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Norma Penjerek: secuestro, asesinato y poder en los 60

El emblemático caso policial que mantuvo en vilo al país y que aun hoy sigue siendo un misterio nunca esclarecido por la Justicia. La investigación se hizo en La Plata

Norma Penjerek: secuestro, asesinato y poder en los 60

Norma Penjerek / Archivo

Por: RICARDO JAÉN
@r_jaen

2 de Febrero de 2020 | 06:06
Edición impresa

Cuando mi amigo de toda la vida, “El Bocha”, al pasar por su casa de la infancia (calle 10 y 40 en La Plata) donde estudiamos gran parte de la carrera de Historia me dice: tenés que escribir sobre el caso Penjerek y me habla del abogado platense Víctor Roberts Alcorta, una leyenda con su stud “Mate y venga”. (Él con risa socarrona explicaba que era por el juego del truco)

De su costumbre de sacar la silla a la puerta en el verano para tomar “la fresca” y hablar con los vecinos en su casa de la esquina en 8 y 39, tan obeso como buen orador con su camioneta carrozada estacionada en la vereda, que será vital en esta historia en el desarmado de la burda trama policial. También del Juez de la causa, otro platense, Alberto Garganta, que aparentemente fue presa de fuertes presiones que trató de “manejarlas” hasta que le retiraron la causa.

No pude entonces resistirme a intentar una crónica que solo refleja una caprichosa investigación.

Norma Mirta Penjerek tenía 16 años y había nacido el 28 de noviembre de 1945, el año en que aún se daban retoques a como sería la nueva geografía de las naciones en el mundo de la posguerra.

El estado de Israel solo existía en la imaginación de algunos de sus principales líderes de su futura creación y la posibilidad de hacer justicia con los responsables de la Shoá (Holocausto) era aún “un sueño muy difuso de un puñado de mujeres y hombres”.

Norma vivía con sus padres sobre la avenida Juan B. Alberdi al 3200, en el límite de los barrios porteños de Floresta y Flores. El suyo era un hogar de clase media baja.

Enrique, el padre de Norma, trabajaba como empleado municipal, y su madre, Clara Breidman, era enfermera.

Producto de la ola inmigratoria después de la primera guerra mundial, el abuelo paterno de Norma que había nacido en Plock, entonces Polonia, llego a la Argentina huyendo de las terribles persecuciones que empezaban a generalizarse en Europa a los judíos, se radico en la ciudad de Buenos Aires y tuvo cuatro hijos.

Heredando las tradiciones de sus padres los Penjerek era judíos practicantes.

Formaban una familia típica de la clase media aspiracional porteña, con una rutina establecida, cumpliendo las obligaciones con el templo y la comunidad, ahorrando en gastos para invertirlos en la educación de su única hija en un país donde la movilidad social ascendente tenía como uno de sus vehículos principales precisamente el estudio.

Clarita y Poroto (los apodos para familia y amigos de los padres) estaban contentos del futuro proyectado para su hija que estaba cursando el último año en el Liceo Nacional de Señoritas Nª 2 “Amancio Alcorta” para luego ingresar a estudiar Odontología en la Universidad ese fatídico año de 1962.

De la misma forma que el padre la había hecho socia del Club Vélez Sarsfield y la tuvieron que dar de baja porque no hacía ninguna actividad allí, posteriores entrevistas con familiares, vecinos y amigos testimoniaron acerca de “diferencias entre padre e hija” acerca de gustos en la música, permisos de salida y quizás cigarrillos, que fueron utilizados en historias de “miedo para adolescentes de los peligros de la noche” en publicaciones muy populares y sensacionalistas.

En realidad nada fuera de lo normal para la época quizás solo exacerbado por las fuertes convicciones religiosas del padre.

Hechos y protagonistas: en un abanico horario que va desde las 18.30 a las 20.00 horas del día 29 de Mayo de 1962, Norma como habitualmente hace se dirige, esta vez caminando por un paro en el transporte, a la casa de su profesora de inglés distante más o menos a 20 cuadras en la calle Boyacá al 420 donde tomo su clase normalmente, según los dichos de la profesora Perla Stazaver de Priellitansky, y se retiró aproximadamente a las 8 de la noche con destino a su casa.

Nunca más se la vio aparecer con vida.

Los padres hacen la denuncia a la policía (Seccional 40) que le da en principio un tratamiento de tipo burocrático, después de esperar las “famosas 24 horas para descartar una travesura de jóvenes” se librara el correspondiente pedido de paradero.

Con el correr de los días y ante la total ausencia de noticias se comenzó a utilizar a los medios: foto en los diarios, en televisión y descripción por la radio, entre las características se mencionaban tres que luego serían motivo de polémica: su edad 16 años, cabello castaño y un metro con cincuenta cinco de estatura.

El tema llego al público y también paso a ser de interés fundamentalmente de los diarios de la tarde (La Razón y Crónica) y también en el matutino El Mundo, que empezaron a “ensayar teorías acerca de la suerte de Norma”.

Las más populares, qué atraían muchos lectores, eran las relacionadas a la trata de personas para la prostitución mezclado con la droga de la noche porteña. Otros sostenían que la joven tenía fuertes enfrentamientos con su padre y que no era de extrañar que hubiere escapado quizás con la ayuda de un “noviecito”.

Por eso extrañó una nota firmada por un joven periodista, Bernardo Neustadt, en el Diario el Mundo (14/06/62). Allí se relacionó por primera vez la desaparición a la ejecución en Israel del criminal de guerra Adolf Eichmann, exactamente dos días después de su desaparición.

El sábado 15 de julio de 1962, apareció el cadáver de una persona joven de sexo femenino.

