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Tendencias: cables submarinos, el corazón de las conexiones a Internet

El mundo está hiperconectado gracias a cables del tamaño de una manguera de jardín con filamentos del diámetro de un cabello humano que cruzan los océanos. Así sucede la “magia” de la red

Tendencias: cables submarinos, el corazón de las conexiones a Internet

En 2013 el tráfico de internet era de 5 gigabytes per cápita, cifra que subió hasta los 21 gigabytes en 2020 / Freepik

21 de Noviembre de 2021 | 09:20
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El mundo está hiperconectado. Todos pueden leer noticias, recibir mensajes, hacer videollamadas, escuchar música, mirar películas, series, fotos y videos a través de Internet desde cualquier rincón del planeta. Y según los promedios mundiales de conexión, los usuarios de la gran red pasan 6 horas y 54 minutos de tiempo por día conectados, a un ritmo que se incrementa a razón de once minutos por año. ¿Pero como es que sucede esto?

La “magia” de internet sucede simplemente porque una red de cables de 1,3 millones de kilómetros atraviesa los océanos para llevar Internet a todo el planeta. En nuestro país, por ejemplo, hay siete de ellos, y recientemente se anunció la construcción de uno nuevo.

Es que la conexión a Internet depende de una red de cables de fibra óptica de 1,3 millones de kilómetros de extensión, algunos muy cortos que unen a islas a pocos kilómetros, como el que conecta a Irlanda con el Reino Unido, y otros mucho más largos, como el Atlantis-2, que tiene 8,500 km de largo y se extiende entre España y Argentina.

Mapa 3D por el desarrollador Tyler Morgan-Wall

Durante este año, la compañía de información geográfica “Tele Geography”, registró un total de 426 cables activos, aunque aclaró que “el número total cambia constantemente a medida que entran en servicio nuevos cables y se retiran de servicio los más antiguos”.

Todos estos datos, a su vez, fueron recientemente recreados en un mapa 3D por el desarrollador Tyler Morgan-Wall, y el resultado es una imagen que no se suele ver, con un mundo que pareciera estar enredado en tuberías submarinas.

Según Tele Geography, los cables tienen el ancho de una manguera de jardín, pero los filamentos que transportan las señales de luz son extremadamente delgados, del diámetro de un cabello humano. Están diseñados con una vida útil mínima de 25 años, pero a veces se retiran antes porque son económicamente obsoletos.

Las fallas en el cableado también son comunes, como que en promedio hay más de 100 cada año, pero pocas veces las fallas impactan porque la capacidad se distribuye entre varios cables, de modo que si uno se rompe, la red funcionará igual sin problemas.

De acuerdo con la información que brinda esta compañía, los daños se producen en un 66 por ciento de los casos por barcos que arrastran anclas, mientras que otros factores son los ambientales, como los terremotos, y, con menos frecuencia, fallas en componentes submarinos, sabotaje deliberado o mordeduras de tiburones.

“Tradicionalmente -explica Tele Geography en su sitio web - los cables eran propiedad de operadores de telecomunicaciones que formaron una red troncal pero, a fines de 1990, una afluencia de empresas construyó muchos cables privados y vendió la capacidad a los usuarios. Hoy conviven los dos modelos, aunque en los últimos años el perfil de las empresas involucradas en la construcción de cables ha cambiado, y Google, Facebook, Microsoft y Amazon son los principales inversores”.

En este marco, casi todos los países que tienen costa están conectados a un cable submarino. En Argentina, siete de ellos (Atlantis-2, Bicentenario, Malbec, South America-1, South America Crossing, Tannat y Unisur) llegan a la zona de amarre de Las Toninas. Pero no es frecuente verlos en las playas porque los cables están enterrados bajo el lecho marino para su protección, mientras que en las profundidades marinas se colocan directamente en el fondo del océano.

En junio de este año, Google anunció la construcción de “Firmina”, un nuevo cable submarino internacional que estará operativo en 2023, y según explicó la compañía, “será el primer cable del mundo capaz de funcionar completamente con una sola fuente de energía en uno de sus extremos, a pesar de su larga distancia”. El cable en cuestión unirá la costa este de los Estados Unidos con Las Toninas, e incluirá extensiones a tierra en Praia Grande en Brasil, y Punta del Este en Uruguay.

Su nombre, como otros elegidos por Google que homenajean a personalidades de la cultura y las ciencias, es un reconocimiento a Maria Firmina dos Reis, una escritora y abolicionista brasileña que, en 1859, publicó Úrsula, una novela en la que describe la vida de los afrobrasileños bajo la esclavitud.

Las venas que garantizan el funcionamiento mundial de la banda ancha se mueven por debajo del agua en los cables de fibra óptica que cruzan océanos, mares y lagos / Freepik

LA CONECTIVIDAD SUBMARINA

Si bien la creciente utilización de dispositivos móviles para conectarse a internet puede llevar a pensar que el flujo de la red se está trasladando a las antenas y los satélites, la realidad es que las venas que garantizan el funcionamiento mundial de la banda ancha se mueven por debajo del agua en los cables de fibra óptica que cruzan océanos, mares y lagos.

