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MIRANDA ECONOMICA

Mitos y realidades de un nuevo Botnia, de apellido Famatina

Por MARTÍN TETAZ (*)

Mitos y realidades de un nuevo Botnia, de apellido Famatina

Mitos y realidades de un nuevo Botnia, de apellido Famatina

El 31 de agosto del año pasado, Osisko Minig Corporation, la principal empresa canadiense dedicada a la exploración y explotación de minas de oro anunció la firma de un acuerdo con la empresa provincial riojana Energía y Minerales Sociedad del Estado (EMSE), por el que conformaba un Join Venture (70% de los canadienses y 30% de la provincia) para la exploración de un área de 40 kilómetros cuadrados ubicada entre las localidades de Famatina y Chilecito. El acuerdo incluye una opción de explotación de las reservas en caso de que efectivamente se descubra que su cantidad y disponibilidad geológica lo justifica.

Como en Botnia, el diablo de los sesgos cognitivos de "salto a conclusiones" y "confirmación de hipótesis" mete la cola. En esta oportunidad además también se suma el "sesgo de disponibilidad".

El "salto a conclusiones" tiene que ver con nuestra velocidad para clasificar la realidad y generalizar, conformando categorías y apresurándonos a poner etiquetas.

La categoría "mega minería a cielo abierto" es rápidamente accesible y ya posee varias etiquetas, de modo que cuando una empresa de la magnitud de Osisko aparece en el escenario es fácil saltar a la conclusión de que Famatina será un proyecto de mina a cielo abierto y que por lo tanto contaminará, puesto que ésa es la etiqueta que le hemos puesto a la categoría.

NUESTRA HIPOTESIS

El sesgo de confirmación de hipótesis, a su turno, es el responsable de que sistemáticamente filtremos toda la información de los medios, prestándole atención sólo a aquella que confirma nuestra hipótesis.

Así, del mismo modo que prejuzgamos y pensamos que los rugbiers son violentos, los negros son chorros, los políticos son corruptos, los judíos avaros, las gordas simpáticas y los petisos agrandados, concluimos que los canadienses son una especie de mega monstruo capitalista contaminante que vienen a hacer en Argentina lo que no pueden hacer en sus tierras.

No prestamos atención al hecho de que la mina más importante de Canadá, propiedad de Osisko, es de hecho una explotación a cielo abierto que, con reservas comprobadas por 10,71 millones de onzas de oro (cotiza a 1.740 dólares la onza), tiene casi 5 veces la extensión de Famatina (230 kilómetros cuadrados, versus 40), como así tampoco recalcamos en el detalle de que Osisko trabaja con los estándares regulatorios de Canadá (no los de Mozambique ni los de Uganda), al punto tal de que ha sido galardonada en 2010 con "The Syncrude Award for Excellence in Sustainable Development" que es el premio que entrega el Instituto Canadiense de Minería Metalúrgica y Petróleo al emprendimiento que mejor refleja el principio de sustentabilidad, entendido como "Cubrir las necesidades de la generación actual sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias".

Famatina, en comparación, está en pañales. Como recién se inicia la exploración (está previsto que lleve 4 años) todavía nadie tiene la menor idea de cuánto oro habrá ni de cuan factible será su extracción. Tampoco se sabe cuál será la mejor tecnología de extracción y por ende no puede estimarse el beneficio económico potencial, aunque siguiendo las estimaciones del profesor James Otto y colegas del Banco Mundial sí se sabe que el fisco terminará recaudando cerca del 40% del valor del oro que eventualmente haya (entre regalías, impuesto a las ganancias y otras cargas) y que adicionalmente se apropiará del 30% de los beneficios finales por ser socio en el proyecto.

No obstante, nos preocupa desmesuradamente por culpa del sesgo de "disponibilidad", que es el responsable de que sistemáticamente dirijamos nuestra atención a un hecho, porque mediáticamente es más accesible y existen representaciones mentales ya construidas que facilitan el análisis, aún cuando comparativamente sea mucho menos significativo que otros.

MIRADA DESPAREJA

Así, nos horrorizamos ante el prospecto (improbable) de una contaminación que podría llegar a producirse dentro de más de 4 años en una remota localidad distante y no marchamos ni repudiamos en Facebook a la empresa ABSA que, con el caño emisor roto, vuelca las cloacas de la Ciudad en la costa del Río de La Plata sin absolutamente ningún tratamiento, tal y como lo hace la mayor parte de las localidades del conurbano, no vemos la contaminación real y actual de las industrias radicadas en la vera del Riachuelo que le pudren literalmente la vida a millones de habitantes, ni pedimos que cierre la destilería de Ensenada aún cuando el aire que se respira en las inmediaciones resulta nauseabundo para el que no está acostumbrado.

Por otro lado, queremos resolver en una asamblea o en una marcha lo que la legislación argentina ya resolvió acabadamente con la Ley 24.585 (Código de Minería) estableciendo la obligatoriedad de los análisis de impacto ambiental correspondientes y la absoluta responsabilidad de la empresa en todos los daños ambientales que eventualmente causara.

Cuando la finlandesa Botnia comenzó la construcción de su proyecto en la localidad de Fray Bentos, sobre el río Uruguay, una pueblada similar a la riojana estalló en Gualeguaychú. Al día de la fecha, sin embargo, ningún control detectó contaminación, pero las pérdidas por el comercio interrumpido y el deterioro de las relaciones diplomáticas son incalculables, mostrando el devastador efecto que causa el reemplazo de la ciencia y la ley, por el folclore popular teñido de sesgos cognitivos.

No hipotequemos el desarrollo. Apliquemos a rajatablas las regulaciones y los criterios de los países que admiramos por su crecimiento económico y social sustentable, como Canadá y Finlandia. Cumplamos la ley. Y que caiga quien caiga.


(*) El autor es economista, profesor de la UNLP y la UNNoBA, investigador del Instituto de Integración Latinoamericana (IIL) e investigador visitante del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (CEDLAS)

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