El hallazgo se produjo en un campo llamado La Laguna, perteneciente al Instituto Fito técnico Santa Catalina, dependiente de la Universidad Nacional de La Plata. El Instituto estaba ubicado en el camino de Cintura y Molina Arrotea, a los fondos del Tiro Federal de Lomas de Zamora.

El 16 de julio, La Razón informó que «el cuerpo de una mujer de unos 30 años, singularmente hermosa, fue hallado estrangulado, semienterrado y descompuesto. . .». El diario El Mundo, en cambio, habla un día después de: «hermosa mujer rubia, de entre 25 y 30 años de edad».

Algunos medios sensacionalistas, como la revista Así Es, difundieron las imágenes truculentas del cadáver.

El caso cayo en el Juzgado de Instrucción Nº 6 de La Plata, a cargo del doctor Alberto Garganta.

Un equipo forense bajo las órdenes del médico policial Aníbal Garay practicó la primera autopsia. Según el resultado arrojado por la pericia médica, «la occisa tenía entre 25 y 30 años, unos 60 kilogramos de peso y 1,65 metros de estatura». El profesional dictaminó, además, que el elemento cortante que penetró debajo del pecho izquierdo de la víctima había interesado la vena cava superior ocasionándole la muerte, y dejó asentado en su informe que la muchacha presentaba huellas de haber sido estrangulada.

Paso más de un mes sin novedades, tanto del hallazgo del cuerpo como de Norma, cuando el 24 de agosto como resultado de nuevas autopsias y sin explicación de cómo se vincula el cadáver hallado con la desaparición de Norma Penjerek y aún que el padre afirma no poder reconocerla, el examen visual de no más de diez minutos de su odontólogo le pone el nombre oficial de Norma Mirta Penjerek al cadáver en cuestión.

Los padres la entierran en el cementerio judío de la Tablada el 25 de Agosto de 1962. Nunca reclamaron públicamente el esclarecimiento. Nunca dieron entrevistas. Lo único que cambió en la rutina de sus vidas después de la tragedia fue que comenzaron a viajar a Israel habitualmente, casi todos los años hasta la muerte del padre (1985) y su estancia promedio era de varios meses.

Luego la noticia comenzó lentamente a perder interés ante la falta de avance de la investigación hasta que casi un año después el 15 de Julio de 1963, sorpresivamente ante una detención de rutina en la estación Constitución por supuesto ejercicio de la prostitución es detenida Mabel Sisti de 23 años que declara poseer información del caso Penjerek.

Su relato sintéticamente hablaba de que el responsable de la muerte era el señor Pedro Vecchio (comerciante de Florencio Varela, dueño de la zapatería “La Preferida” y Concejal electo por el Partido Unión Vecinal, que en realidad era un nombre de fantasía para el prohibido peronismo, viudo, padre de dos hijas que era considerado un vecino modelo y que poseía un automóvil Kaiser Carabela verde claro que permitirá todo tipo de fantasías para los diarios de lada tarde) jefe una banda que secuestraba jovencitas para orgías en donde participaban políticos y empresarios. Esto ocurría en un chalet “Los Eucaliptos” en la localidad de Bosques. La socia de Vecchio era la señora Laura Muzzio de Villano, dueña de una boutique ubicada a pocas cuadras de la zapatería.

El tema se convirtió en el más importante de la agenda pública. El diario de la tarde Crónica, de Héctor Ricardo García, gracias a las crónicas escritas por el periodista Ricardo Gangeme paso de una tirada promedio de 20.000 ejemplares a 100.000. La Razón no se quedaba atrás.

La política no fue ajena al tema y fue motivo de tratamiento en el Congreso Nacional. Hasta la CGT promovió una declaración al respecto.

Cierta sicosis se adueñó de la opinión pública: “Nena tené cuidado con lo que tomas. Fijate que no te pongan nada extraño en la copa y termines como la Penjerek”.

Alguien también involucró como cliente al señor Fabricio Mucci (lo detuvieron, torturaron y lo obligaron a declarase culpable) este conocía al Doctor Víctor Roberts Alcorta y en pocos días gracias a las excelentes vinculaciones que históricamente tenía con la policía y la gran pericia del letrado todo empezó a derrumbarse: Vecchio habría sido víctima de una venganza por problemas familiares de un fotógrafo vecino quien le habría pagado a Sisti para involucrarlo.

Otra fábula para terminar con la primera.

La causa que paso por ocho juzgados el 5 de Abril de 1965 la Cámara del Crimen de Capital Federal decidió el sobreseimiento de Vecchio que siguió vendiendo zapatos hasta su muerte.

Oficialmente el secuestro y asesinato de Norma Mirta Penjerek nunca fue esclarecido.

Hay otra hipótesis que habla de los padres de Norma como “sayamin”, esto es colaboradores del Mossad ( la agencia de inteligencia israelí), habla del operativo “Garibaldi” y de datos precisos aportados para capturar al nazi Eichmann dos años antes, de los viajes a España del padre a finales de los 50 que la economía familiar no justificaría, de familiares cuidando una adolescente en Haifa, de los viajes ininterrumpidos con largas estadías en Israel por parte de Clara y Enrique hasta sus respectivas muertes en 1985 y 1988, de historias de familia contadas en vos baja, que todo se justificaba en protegerla a Norma de una posible represalia de grupos nazis.

Una entrevista realizada a Chacho Penjerek por el periodista y hoy editor del diario Clarín Héctor Gambini que se refleja en un excelente artículo(27 de Mayo del 2012) con el título: 50 Años de misterio, parece convalidar o al menos reforzar esa otra hipótesis.

 

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