Los desafíos que el crecimiento económico plantea al medio ambiente han llevado a los ecologistas a reclamar de una manera cada vez más enfática un crecimiento que sea sostenible, para evitar que se agoten los recursos no renovables y mitigar el impacto de la producción y el consumo sobre el entorno natural. En este marco, surgen nuevas propuestas para responder a esas necesidades. Una de ellas, promovida por estos días por ambientalistas platenses, y que tiene cada vez más cultores en el mundo, apunta a promover la “economía circular” o “economía azul”, basada en formas de producción y consumo que apuntan a un uso más eficaz de los recursos, una reducción consiguiente de los costos y disminuyendo el impacto de la actividad económica sobre el medio ambiente.
Así lo indican desde Fundación Biosfera, una ONG ecologista platense que es veedora de las cumbres internacionales de cambio climático en representación de la sociedad civil, y que ya inició una serie de reuniones con empresarios e industriales locales tratando de impulsar los beneficios de este modo alternativo de consumir y producir.
lineal o circular
Contrariamente al modo de producción actual (que es de carácter lineal y se basa en el esquema extraer-producir-consumir-tirar) la economía circular busca aumentar la eficiencia en la utilización de los recursos disminuyendo, paralelamente, el impacto sobre el medio ambiente.
“Esto se basa en tres ejes -según destacan los ambientalistas platenses- concebir (la idea para la producción de un producto o servicio) de manera sostenible, consumir de manera razonable y dar una nueva vida a la materia a través de la gestión de los residuos”.
Son numerosos los sectores de la actividad que pueden trabajar con este concepto y que ya lo hacen en un número creciente de países.
En nuestra ciudad, las pocas iniciativas que se han emprendido en este sentido han sido aisladas, hasta ahora, y no han tenido continuidad, según destacan en Biósfera, donde buscan revertir esta tendencia.
Entre otros ejemplos que se mencionan para la aplicación de estas ideas en la práctica, uno de los que aparecen es el de los criaderos de pollos. Allí, las camas están hechas con virutas que, una vez utilizadas, pueden servir como combustibles para hornos de ladrillos o para calefacción.
Del mismo modo, el compost que se genera en los feedlots donde se engorda el ganado es apto para ser utilizado como materia prima para hacer ladrillos, lo que pérmite ahorrar recursos y reducir costos de producción.
Uno de los impulsores a nivel mundial de estos conceptos es el belga Gunter Pauli, que también defiende el uso de insumos locales para estos procesos.
Pauli destaca que estas alternativas de producción y consumo, a las que llama “economía azul”, también tiene fuertes beneficios económicos: entre ellos el de generar empleos.
Los impulsores de estas iniciativas mencionan el ejemplo del café: sólo se utiliza el 0.2% del café que consumimos y el resto se tira. Pero podría no tirarse y utilizarse en otros procesos productivos. Por ejemplo, como sustrato para la producción de champiñones. También los residuos del café tienen propiedades desodorizantes que incorporadas a textiles permiten controlar olores, filtrar rayos ultravioletas y acelerar el secamiento. Todos estos benficios ya son utilizados por empresas que producen zapatos en Europa, que así logran disminuir sus costos de producción.
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