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Séptimo Día |EL AMOR EXTRAÑO DE FRANZ KAFKA POR MILENA JESENKÁ
Sociedad de creadores con cama adentro

Escritores, músicos y pintores que fueron o son pareja. Recelos, envidias y también generosidad y contención. Casos resonantes en la historia del arte: Rivera-Kahlo, Bioy Casares-Silvina Ocampo, Lennon-Yoko Ono

Sociedad de creadores con cama adentro

Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo / Tribuno

Por: MARCELO ORTALE
marhila2003@yahoo.com.ar

14 de Marzo de 2021 | 07:43
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Parece razonable admitir que todo creador busque su lugar en el mundo, más allá de los desbordes de algunos que empujan para obtenerlo y de las pasividades de otros, que prefieren no enfatizar sus ambiciones. Lo cierto es que en esa encrucijada están escritores, pintores o músicos. Y que esa realidad suele tornarse problemática, cuando sus parejas andan por el mismo andarivel. Recelos, envidias a granel, pero también muchos casos de generosidad. La mujer escritora que suele dar un paso atrás, que se repliega, a pesar de ser más talentosa, para que el marido pueda coronarse con laureles. Hay muchos y muy dolorosos renunciamientos.

Pero en el mundo, en nuestro país, existieron y siguen existiendo matrimonios formados por creadores famosos, que se llevaron siempre bien y supieron convivir. En la literatura argentina actual, un caso notable es el de los escritores Guillermo Saccomanno (1948-) y Fernanda García Lao (1966-), que son pareja y que en los últimos años editaron ya dos novelas escritas a cuatro manos.

A Yoko Ono se la acusó de haber logrado la separación de los Beatles

 

“Escribir a dúo implica una puesta en tensión de la marca autoral y el goce de escribir en simbiosis con el otro” (Saccomanno). “Ser o no pareja, al momento de escribir, se olvida. Lo que queda es el deseo por la escritura, el juego en simultáneo. Salirse de uno, ceder el lugar parece condición básica a la hora de escribir, ¿no? El ombligo propio a veces cansa”. (García Lao).

Por su propio peso caen ejemplos ya remanidos, aunque siempre enigmáticos como el de la pintora mexicana Frida Kahlo (1907-1954) y su pareja, el pintor y muralista Diego Rivera (1886-1957). Si bien fraguada entre infidelidades y escándalos, la fusión creativa fue positiva. Muchos años mayor que ella, Rivera no escatimó su apoyo para consolidar el arte de Kahlo.

Henry Miller / web

De sobra se sabe también sobre una mujer que cargó con un estigma universal y ella es Yoko Ono, la exótica pareja japonesa de John Lennon. Se la acusó de haber logrado la separación de los Beatles a fines de los 60, cuando en realidad el conjunto ya estaba resquebrajado. Dijeron que era perversa, que le había lavado el cerebro a Lennon y ella contestó con la composición de una irónica canción: “Yes, I´m a witch” (Sí, soy una bruja).

El romance tormentoso de la escritora francesa Anaís Nin (1903-1977) con el novelista estadounidense Henry Miller (1891-1980), matizado con el triángulo amoroso que formaron con la esposa de Miller (June Mansfield), con infidelidades varias en el camino de ambos, no impidió que los dos escritores se enriquecieran como intelectuales y fueran gestores de obras turbadoras por su sexualidad explícita, con pocos antecedentes en la historia de la literatura mundial.

Anaís Nin / Elsa Dorfman

LA BUENA ESPOSA

Lo que se viene hablando aquí fue tema central de la película “La buena esposa”, de 2018, dirigida por el sueco Björn Runge, que narra la historia de un famoso escritor norteamericano protagonizado por Jonathan Price. El era profesor de literatura y se enamoró de su alumna (Glenn Close) con la que se casa. El hombre le entrega una vez un manuscrito de uno de sus textos a su mujer para que le dé su opinión. La mujer lo lee, le dice que está bien, pero sugiere algunas correcciones que él acepta.

La fórmula funciona y desde entonces ella es la que corrige hasta darle forma final a los textos. Claro, ella no aparece como autora de nada y todos desconocen su creciente participación. La sociedad “autoral” sigue durante varias décadas y se profundiza: las novelas del hombre (ya escritas enteramente por ella) se vuelven cada día más exitosas y finalmente le conceden a él el Premio Nobel de Literatura. La película muestra las tensiones internas que llevaron a la mujer desde una actitud inicial de contención hacia el resentimiento, por la actitud presuntuosa y cínica del marido.

“Escribir a dúo implica una puesta en tensión de la marca autoral”

 

Hay casos de eclipsamiento entre parejas de escritores. Entre nosotros, Silvina Ocampo (1902-1993), una formidable escritora cuyas obras quedaron muchos años a la sombra gigantesca de su marido Adolfo Bioy Casares (1914-1999).