Concretamente, el 99 por ciento de las comunicaciones digitales entre continentes y países separados por el mar viajan con redes que se están viendo obligadas a multiplicarse para satisfacer la demanda de un mundo cada vez más conectado, una infraestructura que permite que una orden de compra o un email pueda ir y volver en un cable que mide 6.000 kilómetros por debajo del mar en apenas 60 milésimas de segundo.

La costa este del Reino Unido cuenta con una docena de cables por donde pasa la mayor parte de la información que viaja entre Estado Unidos y Europa, y prácticamente la totalidad de estos cables convergen en las proximidades del centro de poder financiero de Nueva York.

Estos cables, en muchos casos, imitan las rutas utilizadas por los buques de carga que transportan mercancía. Por ejemplo, en el Mediterráneo existe una autopista de cables que va desde España hasta Israel y Egipto, y estas autopistas de banda ancha reaparecen en el estrecho de Suez y a lo largo de todo el Mar Rojo y, posteriormente, en el golfo de Aden, donde se dividen en dos, con una parte que sigue hacia India y de ahí hacia toda la zona de Tailandia y Singapur (uno de los mayores puertos del mundo). La otra parte se dirige a la zona de Kuwait, Arabia Saudi, Emiratos Arabes Unidos y Qatar, los principales productores de petróleo del mundo.

Otra de la zonas donde más proliferan estos cables es en el área que va desde Singapur hasta Japón, pasando por Taiwan, Indonesia, Corea, Filipinas y China, la zona más transitada del mundo por los buques de carga que transportan mercancía de las fábricas del sur de Asia al resto del planeta, un flujo de mercancía que se ve reflejado también en la cantidad de fibra óptica que se encuentra en la zona. El 75 por ciento de la información que transporta esta infraestructura marina son datos, y solo el 4 por ciento del tráfico lo acaparan las llamadas de voz.

En lo que hace a Europa, uno de los cables más importantes es el Columbus III, que conecta Italia, Portugal, España y las Azores con Hollywood (Florida). El cable tiene una longitud de 9.900 kilómetros; parte desde Sicilia con una parada en Conil (España). La infraestructura fue construida en 1998 y es propiedad de 30 operadoras móviles.

Las inmediaciones de Lisboa, a su vez, son una de las zonas donde más cables salen de Europa. De aquí parten casi todos los cables submarinos que conectan el norte del viejo continente con la Península Ibérica, y la infraestructura que conecta con las Islas Canarias, Cabo verde y rodea todo el continente africano. Por aquí pasa también el Atlantis 2 que crea un vínculo entre Lisboa, Canarias, Dakar, Cabo Verde, Brasil y Argentina, con un total de 12.000 kilómetros de longitud. Esta infraestructura es propiedad de 30 operadoras, entre ellas Telefónica, Embratel, Verizon, Deutsche Telekom, France Telecom y Sonatel.

Los cables también atraviesan lagos, como es el caso del cable del Lago de Michigan, que une una parte del estado de Wisconsin con Michigan, mientras que el Global West Network transporta banda ancha por mar entre San Francisco y San Diego en el estado de California.

TIBURONES ENEMIGOS

En la última década el consumo mundial de datos se ha disparado, como que en 2013 el tráfico de internet era de 5 gigabytes per cápita, cifra que subió hasta los 21 gigabytes en 2020, un aumento que supone un problema de capacidad y requerirá actualizaciones más frecuentes de los cables, cuando repararlos no es nada sencillo. Porque otros de sus enemigos son los tiburones, ya que los ataques de escualos no son poco frecuentes y desde hace un tiempo compañías como Google han debido blindar sus cables con envolturas a prueba de tiburones.

Es que cuando un cable submarino se daña, se deben envíar barcos especiales de reparación. Si el cable se encuentra en aguas poco profundas, se despliegan robots autónomos para agarrar el cable y arrastrarlo a la superficie, mientras que si el cable se encuentra en aguas profundas, los barcos bajan unos ganchos especialmente diseñados que se agarran al cable y lo izan para repararlo. Para facilitar las cosas, a veces los retenedores cortan el cable dañado en dos, y los buques de reparación elevan cada extremo por separado para repararlo por encima del agua.

Dejando a un lado los tiburones, Internet corre siempre el riesgo de ser interrumpido por las anclas de los barcos, el arrastre de los buques pesqueros y las catástrofes naturales. Por eso ya se planean nuevas líneas por zonas con menos tráfico marítimo. De hecho, una empresa con sede en Toronto ha propuesto tender un cable a través del Ártico que conecte a Tokio con Londres, algo que se consideraba imposible, aunque ahora el cambio climático y el derretimiento de los casquetes polares han hecho que la propuesta pase a la categoría de factible, aunque a un costo muy elevado.

Conectados
Casi todos los países que tienen costa están conectados a un cable submarino. En Argentina, siete de ellos (Atlantis-2, Bicentenario, Malbec, South America-1, South America Crossing, Tannat y Unisur) llegan a la zona de amarre de Las Toninas.

 

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