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Temas |ACUSACIONES QUE DESAFÍAN LA SUPERVIVENCIA DE LAS INSTITUCIONES MONÁRQUICAS

Realeza: regicidios y escándalos, el lado oscuro de las coronas

La historia revela destinos trágicos entre las casas reales de Habsburgo y Wittelsbach. Desde el misterioso asesinato de la emperatriz Sissí, hasta las muertes cuestionables del archiduque Rodolfo y el rey Luis II

Realeza: regicidios y escándalos, el lado oscuro de las coronas

Grabado que ilustra el ataque a Sissí / Web

VIRGINIA BLONDEAU
Por VIRGINIA BLONDEAU

10 de Diciembre de 2023 | 08:13
Edición impresa

Hay familias felices en la que sus integrantes viven la vida con alegría y llegan a la muerte con sosegada resignación. Y otras están signadas por la tragedia. Es posible que el destino se haya ensañado con ellos pero es también cierto que ellos decidieron ir con la peor de las ondas al convite de la existencia. Y como, en general, se muere como se vive, tampoco tuvieron finales pacíficos.

Conoceremos hoy las muertes más dudosas de la historia de la realeza, el regicidio más cinematográfico del siglo y algunos casos en que las palabras son más peligrosas que las balas.

Los Habsburgo y los Wittelsbach, dos casas reales unidas por el amor y la tragedia

No en vano los filósofos e historiadores del siglo XIX llegaron a la conclusión de que cada civilización tiene el germen de su propia destrucción. La historia de estas dos casas reales de Austria y de Baviera (hoy parte de Alemania) parecen cumplir con esta premisa porque si bien brillaron en el cielo monárquico de la Europa de aquel siglo, su poca capacidad para ver que el mundo estaba cambiando, sus acciones y su falta de resiliencia marcaron el fin de sus reinados.

 

Filósofos e historiadores dicen que cada civilización tiene el germen de su propia destrucción

 

Los Habsburgo y los Wittelsbach ya habían concertado matrimonios entre ellos pero el más famoso fue el de Francisco José, el joven emperador del Imperio Astro-Húngaro, con la inocente hija de un duque de poca monta que vivía en Baviera. Ella se llamada Elizabeth pero pasó a la historia como Sissí.

Ya todos sabemos que no fueron felices. Franz era un hombre extremadamente rígido y ella era un espíritu libre. Si hubieran nacido 150 años después hubieran protagonizado un divorcio escandaloso como el de Carlos y Diana pero permanecieron casados aunque la mayor parte de sus vidas, separados.

El afán de Sissí por los viajes se acrecentó en su madurez. Como si intentara escapar no solo de la corte de Viena sino también de sí misma, su vida se convirtió en un ir y venir caprichoso por diferentes regiones de Europa. Lo hacía casi siempre de incógnito bajo el seudónimo de condesa de Hohenemens. Aunque viajar con una docena de sirvientes, vestir íntegramente de negro y tapar su rostro con tules y abanicos no fuera lo más conveniente para pasar desapercibida.

A principios de septiembre de 1898, Sissí hizo un viaje relámpago a Viena. Quiso el destino que se encontrara en la misma ciudad un italiano que tenía tanto afán de protagonismo como ella y que estaba aún más fuera de sus cabales.

El rey Luis II de Baviera en su retrato más fantasioso / Web

Se trataba del exsoldado italiano Luigi Lucheni quien estaba obsesionado con asesinar al rey Humberto I un poco porque lo culpaba de haberlo mandando a la guerra y otro poco porque pensaba que así se haría famoso. Cómo Luigi llegó a Ginebra es un misterio pero lo que se sabe es que no tenía dinero para volver a Roma para matar al rey así que decidió asesinar a un príncipe francés que, supuestamente, llegaría a la ciudad suiza en esos días. Éste suspendió el viaje pero Lucheni se enteró que la que sí estaba en Ginebra era la emperatriz de Austria.

Matar una presa de semejante relumbre le otorgaría, sin duda, la tan deseada trascendencia pero debía apurarse porque la dama ya estaba a punto de tomar un barco para marcharse. Así fue como el 10 de septiembre, en horas de la mañana, se acercó al muelle y, disimuladamente, forzó un choque con la emperatriz como si quisiera robarle alguna de sus pertenencias.

