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DENUNCIAN QUE OCURRE EN LOCALES NOCTURNOS DE LA REGIÓN

Polémica por venta de alcohol y “canilla libre” a menores en fiestas de egresados

Se las conoce como “4,5,6” y reúnen a alumnos del Secundario. Los padres apuntan a las empresas de viajes estudiantiles como las promotoras. En las agencias dicen que la organización depende de los adultos y sus hijos

Por una entrada accesible los menores disponen de “barra libre” durante toda la noche, denuncian los padres /shutterstock

Una invitación con cita en berisso circuló en instagram

Por JORGE GARAY

jgaray@eldia.com

“¿Por qué se juntan? ¿Qué ganan?”, insiste la mamá, y la respuesta de su hija, tiernamente taxativa, no admite repregunta: “Nada. La diversión”.

El diálogo se repite, al menos, un fin de semana por mes. Las protagonistas son platenses. La menor tiene 17, va a 6º de una Secundaria privada de la Ciudad y suele asistir a las denominadas fiestas “4º, 5º, 6º”, en las que, por lo general, los anfitriones son alumnos del último año que reúnen en un mismo lugar a las tres divisiones de diferentes escuelas. Se trata de un universo de adolescentes de entre 15 y 17 años que están en el tramo final de la escuela. Con la graduación en el horizonte y acariciando la adultez, la suya es la edad de la revolución de las hormonas, las emociones y festejos. Sus cuerpos, que se mueven a ese ritmo, lo saben.

El problema son los límites. Y quién los pone.

CANILLA LIBRE

En las reuniones de egresados, sostienen los padres, confirman los chicos, reconocen las autoridades, el expendio de alcohol a menores ocurriría bajo la modalidad de “canilla libre” -una entrada a $200 o $300 puede asegurar bebida sin límites durante toda la noche- en boliches (o salones de fiesta alquilados como tales) que serían facilitados por conocidas agencias de viajes estudiantiles. Las últimas fiestas, según pudo confirmar EL DIA, han tenido lugar en un local de Camino Centenario, en otro de calle 10, entre 49 y 50 -ambos en La Plata-, pero también en un conocido espacio de 122 y 50, de Ensenada. La más reciente, en las instalaciones de un predio ubicado en 122 y 68 -justo en el límite entre Berisso y nuestra Ciudad-, que el último viernes convocó a estudiantes de tres colegios platenses a través de invitaciones que se replicaron en historias de Instagram (Ver foto), que desaparecen en 24 horas, o en las propias escuelas.

“Hoy todo es a través del celular, es raro que haya invitación física”, asegura la mamá de un alumno de 4º que este año comenzó a asistir a este tipo de eventos y que, no sin resignación, cuenta que para obtener su permiso el muchacho debe cumplir con una suerte de contrato: “Si no me muestra la invitación, no va”.

Justifica sus motivos: “Lo que más me preocupa es la ‘canilla libre’. La única manera que tengo de controlar es con la plata que le doy en cada salida, pero con esta modalidad no puedo, porque una entrada los habilita a tomar lo que quieran durante toda la noche”, suelta la mujer, que cada vez que su hijo asiste a una de estas fiestas se encarga de ir a buscarlo cuando amanece: “Hasta ahora nunca lo encontré borracho, pero sé que va a llegar un día en el que se va a zafar”, dice como lamentando.

En la Provincia de Buenos Aires, leyes como la 11.748 o la 11.825 prohiben la venta de alcohol a menores de 18 y bajo la modalidad de “canilla libre”. En el país, 7 de cada 10 alumnos de nivel medio tomaron alguna vez en la vida y casi 6 de cada 10 de los mayores de 15 años lo hicieron en el último mes, contr lo que recomiendan los expertos, que proponen “alcohol cero” hasta la mayoría de edad: “La enzima que metaboliza el alcohol en el hígado funciona correctamente recién entre los 18 y los 20 años, por lo que las borracheras en los adolescentes son más agudas y dañinas para sus neuronas”, explican en la Sociedad Argentina de Pediatría.

