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"Los psicoanalistas deberían hacer el duelo de sus propios ídolos"

Alejandro Dagfal es psicólogo e historiador, y ha investigado minuciosamente el desarrollo de la psicología en nuestro país. En esta entrevista, ofrece su mirada sobre la actualidad de este campo del conocimiento, así como el desafío de su corriente más difundida, el psicoanálisisPor ANDRES RIVELLI

"Los psicoanalistas deberían hacer el duelo de sus propios ídolos"

¿Qué pasa cuando una doctrina que está destinada a ser resistida se convierte en un discurso normativo y hasta hegemónico?, se pregunta Dagfal al analizar el fenómeno del psicoanálisis en nuestro país

31 de Diciembre de 2011 | 00:00

Como tantos, alguna vez Alejandro Dagfal sintió la curiosidad de saber el origen de esa figura tan fuerte de nuestra cultura que conocemos como psicólogo. A diferencia de otros, él mismo había egresado de la Universidad Nacional de La Plata con ese título, con lo cual el interrogante adquiría otra dimensión.

Tras casi diez años de investigación, muchos de ellos en Francia, en 2005, Dagfal defendió su tesis doctoral en Historia en la Universidad París VII, bajo la dirección de Elisabeth Roudinesco, una de las intelectuales francesas más reconocidas de la actualidad. Allí, a lo largo de más de cuatrocientas páginas, este psicólogo e historiador platense abordaba con una profundidad inédita la historia de la psicología en Argentina.

Con aquel trabajo como base, en marzo de 2009 editó el libro "Entre París y Buenos Aires. La invención del psicólogo (1942-1966)", en la prestigiosa editorial Paidós, obra que mereció, el pasado mes de agosto, el Primer Premio Nacional de Ensayo Psicológico (otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación).

Radicado nuevamente en nuestra ciudad, actualmente se desempeña como investigador del Conicet y es profesor adjunto en la cátedra de la Historia de la Psicología de la Universidad de Buenos Aires.

Pero si para algo sirve la historia, sin dudas, es para comprender el presente, y en este caso particular, el del complejo mundo de las especialidades relacionadas con el estudio de la psiquis.

"Si hay algo que resulta evidente para cualquiera que se interese en lo que podríamos llamar el campo 'psi' es que no hay una unidad. Digamos que para el común de la gente no es sencillo determinar si tiene que consultar a un psicólogo, un psicoanalista o un psiquiatra. Son preguntas de difícil respuesta, incluso para los propios practicantes de las disciplinas 'psi'", asegura Dagfal.

Como para aclarar un poco el panorama a quienes no estén familiarizados con estas disciplinas, el psicólogo-historiador aclara: "Por ejemplo, un psicólogo y un psiquiatra son profesionales que tienen un título habilitante, otorgado por la universidad, mientras que el título de psicoanalista no existe como tal, y menos en la universidad. Por más que los psicoanalistas gocen de muchísimo reconocimiento. En este sentido, para la gente que no está empapada en este tipo de temáticas todo resulta bastante confuso, porque se trata de un panorama disciplinario que tiene múltiples atravesamientos, en el que, según la teoría que se siga, va a ser diferente la dirección de la cura, porque también se conciben de una manera diferente las causas de la enfermedad. No digo esto para intranquilizar al público, sino como para asumir una realidad que es la fragmentación del campo 'psi'".

FREUD Y EL PSICOANALISIS

Sin embargo, en el imaginario popular de nuestro país, la figura del psicólogo está emparentada con la imagen de Freud, el inconsciente y otros conceptos teóricos propios del psicoanálisis.

