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Séptimo Día |CULTURA
El fascinante mundo de Klimt, un estilo único con influencias de peso

En Amsterdam, una expo del gran pintor austríaco explora la inspiración que los trabajos de maestros como Monet, Matisse, Munch o Rodin tuvieron sobre sus cuadros

El fascinante mundo de Klimt, un estilo único con influencias de peso

”Serpientes de agua” y el gusto especial de Klimt por pintar la figura femenina / Web

IMANE RACHIDI

20 de Noviembre de 2022 | 06:06
Edición impresa

Ha dibujado mujeres con miradas sensuales, figuras provocativas, y a veces ha abusado del pan de oro, pero el pintor simbolista austríaco Gustav Klimt (1862-1918) también ha sabido mirar con ojos de aprendiz a artistas como Monet, Munch o Van Gogh, dejándose inspirar e influenciar en su batalla contra las tradiciones.

El Museo Van Gogh de Amsterdam tiene abierta al público hasta el próximo 8 de enero una retrospectiva de la obra de Klimt con 36 de sus trabajos cara a cara, en un orden cronológico, con decenas de pinturas de maestros internacionales que influyeron en su obra.

Fue un artista “que no viajó mucho” más allá de su Austria natal, solo fue a París una vez “pero ya tenía una cierta edad”, por lo que un gran proyecto de investigación buscó desde 2015 “determinar qué arte internacional fue a Viena” en su época para entender quién influyó en la obra de Klimt, explica Lisa Smit, del centro Van Gogh.

“Buscamos durante tres años las influencias internacionales que se pueden ver o rastrear en el trabajo de Klimt”, señala. Analizaron catálogos de exposiciones, colecciones privadas de esos años y críticas de arte, para ver qué artistas eran entonces valorados en Viena.

Aparecieron toques de Claude Monet, Henri de Toulouse-Lautrec, Edvard Munch, Auguste Rodin o Henri Matisse, cuyas piezas se exponen frente a cuadros de Klimt como los retratos femeninos Judith (1901), Emilie Flöge (1902) y Serpientes de agua II (1904), que describen las influencias en una carrera caracterizada por una sed de libertad e innovación.

UN RETADOR NATO

En 1896, después de que saltaron las críticas al papel de Austria en el arte internacional contemporáneo, se fundó la Secesión vienesa, con Klimt como el primer líder de una generación de artistas e intelectuales que desafiaba la asfixiante moralidad pequeño burguesa.

Organizaron exposiciones de arte moderno de pintores occidentales, llevando arte del extranjero a Viena para que “su propio arte avanzara con esto como fuente de inspiración”, dice Smit. Entre 1898 hasta 1909, hubo una gran afluencia de arte contemporáneo procedente de países como Bélgica, Países Bajos, Francia e Inglaterra.

“Y Klimt vio esos trabajos. Por ejemplo, el de Vincent van Gogh. Hicimos todo el camino hasta averiguar qué pinturas de Van Gogh se habían expuesto en Viena”, agrega.

Klimt fue “un gran artista, en el sentido de que nunca copiaría a otro en su totalidad, pero siempre tomaría un elemento”, como la composición, la técnica de pintura, o un estampado, y en el caso de Van Gogh era sobre todo cuestión de la técnica, lo que se puede reconocer en sus campos de flores, que “realmente parecen tapices decorativos”.

La carrera de Klimt tuvo lugar durante varias décadas, siempre “con una mente abierta a nuevas influencias o afluencias”, y, aunque recibió muchos elogios al principio de su carrera, decidió “alejarse mucho” de su estilo inicial en busca de algo realmente nuevo, por eso se ve cómo su estilo cambia tanto a lo largo de los años.

“Ser verdaderamente nuevo y vanguardista puede ser difícil para mucha gente. A lo largo de los años, recibió más y más críticas de la gente que lo rodeaba, pero siempre hubo un grupo pequeño pero muy solidario que lo rodeó en la prensa, pero también encargándole retratos”, resume Smit.

SEDUCTORAS Y DECORATIVAS

Muchas de sus clientas eran mujeres de la burguesía judía, que gustaban decorar el interior de sus casas con un arte de lo más vanguardista, con el que combinaba a la perfección la obra de Klimt, con sus representaciones explícitas de la sexualidad femenina y su rechazo a las convenciones vienesas tradicionales, en línea con el psicoanálisis revolucionario de su contemporáneo Sigmund Freud.

Con pinturas grandes, seductoras, poderosas, expresivas, y de patrones decorativos, Klimt se distanció de la nobleza conservadora en una época en la que abundaban el antisemitismo y el nacionalismo.

“No se lo presenta como un genio solitario, sino un hombre cuyo trabajo nació y floreció gracias a la inspiración ofrecida por figuras internacionales afines”, dice la directora del museo, Emilie Gordenker. Reflejó amor, muerte, añoranza y búsqueda de la felicidad, y recurrió a la paleta de colores de Van Gogh para sus propios retratos, o al misterio y melancolía de Monet para los paisajes.

Durante su vida, Viena se convirtió en una metrópolis europea y un crisol de pueblos y culturas, pero en las décadas posteriores a su muerte, el mundo de libertad y progreso que él había ayudado a moldear colapsaría: algunas de sus obras fueron robadas por los nazis y otras se dispersaron por el mundo. (EFE)

“El caballero dorado” (“La vida es una lucha”) data de 1903

 

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