RESPONSABILIDADES

“¿Estamos esperando que les pase algo para actuar?”, se pregunta la mamá de un adolescente que, cada vez que su hijo asiste a este tipo de eventos se debate entre la culpa y la resignación: “Lo que me queda es no dejarlos ir más. Pero si todos van y él no se siente discriminado, entonces prefiero dialogar y concientizarlo para que no tome, confiar en él”. “A veces me pregunto -agrega la mujer- si la culpa no es de los papás, por dejarlos ir. ¿Pero qué hacemos, si son las propias empresas de viajes las que los alientan a esto?”.

“Las agencias muchas veces ofrecen estas fiestas como parte de su paquete promocional”, asevera otra madre de una alumna de una Secundaria privada de La Plata y, junto a ella, la menor admite: “Los lugares -para los festejos- en general los da la empresa”.

En las compañías de turismo estudiantil aclaran: “Nosotros no organizamos nada -se defienden en una conocida firma del sector-, sólo auspiciamos, de alguna forma hacemos el nexo con las discos para que a los chicos no les cobren el alquiler. La organización corre por cuenta de los padres y los alumnos”.

Los padres consultados para este informe protestan y sostienen que sus hijos “son los más expuestos” y el adulto que autoriza, “el que peor la pasa”. Pues, sin autorización no hay fiesta, indican en las agencias y explican que un adulto tiene que firmar su responsabilidad ante el evento y que al menos cuatro padres deben permanecer en el lugar de convocatoria. “Eso es lo que nos exigen en los boliches”, aseguran. Los padres lo desmienten e, incluso, cuestionan que en ocasiones el documento que autoriza nunca llega a sus manos y es firmado por un par de sus hijos: “Por ejemplo, un primo o un hermano de 18 años”.

En las fiestas hay variables. En algunas, la invitación es sólo para alumnos de 4º, 5º y 6º de determinadas escuelas y -como respondió la adolescente a su madre- no hay más objetivo que el de “la diversión”. En otras, la invitación es abierta al público y parte de lo recaudado puede destinarse a completar el pago del viaje a Bariloche, cuyo valor actual promedia los $70.000.

“Les dicen que con las ‘barras libres’ podrán juntar plata para el viaje y de esa forma los convencen”, desliza la mamá que tiene a su hijo en 4º y que, como otras, ha empezado a ensayar su estrategia límite: “Como la canilla libre no me permite controlarlo por el lado del dinero, le digo que sólo puedo dejarlo ir a una fiesta” de las varias que se organizan al mes.

Las empresas de viaje también ponen en duda la aplicación de la “canilla libre” en la Ciudad: “Es muy difícil, ya que los padres están presentes toda la noche y, además, porque se asumió el compromiso ante el Intendente de no vender con ‘canilla libre’”. No obstante reconocen la venta de alcohol a menores con el pago de una entrada a $200 que incluye consumisión y advierten que no pocas veces el estudiante “ni siquiera puede entrar al boliche de tanto que ha tomado en alguna previa. Ahí es donde se rompen”.

Frente a la polémica, en la Municipalidad de La Plata informaron que se hacen controles “permanentes”, además de las inspecciones motivadas por denuncias puntuales. Se precisó que en ambos casos, los inspectores de la Secretaría de Convivencia y Control Ciudadano visitan locales de la Ciudad con el objetivo de verificar las condiciones del lugar, horarios, volumen del sonido y el cumplimiento de la normativa vigente en cuanto a la presencia de menores y la venta de alcohol. Si los agentes comprueban alguna falta, desalojan y clausuran el lugar.

Pero, como se dijo, cuando las fiestas se mudan a Berisso o Ensenada estos controles se esquivan. “Estamos al tanto de lo que ocurre, pero no podemos hacer más que actuar ante una denuncia”, explican en las oficinas de la secretaría de Seguridad ensenadense, donde aseguran que la problemática fue motivo de reunión con uno de los gerentes de un popular boliche: “Nos dicen que ellos nada más alquilan el lugar, pero no se responsabilizan por lo que pueda ocurrir adentro”. Por eso, desde la vecina localidad insistieron en la necesidad de denunciar cualquier infracción al 4693155.

Al cierre de esta nota, la denuncia era una opción para algunos padres: “Porque -reflexionan- si desde los 15 les damos ‘canilla libre’, qué podemos esperar de ellos a los 18”.

 

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