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María Mercedes Faggionato, sobrina de Arturo Frondizi, custodia de “La Elenita” en los médanos de Ostende, la cabaña construida por el ex presidente y su familia en 1935 donde veranearon durante cuatro décadas
Por Marcelo Ortale
Es una casilla de madera, de 32 metros cuadrados, levantada en 1935 por las familias Frondizi y Faggionato, que es mirada con respeto por los turistas que ingresan al balneario “El Faro” de Ostende. Una empalidecida Bandera que flamea avisa que allí hay algo fuera de lo común. La cartelería lo confirma. Se trata de un lugar rico en historia.
Pintada de verde, tiene un living de entrada, con un escritorio, cuatro camas estrechas usadas como sillones, un dormitorio luego, un baño y una cocina. Es todo. Pero en ese ámbito de notable modestia faltan mencionar los libros, los documentos, las fotos familiares y las de los visitantes que le dieron más lustre aún a “La Elenita”, así bautizada la casa por el ex presidente Arturo Frondizi en recuerdo de su hija, que murió víctima de una enfermedad a los 37 años. Hay dos fotos blanco y negro que muestran a un robusto Carlos Gessel en la casilla junto al entonces joven Arturo Frondizi.
Los Frondizi –su padre Don Julio, constructor y carpintero; parte de sus trece hermanos, entre ellos Oreste, Silvio, Risieri y Ricardo- así como los Faggionato, emparentados por el casamiento entre Arturo y Elena Faggionato- “preconstruyeron esta cabaña como un mecano en la casa de Villa Urquiza y la trajeron a Ostende, para armarla en 1935”, dice María Mercedes Faggionato, custodia de la casilla, hija de Alfredo y sobrina del ex presidente.
el desembarco
La venida de aquellos precursores fue toda una aventura. “El terreno lo habían comprado por plano, como se hacía antes. Era un desierto de arena frente al mar, salvo el hotel Ostende construido por los belgas de Buenos Aires. Se decidió emplazar la casilla casi en la playa. Pero acá también puedo mostrarle estas fotos en donde usted puede ver a los Frondizi bajando libros de un carro, porque eran todos intelectuales y leían en la arena. A veces leían bajo las estrellas, hasta altas horas, iluminados por un farol de noche”.
Montada sobre pilotes de madera, la cabaña que el 5 de enero pasado cumplió 80 años deja entrever que sus constructores conocían y respetaban el manejo del entorno natural. Sin embargo, en el curso de las décadas “La Elenita” sufrió la fuerza de la arena que la tapó casi completamente –hay fotos de la mujer de Frondizi y de su hija caminando por el techo de la casilla”- y hoy la acumulación de arena bajo su piso está generando una incipiente pudrición de la madera de pinotea con que fue construida.
“Otra vez la acosa el deterioro”, dice María Elena. Tanto la sobrina de Frondizi como la fundación que ella preside no recibieron ni reciben un peso del Estado nacional, ni de la Provincia ni de la municipalidad de Pinamar. “Yo trabajo de administradora de propiedades en Ostende y hace poco vendí a un vecino el jardín de mi casa en un barrio de Buenos Aires, para poder afrontar los gastos de mantenimiento de La Elenita”.
monumento historico
María Mercedes dice sonriendo que la casa fue construida por la “unione e benevolenza” de dos familias de inmigrantes italianos (los Frondizi-Faggionato) y que todo continúa igual con “La Elenita”, una casilla que fue declarada monumento histórico por la ley provincial 12.933. “Todo es divino, pero la casa se está desarmando”, añade.
Salvo el caso de escuelas -este año fueron diecisiete, de la zona- la casa no recibe visitas. Es muy pequeña, se ingresa por una escalera con cuatro escalones algo desvencijados. Y además, claro, no hay personal para atender como es debido a los eventuales visitantes.
“Más allá de la buena voluntad de algún funcionario municipal, no existe ninguna clase de apoyo. La casa se lleva mis recursos personales”, reitera.
A fines de los 80 la cabaña pasó su peor momento, ya que fue usurpada durante algunos inviernos, hasta que la sobrina del ex mandatario y la recuperó y reacondicionó, devolviéndole la solidez que había perdido. Pero el viento, la erosión y la indiferencia pública están haciendo de las suyas otra vez.
No faltan apoyos declamativos. Además de la ley que la declaró monumento histórico y que la incorporó al “patrimonio cultural de la Provincia de Buenos Aires”, se sancionó en 1994 la ordenanza que declaró “vecino ilustre” de Pinamar a Arturo Frondizi y en ese mismo año de “interés municipal” a la cabaña construida por el ex Presidente, incorporándosela en 2001 al Código de Preservación Patrimonial mediante ordenanza 185, entre otras resoluciones.