"El psicoanalista puede ser psicólogo, puede ser psiquiatra o puede no tener ningún título universitario, siguiendo los preceptos establecidos por Freud, quien fue el fundador tanto de la doctrina como de la práctica psicoanalítica. El psicoanálisis es una teoría particular porque, a pesar de haber muchas teorías dentro del campo 'psi', es la única que ha dado lugar a un movimiento institucionalizado. De hecho, el psicoanalista es el resultado de una formación que poco tiene que ver con el ámbito universitario. Si bien se enseña en la universidad, aquéllos que se dicen psicoanalistas no lo hacen por haber recibido el título de psicólogo o de psiquiatra, sino porque han tenido una formación analítica en instituciones específicas por fuera de la universidad. Pero también los hay que se dicen psicoanalistas siendo autodidactas, con lo cual es un tema bastante complejo, en la medida en que el público, generalmente, no sabe bien de qué se trata ni con quién se trata".

En forma breve, ¿cómo definiría al psicoanálisis?

"Es una teoría particular dentro de un campo complejo que se basa en los descubrimientos de Freud, principalmente. Tiene algunos principios fundamentales como son la transferencia y el inconsciente. La primera define a una relación terapéutica con una persona específica, que a su vez sirve de pantalla en la cual el paciente puede proyectar conflictos pretéritos con otro tipo de figuras, con el fin de resolverlos de una manera menos dolorosa. De allí que Freud considerara que la transferencia era algo así como el 'motor' del tratamiento. La existencia del inconsciente, por su parte, implicaría que lo que somos está determinado por lo que ocurre en 'otra escena' de la que sabemos muy poco. Esto hace que los psicoanalistas induzcan, de alguna manera, una especie de descentramiento, de invitación a ir más allá del control del yo, del control de la conciencia, para ser más claros. Por eso, el mismo dispositivo analítico se basa en la asociación libre (esta idea de que el paciente diga lo que se le viene a la mente, tan popularizada en nuestra cultura). En esa dirección, el diván (que evita la relación cara a cara), el silencio del analista, lo que buscan es que, a partir de esa transferencia y de esa dimensión inconsciente, los conflictos que motivan la consulta puedan expresarse en el curso de las sesiones analíticas, yendo mucho más allá de lo que el sujeto sabía sobre ellos el día en que decidió acudir a un psicoanalista".

LOS DESAFIOS ACTUALES

Indudablemente, el psicoanálisis es la forma de psicoterapia más popular en nuestro país. Es la que ha tenido mayor difusión en todos los ámbitos, desde la televisión, pasando por los medios gráficos, e incluso en el teatro o el cine. Es conocido que Argentina tiene una de las tasas más altas de psicoanalistas por habitante en el mundo. Pero esa popularidad también implica grandes desafíos para esta teoría.

"Freud creía que el psicoanálisis estaba destinado a traer a la luz conflictos inconscientes que implicaban representaciones inadmisibles para la conciencia, ya sea ideas vinculadas con la muerte o con el sexo, que de un modo u otro resultaban insoportables. Entonces, al menos en nuestro país, cabe preguntarse ¿qué pasa cuando una doctrina que está destinada a ser resistida se convierte en un discurso normativo y hasta hegemónico? En las universidades públicas hoy en día el psicoanálisis tiene un lugar muy importante y es algo así como la matriz teórica dominante en la formación de los psicólogos argentinos. Entonces, se impone otra pregunta: ¿qué pasa con el carácter contracultural que debería tener el psicoanálisis para mantener su poder cuestionador? ¿Qué pasa con el carácter revulsivo de las verdades inconscientes cuando el psicoanálisis se ha popularizado o se ha banalizado de esa manera?".

Esa confusión entre psicólogo, psiquiatra o psicoanalista que señalaba habla de este desdibujamiento de lo que ofrece cada uno.

"Por eso, independientemente del título profesional de quien lo ejerza, uno de los grandes desafíos es recuperar ese costado cuestionador inherente al psicoanálisis, y por otra parte que, en ese movimiento por recuperar su capacidad de cuestionamiento, el psicoanálisis logre reinventarse de tal forma que pueda dar respuesta a los desafíos más actuales. En este momento, los pacientes no son los que atendía Freud hace más de un siglo (esas histéricas con los brazos paralizados de los primeros historiales freudianos). Hoy tenemos anoréxicas, toxicómanos, depresivos, gente que lo último que quiere hacer es ir a tirarse a un diván y asociar libremente. El desafío es cómo se hace, en un momento en el cual es difícil que la gente crea en algo, para recrear una relación que justamente se basa en una creencia, esta de que el analista es depositario de 'algo' que puede curar al paciente. ¿Cómo hacer, en una época en la que prácticamente se han deshecho todo tipo de lazos de dominación, para que se pueda crear esta forma de dominación artificial que implica la transferencia, que es algo así como la palanca de la cura".

