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Toda la semana |ENTRE ANGUSTIAS Y RISAS, TODAS HACEN MALABARES
Dedicación full time: madres al borde de un ataque de nervios

Una encuesta revela cuántas horas diarias maternas se dedican a cada actividad en cuarentena -trabajo, hogar, tareas de los hijos…-, y el resultado es que las jornadas pueden tener ¡más de 30 horas!

Dedicación full time: madres al borde de un ataque de nervios

Juliana Vigo es psicóloga y mamá de mellizos de un año, y un nene de 5

12 de Julio de 2020 | 02:39
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La cuarentena total, estricta, cayó de sopetón apenas dos semanas después de comenzadas las clases de los chicos. Como cada año, el romanticismo de las vacaciones, y los días de verano libres, en familia, había llegado a su fin. El primer día en las aulas asomaba para traer un poco de orden en las agendas, y cierto alivio: esas horas en las que los nenes están en el colegio rendirían como oro en el marco de nuestras rutinas. Pero sonó una alarma: ¡PANDEMIA! El mundo entero se había enfermado por un virus que en enero nos parecía exótico, y de repente los alumnos empezaron a dibujar al flamante coronavirus en sus cuadernos y carpetas. El problema estaba más cerca.

Primer caso en Argentina. Suspensión de clases. Aislamiento social preventivo y obligatorio. La secuencia se dio en el medio de un pánico generalizado, viendo las noticias de cómo en Europa morían personas de a miles. Nos guardamos, empezamos a cocinar todas las recetas a nuestro alcance, a ver a la escuela en casa como la alternativa durante unas semanas. Pero pasaron más de cien días, y las madres, en su mayoría, pasaron ser una especie de ayudantes de cátedra, las intermediarias entre las maestras y los estudiantes, sobre todo en el caso de los más pequeños. ¿Habían soñado alguna vez con volver a cursar quinto grado y tener que reaprender sobre triángulos isósceles, escalenos, equiláteros, ángulos agudos y obtusos? A las que sí, el sueño se les ha vuelto realidad. A las que no, la coyuntura les deparó el papel central en una tragicomedia en la que de a ratos todas son risas, juegos de mesa y experimentos gastronómicos con pibes curiosos y cariñosos, y de a ratos invade el vértigo de ensamblar las videollamadas del trabajo, el classroom de los nenes -con sus cambiantes ganas de entrar en “modo escolar” y sus volubles estados de ánimo-, y algunas de las tareas hogareñas y mandados esenciales.

“Ahora dividen de otra forma. Tuve que aprenderla para enseñarle a Juan. ¿En qué momento cambiaron las matemáticas?”

Lucía,
mamá de Juan y Mora

 

Deconstruidas o no, las madres, como todos, se enfrentan a una nueva realidad en la que es indispensable establecer nuevos acuerdos familiares y de pareja para no estar 24/7 con la limpieza, la comida, los deberes infantiles, el trabajo y las compras para abastecerse. Según una encuesta de la organización Grow sobre “Género y Trabajo”, la cuarentena les ha agregado a las “mujeres de la casa” cuatro horas extra de dedicación a labores de cuidado y tareas domésticas.

Con ese plus, son en total diez horas y media diarias las que dedican a las labores de la casa y el cuidado de los niños. Si les sumamos las horas de descanso, más las de trabajo y compras, la encuesta de Grow arroja que el promedio de hora/madre por jornada en cuarentena es de… cerca de 30.

“Estamos acostumbrados a ayudarlos con las tareas escolares siempre, pero ahora ocurre que no vienen de la escuela con el material en la carpeta y con algunas nociones, sino que todo lo tenemos que aprender en casa. Googleamos, tratamos de interpretar y cumplir con las consignas. A veces es realmente agotador y lleva mucho tiempo. Un tiempo que en casa los chicos a veces no están dispuestos a invertir. Cuesta muchísimo sentarlos con las tareas”, dice Romina Carrasco (40), mamá de Santino y Baltazar, mellizos de 10 años. Y agrega: “a veces tengo que elegir si cumplir con mi trabajo o hacerlos cumplir a ellos con la escuela, porque a todo no llego”.

