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Información General |DEL HOMO SAPIENS AL “HOMO DIGITALIS”

La dependencia tecnológica ¿el fin de habilidades básicas como la de escribir?

Advierten que el uso de nuevas herramientas digitales haría que el conocimiento sea reemplazado por la información y que el hombre pierda competencias que lo han acompañado durante siglos

7 de Julio de 2013 | 00:00
La dependencia tecnológica ¿el fin de habilidades básicas como la de escribir?

Desde que se popularizaron los teléfonos inteligentes y las tablets, una escena familiar se ha vuelto cada vez más común: la de niños muy pequeños manejando esos aparatos con una soltura tal que resulta difícil de creer. Tanto es así que muchas veces sus abuelos creen estar ante un genio precoz. ¿Pero se trata de talentos extraordinarios, meros productos de su generación o -como sostiene Román Cendoya- la prueba viviente de un futuro poco alentador?

Para este investigador español, autor de “rEvolución” -un libro que analiza el paso del homo sapiens a lo que llama el “homo digitalis”-, el surgimiento de nuevas tecnologías, y con ella una sociedad que valora menos el conocimiento que el acceso a la información, llevará a que el hombre pierda habilidades básicas como la de escribir, pero también la de analizar.

Así como hoy mucha gente echa mano a la calculadora del teléfono celular para hacer una cuenta compleja que ha olvidado cómo realizar, “en un futuro cercano se va a perder también la habilidad de escribir”, sostiene el autor. “Ya hay programas a los que uno les dicta lo que sea y te lo escriben mejor que una secretaria. Si se cuenta con esa aplicación desde que uno nace... -plantea Cendoya- ¿para qué tomarse entonces la molestia escribir?”.

El problema es que “cuando nosotros les damos los aparatos, los niños dejan de llenar su ‘disco duro’ de una manera muy natural -dice- . Y si uno no forma su ‘disco duro’ para que sepa comparar, retener y analizar datos, luego no será un ser independiente capaz de tener en consideración o desconsideración los contenidos que le llegan; en suma, no tendrá la capacidad de pensar”.

De ahí que si bien se dice que vivimos en “la sociedad del conocimiento”, Cendoya afirma que el conocimiento está en retroceso y que el hombre ya no debería llamarse “sapiens” sino “digitalis”, ya que su conocimiento pasa ante todo por saber cómo se accede a la información.

TIEMPO DE TRANSICIÓN

De la misma forma que el hombre de Cromañon y el Sapiens compartieron el planeta, pero sólo el segundo de ellos sobrevivió, el “homo digitalis” terminaría a la larga por imponerse, sostiene el autor de “rEvolución”, quien entiende que ese cambio se daría por una simple cuestión de comodidad: “¿es que alguien renuncia ya al control remoto del televisor?”.

Mientras tanto, hoy viviríamos un momento de transición en el que conviven tres generaciones muy claramente observables y a las que Cendoya denomina como la de los “botónicos”, los “prebotónicos” y los “táctiles”.

“Los prebotónicos son nuestros padres o abuelos, a quienes la tecnología digital les parecía cosa de brujas cuando llegó. En su momento creían que el fax marcaba una frontera difícil de superar y hoy hablan con sus nietos por Skype. Muchos saben utilizar las nuevas tecnologías pero no tienen ni repajolera idea de lo que hacen, porque cuando aparecieron en el mercado ellos ya eran adultos”, describe el autor.

Luego vienen los “botónicos”, aquellos que eran niños o jóvenes cuando la era digital comenzó “En algún momento los botónicos fuimos la vanguardia, pero la tecnología ha avanzado tan rápido que nos hemos quedado atrás, y aunque sabemos de sus ventajas, nuestra formación no nos permite ir a ese ritmo”, dice.

Finalmente están los “táctiles”, la generación de los niños nacidos con la tecnología digital y a los que nadie tuvo que enseñarles a usarla porque lo aprendieron de sólo ver. “No se preocupan en memorizar nada porque saben que la información la tienen ahí”, “se vinculan con sus pares por medio de la tecnología “ y “prefieren comprar las entradas del cine por internet para no tener que hablar con nadie o por pura comodidad”.

UNA PELIGROSA CONFIANZA

Pero la diferencia entre una y otras generaciones no se basaría sólo en el uso que hacen de las nuevas tecnologías sino en la confianza que tienen en ellas como medio para relacionarse con la realidad.

“Se ha comprobado que si se le pide a la gente hacer una cuenta a mano y luego con una calculadora que anda mal, elige siempre el resultado de la calculadora, que es erróneo. `Me habré equivocado`, piensan. En este sentido, si bien a los `botónicos` y `prebotónicos` la tecnología nos causa problemas por falta de destreza, al menos sabemos que las máquinas se equivocan. Dentro de algunos años ya no lo sabrá nadie más”, señala Cendoya, quien cree que es precisamente esa confianza ciega lo que más atentaría contra la supervivencia de ciertas habilidades básicas del hombre como la de escribir.

“Sin duda que cuando uno aplica una tecnología para reemplazar cierta función pierde a la larga su propia capacidad de desarrollar esa función”, reconoce el profesor Alfredo Palacios, el director educativo del Instituto Eureka, resaltando el hecho de que hace cientos de años al aparecer la escritura el hombre dejó de recitar de memoria la Odisea entre otros largos relatos de tradición oral.

Sin embargo, entiende Palacios, “esas pérdidas no son necesariamente algo negativo si uno las analiza como parte de un crecimiento integral. A veces son lo que da lugar a que emerjan perspectivas nuevas. Por eso no podría afirmar si constituyen un avance o un retroceso; tal vez no sean más que un cambio de rumbo en la búsqueda del hombre por conocer el mundo que lo rodea. La cuestión central es qué me devuelve el uso de esa tecnología a mí”, dice.

Si el uso de las tecnologías digitales va a llevar a que en algún momento el hombre pierda su capacidad de escribir es algo que Silvia Bacher, especialista en educación y ex consultora de la UNESCO dice que no se atrevería a pronosticar. “De lo que estoy segura es que estamos atravesando un momento de fuerte transformación y que la escuela tiene que hacerse cargo de ese desafío. Porque no basta con entregarles netbooks a los chicos”, agrega.

A su modo de ver, en una sociedad donde lo que prevale es la información, resulta “más importante que nunca recuperar desde la escuela la pregunta, el hábito de la indagación como el camino hacia el pensamiento propio. Porque es cierto que la información está ahí, más al alcance de lo que haya estado jamás, pero hace falta un proceso propio para transformarla en conocimiento”.

PERDIDA DE COMPRENSIÓN

Frente a la incertidumbre sobre el impacto que podrían tener las nuevas tecnologías en la formación de las próximas generaciones, un dato que resulta incuestionable es que a lo largo de los últimos años ha venido descendiendo la capacidad de comprensión lectora de los niños, como evidencian los informes del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA).

Y este fenómeno, según entiende el autor de “rEvolución”, también tendría que ver con el surgimiento de las nuevas tecnologías digitales. “Las pantallas de los ordenadores y de las tablets no están hechas para leer, y por esta razón nadie lee ya más de dos párrafos seguidos”, asegura Cendoya,

Pero la pérdida de la capacidad de comprensión lectora respondería además al hecho de que ”las nuevas generaciones de estudiantes sienten que no necesitan retener información al leer porque toda la información está a su alcance todo el tiempo en internet y pueden volver a consultarla tantas veces como lo deseen”, entiende el autor.

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