Sobre aquella “extraña pareja” –así la describe-, Alicia Dujovne Ortiz redactó en 2005 este imborrable retrato pasional: “La primera vez que lo vio, en 1933, en casa de Marta, Adolfito llevaba una raqueta de tenis. Su belleza le resultó una puñalada. A ella le bastó verlo para sentirse desesperada de celos. Pero algo había en él peor que su hermosura: sus ojos hundidos bajo unas cejas despeinadas por un viento invisible revelaban su desamparo. Silvina en eso no era diferente de cualquier otra mujer: podía resistirse a la salud, a la fuerza; al desamparo no. Por lo demás, en ese rostro tan fino se anunciaba un rasgo futuro, al que tampoco se resiste ninguna mujer: con el tiempo, a ambos lados de la boca, los músculos se le dibujarán con nitidez, labrándole dos surcos que no aludirán a vejez, sino a virilidad. Poco tiempo después, el muchacho estatuario publicaba La invención de Morel”.

El Museo Casa Estudio de Diego Rivera y Frida Kahlo / Bismutologa

Un caso objetivamente distinto fue el del escritor argentino Abelardo Castillo (1935-2017) y su esposa la novelista Sylvia Iparraguirre (1947-), una pareja que funcionó a la vista de todos como una suerte de reloj suizo. De ellos dijo Walter Lezcano que el caso de Castillo e Iparraguirre “nos sirve para pensar los modos en los cuales la atracción, la convivencia y la construcción duradera de una existencia en común se da en una relación entre escritores”.

Pocos amores de pareja fueron vistos, con la profundidad y seriedad del que tuvieron León Tolstoy y Sofía Andréyena Tolstaya. Casados por casi cincuenta años ella actuó como secretaria todo terreno, fue escriba, copista, escritora y fotógrafo de su compañero de vida. Tuvieron trece hijos y ella, al final de sus vidas, debió enfrentar el enigmático “destierro” personal de Tolstoy que abandonó todo. Pero ella corrió a su encuentro, lo persiguió en aquella extraña peregrinación en tren del escritor que huía de su propia fama. Sofía, al menos, logró hallarlo instantes antes de su muerte y besarlo en la frente.

Son conocidos los casos de eclipsamiento entre parejas de escritores

 

Pero la periodista María Paula Zacharias, si no le pone freno, descubre condicionamientos para el amor entre intelectuales: “Las historias de parejas de artistas inspiran doblemente: por el amor y por el talento y la creatividad que las anima. En los más legendarios de estos romances hay muchos desequilibrios, las mujeres suelen quedar a la sombra y el sentimiento tiene una delgada línea que lo separa de la locura. ¿Es esto amor? No se podría asegurar, pero sí que ciertos artistas han expandido su talento y creatividad en el encuentro con el otro. También, algunos han sido felices”.

La escritora, traductora y editora argentina Inés Gallo de Urioste, más conocida por su seudónimo Lola Copacabana, describió en pocas palabras la relación de dos parejas muy famosas en el mundo: “Desde el registro puramente imaginario, siempre me encantaron Scott y Zelda Fitzgerald. Aunque se vivieran peleando, celando, plagiando y terminaran mal, no caben dudas de que la pasaron muy bien tomando gin de contrabando y haciendo locuras en Estados Unidos y Europa en los años veinte”.

En lo simbólico –añadió- Simone de Beauvoir y Sartre creo que siempre se respetaron, intentaron inventar una forma de amarse que tuviera que ver con su forma de ver al mundo, que creyeron en sí mismos desde jóvenes, y que ambos fueron capaces de construir una producción inmensa como testimonio de todo ese pensar que compartieron”.

AMOR VARIOPINTO

Hay centenares de parejas de escritores y artistas renombrados. Parejas heterosexuales u homosexuales, con relaciones apacibles o tormentosas. Y la creatividad, si se quiere, quedó casi siempre a salvo de las pasiones, como ocurrió con la de Héctor Murena y Sara Gallardo. La creatividad autónoma, incondicional, intransferible. Cada uno en su mundo, como las dos casas emblemáticas, tan sólo conectadas por un corredor de altura que lleva a las dos terrazas, con una puerta con llave al medio, para dividir bien los tantos, como la que tuvieron Khalo y Rivera y que hoy es museo de sus obras.

Hay centenares de parejas de escritores y artistas renombrados

 

Y está el caso de Franz Kafka (1883-1924) y de Milena Jesesenká (1896-1944), definido como “el amor de los fantasmas”. Kafka vivió enamorado de Milena durante muchos años y nunca llegaron a tocarse. Ella era casada y lo tradujo al checo, fue la primera traductora de Kafka. Milena moría en un campo de concentración nazi y Kafka le escribió un libro inolvidable: “Cartas de amor a Milena”.

Como una Dulcinea enamorada y encadenada, Milena describió así a su amante platónico: “El mundo entero es y seguirá siendo para él un jeroglífico. Un secreto místico. Algo que no soporta, pero que admira con una ingenuidad pura y entrañable... Franz no sabe vivir No tiene la facultad de vivir. Franz nunca se curará. Franz morirá pronto”.

 

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