“Una vez por semana me voy al auto, que está estacionado en la vereda, a chatear con mis amigas. Pongo música. Estoy conmigo”

Bárbara,
mamá de Luna

 

Georgina Sticco, ingeniera informática y co-fundadora de la organización Grow explica sobre la encuesta: “teniendo en cuenta las horas que invierten en cada actividad, a las personas que viven solas o en pareja, el día les da un número normal de 24 horas. A las mujeres que tienen hijos y están en pareja, les da 30 horas; a las que están solas con los niños, hasta 35 horas. Mientras que, a los varones solos con niños, les da 24 horas. El 47 por ciento de los varones cree que los chicos hacen las tareas solos. Son datos a tener en cuenta: en lo personal para reestablecer acuerdos y en lo laboral, para que las empresas tengan en cuenta esta nueva realidad”.

DE PELÍCULA Y MALABARES

Juliana Vigo es psicóloga y mamá de mellizos de un año, y un nene de 5. La realidad laboral y el contexto de cuarentena la tienen en casa desde el 13 de marzo último. Asegura que “el estar las 24 horas con la familia, a la mujer-madre la hace multiplicarse y dividirse a la vez. Es como una multidivisión, un neologismo nuevo. Porque estás limpiando el baño y los chicos te piden agua, o te dicen que tienen hambre, y a la vez recibís un mensaje desde el trabajo diciendo que tenés que entregar tal o cual cosa. ¡Es casi imposible! Hay que dividirse en 3 y/o multiplicarse en 3, en lo que es trabajo, casa, chicos. A veces lo veo como como una película en diferentes géneros: por momentos es de terror, dramática. Pero en un segundo podés pasar a reírte de las situaciones de desborde que se viven a diario”.

“En una rutina sin cuarentena también hacemos las mismas actividades, pero dividimos las energías. Ahora es distinto, porque de algún modo estamos ocupando las 24 horas del día a hacer todo casi a la vez”, describe: “realmente pasa que en una milésima de segundo cambian los ánimos: en un momento estás muy enojada y al rato te estás matando de risa. Yo pienso que lo más importante es relajarnos un poco y flexibilizar. Que los chicos no miren tele es imposible, no prestarles el celular, también. Las tareas de la escuela, que las hagan hasta donde puedan. Debemos priorizar la salud mental porque todos estamos encerrados, no sólo los adultos. Para preservar nuestra salud mental es importante que todos estemos dispuestos a ser más flexibles”.

“Creo que es fundamental -aunque es lógico que las rutinas no se pueden establecer como en época laboral y escolar presencial- que haya un horario en el que se termine el caos y poder hacer lo que uno tiene ganas: relajarse, darse una ducha, tener un tiempo de pareja, porque si no es más caótico de lo que uno puede imaginar”, advierte la psicóloga.

“Otra cosa fundamental es permitirnos placeres o cosas que antes solo dejábamos para el fin de semana. Por ejemplo, tomarnos una copa de vino o algo similar: ahora nos podemos mimar, debemos permitirnos esas cosas cuando las queremos: un vinito, un chocolate. ¡Ya veremos cómo vamos a salir de esto! Siempre digo que se debería poner de moda el cuerpo de la Gioconda… y post pandemia lo vamos a necesitar”, bromea Juliana con los mellis balbuceando a dúo detrás.

Marieta Vagnoni, mamá de Amelia (8) y Oliverio (6), empezó un trabajo nuevo en marzo, mismo mes en el que “Lolo” empezaba primer grado en un nuevo colegio. Para rematar en términos de novedades, llegó el COVID-19 y con él, la cuarentena. “Literalmente hace más de 3 meses que hago malabares para coordinar todo. En casa somos 4: mi compañero, los niñes y yo… más el perro”.