¿Cómo se logra esto en una sociedad como la actual?

"Sin dudas no es sencillo. Creo que ha habido grandes cambios por parte de la comunidad analítica para adaptarse a estos desafíos. Sin embargo, también es cierto que muchos pacientes comienzan a descreer del psicoanálisis y adoptan otro tipo de caminos que parecen ser mucho más atractivos y más cortos. Una célebre historiadora del psicoanálisis ha dicho que así como el siglo XIX fue el siglo de la psiquiatría, y el siglo XX fue el del psicoanálisis, el siglo XXI sería el de las psicoterapias, en la medida que éstas prometen eficacia a corto plazo, lo cual las hace más atractivas para lo que reclama el aire de los tiempos. Por más que ese espíritu de época no conduzca a nada bueno".

EL PESO DE LA INSTITUCIONALIZACION

Para Alejandro Dagfal, un tercer desafío para el psicoanálisis estaría ligado a lo institucional, dentro de las instituciones analíticas mismas.

"Me parece que hace falta una adaptación de las formas organizacionales para que estén a tono con el discurso del que son portadoras. Para decirlo con un ejemplo concreto, siendo que el psicoanálisis se vale de la transferencia para lograr determinados efectos terapéuticos, al final de un tratamiento la idea es que esa transferencia se disuelva. En cambio, en las instituciones, suele ocurrir lo contrario: esas transferencias se estimulan porque generan mayor cantidad de seguidores o de miembros. En ese punto, las instituciones analíticas tienden a ser más conservadoras que transformadoras. Creo que ese tipo de contradicciones suelen ser callejones de difícil salida para el psicoanálisis mismo", afirma el historiador.

Algo similar ocurre en el ámbito de la universidad, donde el psicoanálisis ocupa un lugar predominante.

"El psicoanálisis no nació en la universidad ni necesitó de ella para expandirse. Freud tuvo, en ese sentido, que generar todo un movimiento por fuera de las instituciones y particularmente, por fuera de la universidad, que no lo aceptaba. Su ingreso a ese ámbito académico fue bastante tardío. No obstante, hoy en día, en Argentina se da una situación muy especial, sobre todo en las universidades públicas, en las que el psicoanálisis detenta un rol hegemónico. Y, como ya lo señalé, este lugar de privilegio implica responsabilidades ampliadas. Creo que el hecho de que el psicoanálisis hegemonice la formación de los psicólogos en la Argentina no está ni mal ni bien (siempre hay una teoría que predomina; en casi todo el resto del mundo se trata del cognitivismo). Pero ese lugar de privilegio implica la responsabilidad de estar a la altura de ese desafío. Con la transmisión universitaria a veces se corre el riesgo de repetir consignas huecas, como muletillas, con lo cual esas verdades supuestamente contraculturales y revulsivas del psicoanálisis terminan perdiendo su filo, se terminan asimilando en un discurso que pierde de vista sus orígenes, su fines y hasta su esencia".

Al mismo tiempo, las instituciones analíticas, según vimos, no están exentas de este mismo tipo de dogmatismos, que se sostienen en el principio de autoridad. "De pronto, las cosas dejan de ser ciertas porque se verifican en los resultados de una práctica, sino que lo son porque las dijo 'el maestro', ya sea que se trate de Sigmund Freud o de Jacques Lacan, su célebre discípulo francés. En ese contexto, para decirlo brevemente, creo que uno de los grandes retos para el psicoanálisis de nuestra época reside en que los psicoanalistas puedan hacer el duelo de sus propios ídolos. Sólo de ese modo podrán ayudar a que los pacientes hagan el duelo de los suyos".

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