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A 30 años de la caída, en Berlín hablan de un muro que sigue creando diferencias

Mientras mañana será el tiempo de los festejos, analistas observan realidades distintas entre vecinos del este y el oeste

A 30 años de la caída, en Berlín hablan de un muro que sigue creando diferencias

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8 de Noviembre de 2019 | 03:06
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El muro cayó. Pero 30 años después, y pese a los grandes esfuerzos de cohesión, persisten las diferencias económicas, sociales, políticas y culturales entre el este y el oeste, algunas de las cuales alimentan en la antigua Alemania oriental el ascenso de la ultraderecha.

Cerca de la localidad de Probstzella, cuando la carretera 85 cruza una zona boscosa, un pequeño desvío lleva, en unos metros, a una pista forestal en la que se alza una discreta torre blanca, de base cuadrada y dos pisos de altura. Es una de las torretas con las que la Alemania comunista pespunteó la frontera con la República federal entre 1961 y 1989, desde la que se disparaba a quien tratase de huir del país.

Desde la carretera, sin embargo, apenas se percibe el momento en el que se atraviesa la antigua frontera, el actual paso entre los estados federados de Baviera y Turingia. Y pudiera parecer en esa calzada uniforme que las diferencias entre uno y otro lado se han subsanado después de tres décadas. Pero la realidad es bien distinta.

Kronach, el distrito bávaro al sur de la frontera, en la antigua Alemania occidental, disfruta de una renta per cápita por encima de los 31.000 euros, según la Oficina Federal de Estadística (Destatis). Su vecino del norte, el distrito de Saalefeld-Rudolstadt, de la extinta República Democrática (RDA), tiene una renta per cápita que no alcanza los 24.000 euros. Más de 7.000 euros en apenas unos metros.

La frontera puede verse en otros indicadores socioeconómicos. La tasa de desempleo en Turingia el pasado agosto era del 5,3 % (y en los cinco “Länder” de la Alemania del este menos Berlín, del 6,4 %), cuando en Baviera era del 2,9 % (y la media del oeste estaba en el 4,8 %). También es evidente en la demografía. La edad media entre los bávaros es de 43,6 por ser uno de los estados más dinámicos y ricos; mientras que la de Turingia era 47,0 años, la segunda más elevada tras Sajonia-Anhalt, otra antigua región de la RDA.

Ésta es la regla, no la excepción. El último informe anual sobre el Estado de la Unión Alemana, presentado a finales de septiembre, reconoce que en la actualidad el poder adquisitivo del este supone un 75 % del de la Alemania occidental y que los salarios brutos y la renta disponible equivalen al 85 % del de la otra mitad del país. Pero el documento prefiere poner el acento en la significativa mejora que ha experimentado el cuadro macroeconómico de toda la región en las últimas tres décadas. En 1990 el poder adquisitivo en la RDA era un 43 % del de la RFA.

“Si miramos cuál era la situación en Alemania y en Europa hace 30 años, podemos decir que la reunificación fue un golpe de suerte en nuestra historia alemana”, aseguró al presentar este estudio el comisionado del Gobierno alemán para los nuevos estados federados, Christian Hirte, cristianodemócrata de 43 años que pasó sus primeros 13 en la RDA. “Casi nadie podía imaginarse entonces lo rápido que podía llevarse a cabo la reunificación y lo que hemos conseguido en los últimos 30 años”, agregó.

Miles de millones de euros -muchos de ellos del impuesto de solidaridad que se instauró en los 90 y se desmantelará para una inmensa mayoría en 2021- fluyeron al este, donde se levantaron bloques de viviendas y fábricas, donde se renovaron y revitalizaron centros urbanos e infraestructuras públicas, de colegios y hospitales a conexiones de alta velocidad para internet, pasando por carreteras y vías de ferrocarril. Aunque las mejoras no llegaron a todos por igual ni igualaron al resto del país.

“En muchos casos - justifica Hirte- las causas de que el este de Alemania esté aún económicamente rezagado tiene que ver con errores políticos previos a 1989, en relación a las medidas del gobierno comunista. Cuando cayó el muro, la RDA estaba agotada no sólo en términos económicos y financieros, sino también ecológicos, políticos y morales”.

El filósofo Michael Bittner, columnista del principal diario sajón, el “Sächsische Zeitung”, asegura que muchos alemanes del este “se sienten aún ciudadanos de segunda clase” porque consideran que Berlín desatiende sus problemas. El informe sobre el Estado de la Unión Alemana pone cifras a ese sentimiento: el 57 % de los habitantes de los nuevos estados federados se considera “alemán de segunda” y sólo el 38 % cree que la reunificación fue exitosa.

Reiner Klingholz, director del Instituto de Berlín para la Población y el Desarrollo, matiza por su parte que la “frustración” que sienten muchos ciudadanos del este “no proviene de compararse con cómo estaban hace tres décadas, porque objetivamente su situación ha mejorado de forma significativa, sino con cómo viven o creen que viven sus conciudadanos del oeste. Ése es el espejo en el que se miran. Y no les gusta lo que ven”.

En bici
La franja de terreno sobre la que se levantaba el muro de Berlín, de más de 160 kilómetros, se convirtió en una ruta para bicicletas en la que se encuentran huellas de la transformación vivida por la capital alemana desde 1989, rodeando lo que en otros tiempos fue la Berlín Occidental.

 

 

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