María Mercedes Faggionato vuelve a sonreír: “Mire, Frondizi no tiene una calle que lleve su nombre, no tiene una plaza en todo el país... Pero tiene su recuerdo en esta casita”.
¿Qué recuerdos tiene de Arturo Frondizi?
“Tengo un recuerdo poco conocido de él. Una característica de la que se habla poco, que incluso no la destacan muchos de sus historiadores: me refiero a su sentido del humor. Era muy agudo cuando quería serlo. Además de extremadamente inteligente”
¿En qué años veraneó aquí en la casilla?
“Bueno, desde que la construyeron en 1935 hasta que asumió la presidencia de la República en 1958, todos los años. Como presidente no vino, pero creo que tampoco veraneó. Después volvió todos los años hasta 1966 y algunos aseguran que vino en 1972 y siguió de cerca un pequeño proceso de restauración. Yo vine a tomar posesión de este bien en 1992, le avisé a Arturo que iba a restaurar y custodiar la casilla y él se alegró mucho. Quiero insistir en esta idea, cuando Arturo y Elena vinieron en 1935 aquí no había absolutamente nada. Ve estas fotos, aquí se ve la casilla como perdida en un desierto”.
¿Quedaron pocos descendientes de Frondizi?
“Si, Frondizi se fue quedando solo. Primero murió Elenita, muy joven. Era una pedagoga brillante y su padre quería que se dedicara a la política, creo que incluso la estaba preparando. Los antecedentes de Elenita puede verlos en google. Después murieron su esposa y sus hermanos. Quedan sus nietos directos, Mariana y Diego Seghetti Frondizi”
¿Por qué veraneó tantos años en esta casilla?
“Mire, creo que hay dos valores que deben ser puestos de relieve. El primero es el apego de esa gente a un estilo natural de vacaciones que hoy pareciera extinguido o que, en todo caso, está tratando de resurgir. El segundo valor es el respeto a los valores naturales, reflejado inclusive en este estilo constructivo no rígido, que respetó el principio de que la arena pueda moverse libremente por debajo. Me parecen valores ejemplares”.
Siendo “La Elenita” patrimonio provincial podría suponerse que merecería algún respaldo...
“Un organismo provincial dedicado al tema del patrimonio envió hace un tiempo una partida de dinero a la municipalidad de Pinamar, para que fuera destinado al mantenimiento de la casilla... pero ese dinero nunca salió de la municipalidad de Pinamar... Fue la única vez que casi se recibió algo...”
Es de suponer que tratándose de un bien que perteneció a un ex presidente, que se encuentra instalado en un lugar turístico y que es motivo de atracción, en estas décadas la Presidencia de la Nación habrá ofrecido algún aporte...
“Sí, supongo que la Presidencia podría también preocuparse. Podría ser declarada sitio histórico nacional. Pero vea, a mí me gusta mucho hacerle “olé” a la gente que quiere sacar rédito político. Yo no quiero que La Elenita sea botín de ninguna campaña electoral”
¿Qué le comentan los turistas?
“Viene mucha gente emocionada y algunos se ponen a llorar... Hay veces que siento que debería ser psicóloga o psiquíatra. Sabe, en los últimos años Frondizi –que vivía en Berutti y Pueyrredón- se había vuelto muy religioso e iba a misa en una iglesia cercana. Bueno, un turista me contó que él iba a verlo arrodillado, que se ponía en el banco de atrás y que cuando le veía los zapatos con media suela se ponía a llorar... Me lo contaba y de vuelta se le llenaban los ojos de lágrimas”.
¿Usted cree que existe algún motivo de naturaleza política por el cual no se le presta atención a esta casilla de Frondizi?
“No, no creo eso de alguna motivación política... Lo que sí creo es que hay muchos que no les gustará verse en este espejo...”
******************
“Este solar que Arturo Frondizi solía disfrutar en vacaciones alberga aún hoy el espíritu de austeridad cívica y sencillez republicana de este entrañable amigo de la naturaleza”, dice una de las placas colocadas, en este caso, por un centro de estudios que lleva su nombre. En alguno de los artículos periodísticos que tocan el tema de “La Elenita”, uno de sus sobrinos, Román Frondizi, dijo en alguna oportunidad al recordar antiguos veranos en Ostende: “Eramos nosotros, las dunas y el mar”. Ahora, su sobrina política, María Elena Faggionato está por empezar “el libro de la casita”. Lo hará “porque hay que hacerlo”. Para fijar, como si fuera un médano, este sencillo ejemplo que legó un hombre público, Arturo Frondizi, que murió el 18 de abril de 1995, a los 86 años de edad.
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