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Deportes en la Costa Atlántica

Cada vez gana más adeptos y nuevas disciplinas, ya sea dentro del mar o en la arena. El surf sigue siendo el más clásico aunque con diferentes modalidades y nombres

11 de Enero de 2015 | 00:00
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LA TABLA PARA SURFEAR NUNCA FALTA, SOBRE TODO EN LOS MÁS CHICOS
LA TABLA PARA SURFEAR NUNCA FALTA, SOBRE TODO EN LOS MÁS CHICOS

EL DIA en Mar del Plata
Por AGUSTINA MUSSIO
Fotos DOLORES RIPOLL

Un chico de pie sobre una tabla va remando de lado a lado para adentrarse al mar. Otro salta olas prendido de una especie de barrilete inflable gigante que lo arrastra con la fuerza del viento.

Con un traje de neoprene desprendido hasta la cintura, un morocho musculoso y bronceado camina apurado. Más lejos, un hombre grueso ensaya sobre la arena los pasos que deberá seguir en el agua para surfear.

Mientras que para algunos las vacaciones son para holgazanear, otros aprovechan para practicar deportes sobre el agua o la arena. Al clásico surf, se le sumaron el padlesurf y el kitesurf, que causaron furor este verano.

Lejos del “Me miro el dedo gordo del pie y gozo”, de Roberto Arlt, que podría aplicarse al estado de relajación y descanso que buscan alcanzar algunos veraneantes; cada vez más personas eligen vacaciones moviditas y se enganchan con las disciplinas que se ofrecen en las playas.

Algunos practican deportes todo el año y en vacaciones se lanzan a las actividades que se realizan en el mar. Otros, de vida más sedentaria, desde las reposeras en la arena se tientan con las disciplinas que ven sobre el agua o la arena, y prueban.

una clasico con cada vez más adeptos

El surf es el clásico que suma adeptos cada año. Unas 80 escuelas se distribuyen en los diferentes balnearios de la Costa. Se enganchan niños, adolescentes y adultos, con diferentes condiciones atléticas y estado físico: algunos con mucho y otros con muy poco.

Todos se esfuerzan por mantener el equilibrio sobre una tabla sensible a los movimientos del mar. Chapu, encargado de una escuela marplatense, asegura que independientemente del nivel atlético, en la primera clase la mayoría logra mantenerse en pie, aunque aclara que durante unos pocos segundos.

“Pagás por la experiencia de deslizarte un poquito sobre una ola. La idea es que vivan esa sensación”, cuenta Chapu. Las clases duran una hora y media y cuestan alrededor de 150 pesos. El mínimo de edad es 4 años, y no es requisito saber nadar.

“La tabla hace de flotador y además la profundidad que se alcanza no supera la altura del pecho”, explica el profesor, y cuenta que llegó a dar clases a tres generaciones de una misma familia: abuelo, hijo y nieto. “Los más grandes suelen decirme que lo tenían como una cuenta pendiente”, dice.

A orillas del mar, cinco personas en trajes de neoprene se enfilan frente a un profesor que les habla: un hombre algo panzón de chivita, una nena robusta y, al costado, otra rubia muy delgadita; una mujer de pelo corto que andará por los cuarenta largos, y una treintañera.

Imitan la pose perfilada que les muestra el profesor y que deberán mantener sobre la ola. Panza abajo, braceo y salto de nuevo. La secuencia se repite durante unos 30 minutos. Después entran al agua, cada uno con su tabla. Previo a varios intentos fallidos el hombre de chivita logra deslizarse sobre una pequeña ola, gira la cabeza para chequear que sus compañeros lo estén viendo, pierde el equilibrio y cae. Marcha un nuevo intento.

Algunos abandonan después de la primera clase, otros se entusiasman y siguen practicando para mejorar la técnica. “Hay que aclarar que no es lo mismo deslizarse un poco que convertirse en surfer y hacer piruetas. Eso puede llevar años de entrenamiento”, diferencia Chapu.

Para los chicos se puso de moda la colonia de vacaciones en los balnearios, con clases de surf. Para que les permitan el ingreso es requisito haber tomado al menos 10 clases particulares para emparejar el nivel. Dura cuatro horas diarias y cuesta $1.700 pesos al mes, con almuerzo incluido.

otras practicas que seducen

En las playas más alejadas del centro de Pinamar, a unos 2.000 metros al norte de La Frontera, donde entran las 4X4 y abundan los gazebos de las familias que van a pasar la tarde entera, una nena camina hacia la orilla sujetando sobre su cabeza una tabla un poco más corta que ella. Se mete unos centímetros en el mar y la lanza perpendicular al agua, salta encima y se desliza.

Es uno de los deportes o entretenimientos de playa que más seduce a los chicos. Se llama Skimboard y es una especie de skate acuático. Después de varias horas o días de práctica, algunos logran piruetas. El alquiler de la tabla cuesta $100 la hora o $200 toda la tarde.

Unas tablas similares, que se alquilan al mismo precio, se utilizan para deslizarse por los médanos. La pose es de pie, como surfeando. La disciplina se llama Sandboard, y es un derivado del Snowboard, pero en la arena.

“Con estas tablas se suele enganchar la familia entera, por ahí alquilan una y la comparten. Se pasan la tarde jugando en los médanos”, cuenta Tomás, que tiene un puesto de alquiler y da clases en inmediaciones de la zona conocida como La Frontera.

El Padlesurf es el deporte de moda, sobre todo en Pinamar donde la novedad llama más que en otro lugar. Surgió hace unos tres años, pero este verano sumó adeptos, y muchos quieren probarlo. Se practica sobre una tabla un poco más alta y más larga que la de surf. De pie sobre ella se rema de lado a lado.

Mientras que para algunos las vacaciones son para holgazanear, otros aprovechan para practicar deportes sobre el agua o la arena. Al clásico surf, se le sumaron el padlesurf y el kitesurf, que causaron furor este verano

Aunque también se practica en el río, en el mar se vuelve más adrenalínico por el mayor movimiento del agua. “Se puede agarrar una ola y usar el remo para ir direccionando la tabla. Es mucho más divertido que en el río”, explica Marcelo, que da clases de esta disciplina.

No es necesario contar con un buen estado físico para probar el deporte. En el río, o en aguas calmas, alcanza con tomar una clase para recibir instrucciones, y quedar listo para lanzarse solo. En el mar, se dificulta un poco más: “Se necesitan dos o tres clases porque se suma el tema de pasar la rompiente”, explica el profesor. La hora de curso cuesta $500.

de moda pero dificil

El kitesurf es una de las disciplinas de moda más difíciles de aprender: se necesitan alrededor de seis horas, que se pueden tomar todas juntas en una clase o por separado. En Pinamar, cuesta $650 la hora o $3.000 las seis.

La disciplina consiste en navegar de pie sobre una tabla, atado de la cintura a un barrilete inflable que se mueve con el viento. Las clases implican tres horas de teoría sobre la tierra, y tres en el agua.

Aunque personas de ambos sexos pueden practicar estos deportes, en mayor medida son los hombres los que más se entusiasman. Muchos lo entienden como una alternativa para contrarrestar el sedentarismo de tirarse bajo sol, que suele caracterizar a los días de playa.

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