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Cumple 25 años el stent, una “revolución” con ADN platense

Fue creado por el médico Julio Palmaz, que nació y estudió en nuestra ciudad. Se lo considera uno de los avances más importantes de la medicina moderna

15 de Agosto de 2013 | 00:00
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JULIO PALMAZ, EL MÉDICO PLATENSE QUE REVOLUCIONÓ LA CARDIOLOGÍA CON LA CREACIÓN DEL STENT, UN INVENTO QUE CUMPLE 25 AÑOS Y QUE SIGUE SALVANDO VIDAS EN TODO EL MUNDO
JULIO PALMAZ, EL MÉDICO PLATENSE QUE REVOLUCIONÓ LA CARDIOLOGÍA CON LA CREACIÓN DEL STENT, UN INVENTO QUE CUMPLE 25 AÑOS Y QUE SIGUE SALVANDO VIDAS EN TODO EL MUNDO

Cómo funciona este genial inventoCuando el padre del médico platense Julio Palmaz conducía un colectivo de la línea 508 todos los días desde hora muy temprana, seguramente no se imaginó que su único hijo varón iba a revolucionar la medicina y a salvar a millones de vidas con un invento que en la actualidad ya se reconoce como uno de los grandes progresos de la ciencia moderna.

Hace 25 años Julio Palmaz creó el stent, esa malla flexible capaz de mantener abiertas, después de una angioplastia, las arterias obstruidas. Fue en agosto de 1988. Y a partir de allí el hijo de aquel colectivero platense, que se había recibido de médico en la facultad de Medicina de la Universidad pública, ocupó un sitio de privilegio en la historia de la ciencia moderna.

Su creación salva miles de vidas en todo el mundo: sólo en la Argentina se colocan anualmente más de 40.000 dispositivos de este tipo que permiten restablecer y mantener el flujo sanguíneo allí donde una obstrucción lo obstaculizaba. Y en todo el mundo son más de dos millones por año.

Los especialistas definen el stent como una malla metálica expandible cilíndrica que se coloca en el interior de las arterias, venas u otros órganos huecos cuando presentan obstrucciones generadas por distintas situaciones, especialmente la presencia de colesterol y otras grasas.

El uso más habitual de los stents se da en el tratamiento de obstrucciones de arterias, donde su función es sostener la pared arterial desde adentro.

Los primeros prototipos de lo que más tarde se transformaría en el stent, los realizó en el garage de su casa, adaptado como taller

La eficacia del stent es muy elevada. El riesgo de obstrucción oscila entre el 0,6 y el 1% al año y su utilización permitió reemplazar prácticas más riesgosas, como las llamadas “cirugías a cielo abierto” que requerían, además, una recuperación más prolongada.

Esto sucede porque la colocación de stents se realiza mediante cateterismos: se introduce el dispositivo a través de una arteria con una mínima incisión y anestesia local, con lo que el paciente puede retomar su actividad normal en un corto tiempo.

EL ORIGEN

Se cuenta que Julio Palmaz ideó este implemento después de escuchar una conferencia en New Orleans de Andreas Grüentzig, el cirujano suizo que creó la angioplastía con balón para la estenosis coronaria.

Estos balones tenían como función despejar la arteria, aunque la restenosis con ese sólo procedimiento era alta. De allí que Palmaz se haya planteado la pregunta que flotaba en el aire: ¿cómo generar un dispositivo que permanezca en la arteria y la mantenga abierta?

En base a esa idea comenzó a trabajar en los primeros prototipos de lo que más tarde se transformaría en el stent en el garage de su casa adaptado como taller: tubos duros expandibles por balón dentro de tubos de goma que con el tiempo evolucionarían a una malla metálica en forma de red tubular.

Palmaz por entonces ya estaba radicado en Estados Unidos y en 1983 lo invitaron a incorporarse al Health and Science Center de San Antonio, en la Universidad de Texas, donde siguió desarrollando su invento. Diez años después, tras numerosas pruebas en animales, comenzaron los ensayos clínicos. En 1987 se instaló el primer stent periférico en humanos en Alemania. Y en el mismo año, el primer dispositivo coronario de este tipo en San Pablo, Brasil. La primera patente se registró en 1988 y desde entonces, y lejos de conformarse con su creación, Julio Palmaz patentó 17 productos más y recibió numerosos premios y reconocimientos internacionales. El médico platense también tuvo tiempo para incursionar en la industria vitivinícola, a través de la explotación de viñedos familiares en la zona de Napa Valley, en la llamada “Ruta del Vino” de California

Esa destacada carrera que instalaría su nombre entre los más resonantes de la medicina mundial se había iniciado en La Plata, donde Palmaz nació el 13 de diciembre de 1945 en el seno de una familia trabajadora.

En diálogo con este diario, oportunamente el médico recordó que “mi papá era colectivero. Manejaba un coche de la línea 508. Sin embargo quería para mi lo mejor y a los 9 años me mandaba a estudiar inglés al Instituto Británico a pesar de mis protestas”.

Con su actitud, ese padre colectivero transmitió a Julio Palmaz la idea que se transformaría en la base de su carrera y que hoy comunica, a manera de consejo, a los médicos más jóvenes: “no se compliquen, piensen en grande”. Y amplía: “lo más común es que el médico joven se preocupe por comprarse el auto y la casa. Pone lo material por delante, cuando en realidad esas cosas vienen solas si uno se pone un objetivo grande”.

Y la búsqueda de objetivos grandes aparece como una constante en la historia de este médico platense que cursó la primaria en la Escuela Anexa Joaquín V González, el secundario en el Colegio Nacional Rafael Hernández y se graduó en la Facultad de Medicina de la UNLP en 1971.

Tras desempeñarse en el Hospital San Martín, el Italiano y el Instituto Médico Platense, Palmaz emigró a Estados Unidos en 1977, donde se especializó en Radiología en la Universidad de California. Allí comenzó a desarrollar las ideas que revolucionarían su especialidad.

El médico platense siempre se mostró agradecido a la educación recibida en nuestra ciudad, que le permitió “dar equivalencias en Estados Unidos sin prepararme”.

Y al referirse a la creación del stent, Palmaz dijo oportunamente que “para mi fue un sueño, una cosa inesperada. Cuando empecé con el stent lo primero que tuve fue miedo a que pueda producir algún tipo de daño. En la historia de los dispositivos cardiovasculares hubo muchos errores y fracasos que resultaron trágicos”.

Pero no fue el caso del invento de Palmaz: de la mano del stent, sólo en Estados Unidos, la tasa de mortalidad por infarto de miocardio cayó significativamente entre los años ´80 y el año 2000.

Se estima que más de dos millones de personas por año reciben un stent, cosa que motiva el orgullo del médico platense, quien sin embargo manifestó en más de una ocasión estar algo desilusionado por la escasa evolución que tuvo este tipo de implante en los últimos años.

Convencido en que la próxima revolución en la vida del stent se producirá en el campo de los materiales con los que éstos se construyen, Palmaz ahora investiga en su laboratorio de California alternativas para los actuales tubos metálicos que cumplen esa función, con la idea de reducir su costo y sus efectos colaterales. Para eso incursiona en la nanotecnología, la microelectrónica, la biología y la medicina molecular.

Mientras tanto, el médico platense también tuvo tiempo para incursionar en la industria vitivinícola, a través de la explotación de viñedos familiares en la zona de Napa Valley, en la llamada “Ruta del Vino” de California.

En esas fincas despunta otra de sus pasiones: la restauración de autos de carrera antiguos. Su favorito es el Porsche 917 de 1970, ganador del Gran Prix de Le Mans.

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