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Argentina tumbó a otro gigante y es finalista

El conjunto nacional derrotó 80-66 a Francia y el domingo irá por el título contra España. Ya pasaron dos potencias europeas y se viene una tercera.

Argentina tumbó a otro gigante y es finalista

Foto: Clarín

13 de Septiembre de 2019 | 14:04

Será difícil conciliar el sueño. El deporte argentino, de la mano del básquet, otra vez, nos regaló una caricia inmensa, un día que se recordará por siempre. El fin de la Generación Dorada abrió un sinfín de interrogantes y plantó la idea de que los mejores años eran parte del pasado y que había que despedirse de los primeros planos. Pero hubo un grupo de jugadores, liderados por Luis Scola, el “Gran Capitán”, que no se resignó a perder ese status.

Hoy Argentina venció 80-66 a Francia y se metió en la final del Mundial de China. Al igual que en 1950 en el país y en 2002 en Indianápolis. El convencimiento, trabajo y ganas de competir hicieron posible lo impensado para muchos. Por no decir para todos.

Scola fue el líder del triunfo en semifinales con 28 puntos y 13 rebotes. Sacó a pasear a los internos galos y dio una clase de básquet a sus 39 años. Desde lo individual fue una vez más el valor más destacado, aunque el núcleo del conjunto nacional está en lo colectivo.

La defensa volvió a imponerse, como en cada uno de los partidos. El poderío francés quedó reducido por la tarea de Argentina. En ofensiva, las variantes marcaron la diferencia, ya que cada integrante del equipo cumplió su rol y sumó cuando debía hacerlo.

Manu Ginóbili miró el partido desde la tribuna y no hizo falta que nadie deseara que ingrese. Facundo Campazzo, Nicolás Laprovíttola, Gabriel Deck, Marcos Delía, Patricio Garino y compañía fueron los responsables de ello. Le mostraron al mundo que la celeste y blanca está en buenas manos y que su compromiso es admirable.

Querían escribir su propia historia y lo están haciendo. Cuando parecía que los mejores años habían pasado, se encargaron de decirnos que estábamos equivocados. Creyeron en sus posibilidades y no se sintieron menos que nadie. Porque como lo dijo el Oveja Hernández, “primero hay que creer”.

El combinado nacional cumplió con su objetivo principal, que era la clasificación a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, y después de eso tumbó a dos gigantes de Europa. El hambre, el deseo, la ambición de ir por más estuvieron latentes. Ese fuego invita a soñar, aunque ahora estará enfrente la experimentada y sólida España.  

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