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LITERARIAS

María Dhialma Tiberti: Las sombras amarillas

Por Aurora Venturini

Ella nació en el seno de un matrimonio que la amaba y admiraba, y floreció en un niño que colmó su vaso de felicidad.

Fue alumna de la Escuela Normal Mary O. Graham y cursó estudios universitarios en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación logrando el título de profesora en Letras.

Escribió varios libros: "Cielo Recto", "Tierra de Amapolas" y "Las sombras Amarillas", edición del Bosque.

Dirigía Ediciones del Bosque el poeta rural Raúl Amaral y ella se desempeñó como secretaria.

Esas Ediciones sellaron una época ilustre en nuestra ciudad de La Plata. Raúl, sumamente exigente, seleccionó los cuadernillos que se presentaron optantes a su publicación. En cuanto a "Las sombras Amarillas", acertó y las poesías de María Dhialma Tiberti recibieron crítica de Silvina Bullrich, en Atlántida; de Horacio Rega Molina, en El Mundo y de Bernardo Verbitsky, en Noticias Gráficas, entre otros.

María Dhialma profesaba gran apego intelectual por Raúl, aunque su poesía distó de ser rural y campesina, siendo leve e intimista; subjetiva.

Los poetas del "40" generacional nos distinguimos por el respeto a la cuaderna vía, "a sílabas contadas que es gran maestría". Significo la corrección del soneto y los acentos silábicos que suenan musicales al oído del lector. La poesía es Arte de las Artes.

Recuerdo a la joven, mejor, a la adolescente concentrada en unos versos de "El Aire Adolescente", de Amaral: "Solo, entre flores y la yerba verde/ Si alguna luz amante se me pierde/ yo la salgo a buscar, desesperado./ Solo me encuentro. Triste pasajero/ de este viaje plural que es el primero/ y que siento yacer a mi costado".

Significa el sexteto formado por dos tercetos, pie de un soneto bellísimo, rimado petrarquianamente.

Nuestra escritora es la más joven del grupo universitario y culto platense. Sus poemas ligeros y frágiles obligan a una lectura serena y profunda, a fin de su captura, evitando las distracciones que puedan trizar su textura delicada. Muy alejado el estilo de María Dhialma, del rudo y terminante de Raúl Amaral, habitante que fuera de los campos de la localidad provinciana de Veinticinco de Mayo, que pisa fuerte en los surcos bucólicos como su antepasado Héctor Ripa Alberdi: "Feliz el hombre que al llegar el día/ lo encuentra el alba en los floridos campos/ entre una nube de palomas blancas/ siguiendo el ritmo de los bueyes mansos".

Ambos, Ripa Alberdi y Amaral, son el dúo de juglares que loan a la pampa y la vierten en versos que la convierten en un océano de hierbas temblorosas y árboles sacudidos por el viento arisco. La secretaria de Ediciones del Bosque resulta ser introvertida, su universo interior se impone al mundo circundante. Ella dedicará a Raúl Amaral, un poema titulado "La Nostalgia", en el que se trasunta, en el cual exulta la postura de su naturaleza: "Es tan fácil pensar en tonos distantes/ cuando golpean en la ventana/ los ángeles de la lluvia/ y la sombra se estira blandamente inclinada/ dibujando mapas antiguos e ingenuos./ La nostalgia tiene el tallo fino y las manos azules./ Aprieta las coas, los aromas;/ se quiebra en pimpollos salados;/ se prende fugaz a los objetos, al aire;/ se desmaya en casi/ una sonrisa".

Siendo el tema Muerte el constantemente agitado por nuestra generación neorromántica, María Dhialma es la excepción porque evita nombrarla.

Ella emprende una espectacular carrera contra el flagelo inevitable.

El último poema de esta poetisa dice: "Mi corazón está otoñando hiedras/ al comenzar el alba. Implícita alusión a la fatalidad".

La recuerdo linda y discreta, concentrada y lectora; ráfaga muy bella.

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