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Temas |DESDE BERISSO, UN OFICIO ARTESANAL VUELVE A FILMAR EL AMOR

“Lo viejo funciona”: un invento de la Región para hacer bodas de película

Matías Mansilla es el primer realizador del país en ofrecer largometrajes de casamientos filmados íntegramente en Súper 8. Con cámaras de los años 70 y 80, propone una forma de registro que se corre de la lógica digital y apuesta por la memoria, la nostalgia y la emoción

“Lo viejo funciona”: un invento de la Región para hacer bodas de película
8 de Febrero de 2026 | 06:11
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En un tiempo dominado por pantallas, algoritmos y registros inmediatos, Matías Mansilla -nacido en la Ciudad Autónoma pero vecino de La Región de toda la vida- decidió ir en dirección contraria.

Mientras la mayoría de los eventos sociales se documentan con cámaras de última generación, drones y entregas exprés para redes sociales, este realizador audiovisual que vive en Berisso volvió la mirada hacia atrás y encontró allí una forma nueva —o, mejor dicho, vieja— de contar historias.

UNA CREACIÓN ¿NUEVA O VIEJA?

Desde hace un año y medio, Mansilla es el pionero en Argentina en realizar películas de boda filmadas en formato Súper 8, un soporte analógico nacido en 1965 que hoy reaparece resignificado como objeto artístico y emocional.

“Mi trabajo consiste en filmar para los novios y sus familias una película del día de la boda, pero de una forma única y sumamente especial”, explica Mansilla en diálogo con EL DIA. Para eso utiliza cámaras originales de las décadas del 70 y 80, reacondicionadas y puestas a punto para su óptimo funcionamiento.

El resultado no es un simple video de evento, sino una pieza cinematográfica breve, cargada de textura, grano y una estética que remite de inmediato al recuerdo.

EL PROCESO

Aunque nació en la Capital Federal, Mansilla se reconoce como parte de La Región. Vive en Berisso, trabaja desde allí y proyecta su actividad hacia La Plata y alrededores.

 

Utiliza cámaras originales de las décadas del 70 y 80, puestas a punto y reacondicionadas

 

No es un dato menor: su oficio artesanal dialoga con una zona históricamente atravesada por la cultura, el cine independiente y las búsquedas alternativas. Desde ese territorio fundó Kia Super 8 Wedding Films, la primera compañía del país dedicada exclusivamente a este tipo de registro.

El camino hacia el Súper 8 no fue lineal. Mansilla es realizador audiovisual y su vínculo con lo analógico se reactivó tras la pandemia. En 2021, luego de terminar un cortometraje que fue seleccionado en el Festival de Cine “Amazonia del Plata”, conoció al director Paulo Pécora, quien presentó una película filmada íntegramente en Súper 8. “Si bien ya conocía el soporte técnico, hasta ese momento no lo tenía tan presente. Eso sin dudas generó algo en mí y me llevó a indagar más, a involucrarme y hacer mis primeros pasos en lo fílmico”, recuerda.

EL FACTOR ANALÓGICO

El descubrimiento coincidió con un fenómeno cultural más amplio: el regreso de lo analógico. Vinilos, walkman, cámaras fotográficas de rollo y digitales, indumentaria vintage y objetos físicos volvieron a circular, primero como rarezas y luego como elecciones conscientes.

Para Mansilla, no se trata solo de una moda. “Hoy lo vintage es una postura de lo físico, lo artesanal y lo latente frente a lo artificial, fugaz y descartable”, reflexiona. En ese sentido, el Súper 8 funciona como un contrapeso frente a la aceleración digital.

Sus referentes confirman esa búsqueda. Nombra a directores argentinos como Pablo César, Ernesto Baca, Paulo Pécora, Daniela Cugliandolo y a figuras pioneras como Narcisa Hirsch. Pero también reconoce que hay algo generacional en este retorno. “Como cualquier persona nacida en los 80, crecí con muchos de estos objetos. Hoy, de adultos, algunos los retomamos por nostalgia y otros por oficio, intentando hacer de ello un medio de expresión y de vida”.

