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En su primera novela, Mauro Libertella convierte la muerte de su padre en un acto de duelo, amor y emancipación
El autor publicó la novela en 2010 / Web
En octubre de 2006, Héctor Libertella muere después de una larga enfermedad. Cuatro años más tarde, su hijo, Mauro, publicó “Mi libro enterrado” (2010): un texto breve, de poco menos de ochenta páginas, que se mueve entre el testimonio y la ficción. Lo que podría haber sido una crónica desgarrada de la pérdida se convierte en una novela luminosa sobre la memoria, el vínculo entre padres e hijos, y el nacimiento de una voz propia.
El libro abre con una certeza simple y brutal: “Mi padre se suicidó a cuotas”. Desde esa frase inicial, Libertella hijo se propone desmontar la figura del padre sin indulgencia ni sentimentalismo. Su retrato de Héctor lo muestra como un hombre vencido por el alcohol, dueño de una bohemia feroz, y convencido de que escribir era la única forma posible de vivir. En esas ruinas, Mauro reconstruye no sólo una relación sino también su propio origen como escritor.
La historia se despliega como un mosaico de recuerdos: los años de infancia, el fútbol, los desmayos, el hospital, el velorio. No hay una narración lineal sino una serie de escenas que se enhebran por la fuerza emocional del duelo. Este libro pertenece a esa tradición de obras que convierten la muerte del padre en literatura, pero en la mirada de Libertella hay algo distinto: una honestidad sin artificios, una prosa limpia que busca entender antes que juzgar.
Mauro escribe desde una habitación cargada de silencio. En ese tono templado, casi pudoroso, se advierte el eco de un psicoanálisis largo y necesario, la maduración de un dolor que necesitó tiempo para volverse palabra. “A los 23 él tuvo su primera novela y yo tuve su muerte”, dice, y en esa comparación hay tanto reclamo como comprensión. El hijo que escribe no busca ocupar el lugar del padre, sino fundar otro: devolverle al apellido un comienzo.
Libertella entiende que para poder escribir debía desprenderse del mandato paterno, incluso del destino trágico de la escritura como enfermedad. Así, “Mi libro enterrado” no es solo una elegía: es una declaración de independencia. En ese sentido, su autor no sólo entierra a un padre, sino también un modo de entender la literatura.
No hay en “Mi libro enterrado” espacio para la idealización. Héctor Libertella aparece como un personaje que, desde su encierro y su alcoholismo, decide desaparecer del mundo. Pero el verdadero centro del libro no es su figura sino el modo en que Mauro la escribe. “Desde su muerte, el apellido Libertella vuelve a cero”. Escribir se vuelve, entonces, un acto de fundación: la posibilidad de inventar un origen nuevo, de hacerse un nombre propio.
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