El nuevo trabajo en una dependencia de prensa provincial se empezó a hacer de modo on-line, al igual que las tareas de los niños. Marieta instaló su escritorio al lado de la cama, para poder tener un espacio más íntimo y apartado del resto de las actividades del hogar. “En este contexto mi compañero está con menos trabajo que yo, así que se puede hacer cargo de las tareas de los chicos. Pero, de todos modos, se complica seguir la ruta de las nuevas tecnologías. Ellos son nativos digitales, pero nos cuesta mucho estar en el mismo espacio: los dispositivos, los auriculares, si no tenés una casa gigante, hacés todo en los mismos espacios. Cuesta”.

“El modo cuarentena en mi casa es yo intentando tener videollamadas de trabajo, con los auriculares puestos y el teléfono, caminando por la casa. Me voy al patio, porque adentro están los chicos corriendo con el perro y no se entiende nada. Entro a las reuniones sin video y sin audio, hasta que voy entrando un poco en confianza o acomodando la escena”, se ríe la periodista mientras describe su día a día en el que a la vez están “todos mitad en pijama, mitad cambiados, intentando trabajar, hacer las tareas, jugar un rato… todo junto. Las cosas de la casa las llevamos como vamos pudiendo. Bajamos las expectativas de orden. La señora que trabaja en casa desde marzo no viene, por supuesto, así que hacemos todo nosotros, como podemos, la vamos piloteando”.

“Un par de veces me hice la enferma para irme a la cama a ver series tempranísimo y que me atiendan”

María Luz,
mamá de Mateo

 

“Hay días mejores y días peores. A veces hay cansancio, otros optimismo y buena onda. Van variando los ánimos. Lo cierto es que el Gobierno y el contexto nos pide que nos quedemos en casa y nos sentimos privilegiados porque lo podemos hacer. Por momentos es simple entender que necesitamos muy poco para estar bien, para vivir. Creo que después de todo esto vamos a soltar algunas cosas materiales sobre las que estábamos encima constantemente. Este período de austeridad nos está enseñando que no necesitamos muchísimo. Lo complejo es a veces entender que no todos pensamos lo mismo ni respetamos la cuarentena y ver lo que está pasando afuera de casa, en términos de enfermedad y de muerte” subraya Vagnoni.

“Es difícil explicarles a les niñes que es lo que pasa afuera, con la gente que sale igual y se enferma. Pero bueno, se les explica y luego vamos al patio, jugamos juntos, con el perro. En otro momento no lo hubiera visto nunca viable. Y ahora veo, siento, que los cuatro acá la estamos pasando bastante bien. En contacto con familiares, amigues, conscientes de los cuidados que tenemos que tener. Aprendiendo este nuevo mood”, sostiene Marieta.

Georgina Sticco, quien además es mamá de dos niños de 7 y 10 años, tiene una visión de la realidad actual de las madres equiparándola con la del “micro-management”: la maternidad en cuarentena se volvió una especie de observatorio constante. No hay mucho momento de relax. Por lo tanto, hay que buscar bajar la tensión. Nuestro consejo es que cada uno en la casa esté haciendo lo que puede hacer, lo que quiere hacer. Cada pareja tiene sus propios acuerdos y después de tres meses quizás es un buen momento para preguntarse ‘¿este acuerdo funciona?’ Y si no es así, volver a formularlo, para liberar la tensión y estar todos un poco más cómodos en esto de reinventar las rutinas y surfear la incertidumbre”.

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Juliana Vigo es psicóloga y mamá de mellizos de un año, y un nene de 5

Marieta Vagnoni, mamá de Amelia y Oliverio

Si la casa es chica, todas las actividades se hacen en el mismo ambiente

La oficina al lado de la cama

Georgina Sticco, ingeniera informática y co-fundadora de la organización Grow

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