El diálogo con las nuevas tecnologías no es de rechazo absoluto. Mansilla observa el avance de la inteligencia artificial y otras herramientas contemporáneas con atención, aunque sin utilizarlas por ahora. “Pueden ser muy útiles, pero hay algo que nunca podrían replicar: la expresión artística individual o colectiva de una sociedad”, sostiene. Para él, el valor del Súper 8 está justamente en lo irrepetible.

Matías Mansilla / EL DIA

UNA LABOR ARTESANAL

Explicar qué es el Súper 8 implica, también, contar una historia. El formato fue presentado por Kodak en 1965 con la intención de democratizar la filmación doméstica. Permitió que familias y realizadores amateurs registraran viajes, fiestas y celebraciones con cámaras accesibles y proyectores hogareños. Ese ADN doméstico sigue vivo hoy y es clave para entender su potencia emocional. “El Súper 8 sabe a recuerdo, y esa es su principal fortaleza”, afirma Mansilla.

Su método de trabajo se resume en una frase que repite como manifiesto: “sin atajos ni prisas”. Cada cartucho permite filmar apenas tres minutos y quince segundos, lo que obliga a pensar cada plano, a estar presente y a elegir. “El Súper 8 es un espacio donde el tiempo va despacio. Te permite disfrutar sin estar pendiente de nada más que vivir el momento”, explica. Los recuerdos no son inmediatos: llegan después del revelado químico, la digitalización y un proceso de edición artesanal que puede llevar días.

Mansilla retoma una idea de Steven Spielberg, quien definió al fílmico como un “milagro químico”, en contraposición a lo digital, al que llamó “ciencia”. En esa diferencia se juega su elección estética y ética. “Lo digital representa lo que está de moda; lo analógico es ese respiro necesario cuando necesitamos calma”, dice. Y suma una imagen elocuente: un chico en una plaza con walkman y cassette, buscando desconectarse de lo algorítmico.

En ese punto aparece, inevitablemente, “El Eternauta”. “Lo viejo funciona” no es solo una frase icónica de la historieta de Oesterheld: es, para Mansilla, una advertencia y una señal en el mapa. Un lugar donde detenerse, aunque sea por un rato, frente a lo efímero.

 

“Hoy lo vintage es una postura de lo físico, lo artesanal y lo latente frente a lo artificial y fugaz”

 

PRECIOS Y RECEPCIÓN

Desde lo material, el Súper 8 es una apuesta costosa. Cada cartucho cuesta alrededor de 50 dólares en Estados Unidos, a lo que se suman los gastos de importación, revelado y digitalización, que rondan los 90 dólares por cartucho.

A eso se agregan jornadas de edición, licencias de música, almacenamiento y el valor del trabajo creativo. Por ese motivo, los servicios de Mansilla rondan los 1.000 dólares, con distintas opciones según la duración y complejidad de cada boda.

La recepción del público fue, según cuenta, sorprendentemente cálida. “Jamás me pidieron una modificación”, asegura. Los novios confían en su mirada y valoran la película como una obra única e irrepetible. Muchas parejas contratan también un realizador digital, lo que confirma que no se trata de una competencia, sino de una convivencia entre formatos.

Casado desde hace diez años, Mansilla entiende el peso simbólico del día que registra. “Llegan personas exultantes de amor. Saben lo que significa ese momento y qué esperar del Súper 8”, dice. A menudo hay una conexión familiar previa: una cámara guardada, una película antigua, un recuerdo compartido.

Con expectativas altas y un proyecto que considera sustentable, Matías Mansilla se mueve entre pasado y futuro, entre química y memoria. Desde Berisso, con cámaras que sobrevivieron décadas, vuelve a demostrar que, incluso en tiempos de hiperconectividad, lo viejo —a veces— sigue funcionando.

Una de las tomas de Mansilla / EL DIA

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