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"EL JUEGO DEL BEBE": MENTIRAS VERDADERAS

13 de Noviembre de 2001 | 00:00
Por IRENE BIANCHI

"El juego del bebé", de Edward Albee. Traducción y adaptación: Fernando Masllorens y Federico González del Pino. Elenco: Norma Aleandro, Jorge Marrale, Verónica Pelaccini y Claudio Tolcachir. Escenografía y vestuario: Oria Puppo. Música original: Oscar Edelstein. Dirección: Roberto Villanueva. Teatro Municipal Coliseo Podestá.
El dramaturgo norteamericano Edward Albee (1928) nació en Washington y fue adoptado de niño por el acaudalado ejecutivo de teatro Reed Albee, de la cadena de teatros de variedades y salas cinematográficas Keith-Albee. Sus obras más conocidas en nuestro medio son "Historia del Zoo" (1959), "¿Quién le teme a Virginia Woolf?" (1962) y "Tres mujeres altas" (1991), pieza por la que ganó su tercer Premio Pulitzer en 1994.
Junto a Beckett, Ionesco y Genet, Albee es uno de los exponentes más destacados del teatro del absurdo. Siempre cuestionó y sigue cuestionando el optimismo ingenuo y complaciente del "Sueño Americano" (título de otra de sus obras), y centra su temática en el aislamiento, la alieneación, la desesperanza y la incomunicación entre los seres humanos.
En "El juego del bebé" lo primero que llama la atención es que los personajes no tienen nombres. Ellos son simplemente: la Chica, el Chico, el Hombre y la Mujer. Los jóvenes conforman una parejita que lleva poco tiempo de casados y -aparentemente- tienen un bebé recién nacido. Están en pleno enamoramiento y se lo pasan correteándose y haciendo el amor.
La pareja de mediana edad, en cambio, contrasta con la naturalidad de los chicos, con su desnudez literal y simbólica. Ambos parecen escapados de un vodevil decadente y "actúan" todo el tiempo. "El" (Marrale), oficia de relator o presentador, y se embarca en divagues filosóficos acerca de lo verdadero y lo falso, la ficción y la realidad. Su aspecto, sus gestos y su andar son los de un clown siniestro que provoca hilaridad y espanto.
"Ella" (Aleandro) vive inmersa en sus recuerdos de juventud (seguramente fabulados), cuando era una muchacha irresistiblemente bella y seductora. Su voz aniñada y su picardía le confieren un aura de mujer buena e inofensiva.
Si bien los personajes no parecen estar en ningún lugar demasiado preciso, todo hace suponer que los adultos han "invadido" el ámbito de los chicos, y no con las mejores intenciones. "Hemos venido a llevarnos al bebé", aclara el Hombre sin ambages, ante la mirada atónita de los jóvenes.
El gran interrogante es si ese bebé realmente existe o si es una criatura ficticia que la parejita se ha inventado (como Martha y George en ¿Quién le teme ...?). ¿Qué simboliza el bebé? ¿La juventud, las ilusiones, la esperanza, la inocencia, el amor, la pureza, el paraíso del que aún no han sido expulsados? Tampoco sabemos a ciencia cierta si el Hombre y la Mujer representan al Destino, al futuro de estos jóvenes, a la voz de la conciencia, al mundo que les espera... Deliberadamente, Albee plantea preguntas perturbadoras, pero no facilita ninguna respuesta que calme nuestra ansiedad y nos libere de tantas dudas.
Las composiciones de Marrale y Aleandro son soberbias. Ambos despliegan un arsenal de recursos con los que construyen personajes ambiguos e inquietantes, por momentos patéticos y dignos de compasión, para luego transformarse en seres oscuros y perversos, capaces de cualquier iniquidad.
Asimismo, Claudio Tolcachir y Verónica Pelaccini son dos jóvenes revelaciones que desbordan frescura y espontáneidad en la composición de las contrafiguras.
La dirección de Roberto Villanueva es ajustada y precisa. Los climas se van alternando con un "timing" perfecto.
El broche de oro de la velada fue el debate al que tan generosamente se prestó el elenco una vez terminada la función. Allí los espectadores que se animaron a quedarse, dialogaron informalmente con los actores y compartieron sus dudas e inquietudes con todos los presentes. Se generó un riquísimo y fértil espacio de pensamiento y reflexión, tan necesarios en momentos como éste que, al igual que la pieza de Albee, plantea muchas preguntas y ninguna respuesta.
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