alter ego la princesa montonera, en este libro reeditado por la editorial Planeta que plantea nuevas interpelaciones en el escenario del presente.

La escritura como modo para reconstruir, sanar, reparar o instalar cuestionamientos marcan la recurrente indagación de “Diario de una Princesa Montonera”, cuya ampliación en esta edición definitiva establece el cierre a una búsqueda literaria y personal que recupera distintas etapas y puntos de vista de la protagonista, desde la investigación académica o la residencia en otro país hasta la maternidad y el juicio por la desaparición de sus padres.

Fue en un ida y vuelta con sus editores que supo que además del juicio debía narrar esa experiencia distanciada con su país de origen. “Me costó muchísimo encontrar qué podía ser interesante porque tenía miedo de contar en una clave snob y tilinga la vida en Europa”, confía. Pero precisamente en ese tramo del relato lo que se expone es el exilio y la maternidad, como un rol que le permitió dimensionar algunas experiencias propias y abrir otras perspectivas para pensar el trauma, el dolor y la filiación.

“Tenemos de vuelta un gobierno de signo kirchnerista con el cual este libro entabla un diálogo crítico paródico interesante, mucho más interesante que si este libro se hubiera publicado en el macrismo, donde yo hubiese tenido que estar enunciando cosas literariamente menos interesantes”, caracteriza la autora.

Mariana nació en 1977 y a los quince meses fue secuestrada junto a su mamá, Patricia Julia Roisinblit, que estaba embarazada. Unas horas más tarde la llevaron con su familia paterna. Ese mismo día también secuestraron a su papá, José Manuel Pérez Rojo. Los dos, militantes montoneros, están asesinados y desaparecidos. Hace dos décadas, Mariana encontró a su hermano que nació en la Esma. Se crió con abuelas que impulsaron búsquedas y levantaron banderas, Mariana toda su vida estuvo atravesada por el “temita”, como dice. Su vocabulario incluye definirse como la “esmóloga” más joven, reconocerse como “militonta” y referirse a su generación de padres desaparecidos como hijis.

En la segunda parte que amplía este volumen, la princesa montonera se exilia a Berlín, “territorio liberado” donde su origen judío no es una amenaza. Allí se calza el traje de la “chica científica”: licenciada en ciencia política realiza su doctorado en Literatura Romántica en la Universidad de Konstanz. Mientras que en la tercera parte, “Mi pequeño Nüremberg” vuelve a Buenos Aires y con una escritura lúcida distanciada del plano emotivo narra el juicio por el secuestro y desaparición de sus padres, donde se presenta como querellante en un proceso que había iniciado a la distancia.

 

Diario de una princesa montonera
MARIANA EVA PÉREZ
Editorial: Planeta
Páginas: 384
Precio: $ 1.390

 

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©Alejandra López / editorial planeta

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