En realidad le clavó un estilete o, tal vez, un alambre que le produjo un tajo casi imperceptible. Sissí fue atendida inmediatamente pero falleció a las pocas horas por una hemorragia interna. Tenía 60 años.

Cuando en el juicio le preguntaron a Lucheni por qué había cometido el crimen se defendió diciendo “Esas gentes me robaron la felicidad” alegando pobreza extrema frente a la opulencia de las cortes. No es que le faltara verdad pero eso no justificaba el crimen. Fue condenado a prisión perpetua.

Sissí no era feliz en su matrimonio pero varios hechos luctuosos habían acrecentado su melancolía. De joven había sufrido la muerte de su hija mayor de tan solo dos años. Una muerte que la marcó para siempre pero que no tuvo el impacto institucional de la muerte de su único hijo varón.

La princesa de Asturias y los reyes de España

El archiduque Rodolfo estaba casado con una princesa belga pero mantenía una relación extramatrimonial con una joven llamada María Vetsera. Tenía pésima relación con su padre, el emperador de Austria, y sus ideas políticas lo llevaron, incluso, a conspirar contra él. Sus ideas radicales no convenían al imperio del que era heredero al trono y era una figura polémica.

Ese era el panorama el 30 de enero de 1889 cuando, en un pabellón de caza, fue encontrado su cuerpo y el de Vetsera con sendos tiros en la cabeza. El emperador prefirió que la versión oficial fuera que se trataba de un pacto suicida entre dos amantes antes que reconocer ante su esposa que podría tratarse de un asesinato político perpetrado por miembros de su propia corte.

Cien años pasaron para que se corriera un velo en el que se reconocía el regicidio. En 1983 Zita, la última emperatriz de Austria antes de que el país se convirtiera en república, dijo en un reportaje:

“Se han escrito muchas leyendas. Lo que se ha contado se limita a sospechas e hipótesis. La verdad es que el archiduque Rodolfo fue asesinado y que este asesinato fue político. En nuestra familia, siempre hemos sabido la verdad, pero Francisco José hizo jurar a todos los que estaban al corriente del crimen que nunca dirían nada.”

 

Muertes dudosas, un regicidio de película y las palabras más peligrosas que las balas...

 

Así fue como el imperio se quedó sin sucesor directo y hubo que buscarlo entre los múltiples sobrinos del emperador. El más preparado parecía ser Francisco Fernando, hijo del archiduque Carlos, hermano de Francisco José. Pero tampoco hubo suerte. El 28 de junio de 1914 el heredero y su esposa sufrieron un atentado mientras recorrían en un coche descapotado la ciudad de Sarajevo, falleciendo ambos en forma instantánea. En la Europa caldeada esto significó el comienzo de la Primera Guerra Mundial.

Aunque Francisco José murió a los 86 años pacíficamente en su cama, los regicidios familiares lo persiguieron toda su vida. Al de su esposa, su hijo y su sobrino hay que agregar el de su hermano.

El archiduque Maximiliano era un joven romántico y atractivo del que Francisco José estaba un poco celoso porque era el preferido de las mujeres de la familia. Un poco para que no le hiciera sombra y otro poco porque le convenía políticamente, lo convenció de que aceptara el cargo de emperador de México, un territorio lejano donde había grandes palacios y riquezas y en el que lo esperaban a él y a su esposa con los brazos abiertos para rendirles honor y pleitesía.

Como en las compras por Internet en las que expectativa y realidad distan muchísimo una de la otra, Maximiliano y Carlota se encontraron con que nadie los había ido a recibir al puerto mexicano, que del palacio solo estaba el terreno y que las fuerzas republicanas eran mucho más numerosas que los soldados europeos que los custodiaban. De 1864 a 1867 duró el cuento. La emperatriz Carlota logró regresar a Europa a salvo pero Maximiliano fue fusilado si contemplaciones. Dicen que en Viena su hermano no lo lloró ni siquiera un poco.

En sus últimos años de vida Sissí

Como tampoco lloró la muerte del rey Luis II de Baviera, el primo preferido de Sissí. Ella, en cambio, derramó lágrimas por ese rey de cuento de hadas al que consideraba su alma gemela. Ambos tenían ese carácter soñador y enajenado de los Wittelsbach y compartían un mundo de fantasía que no los hizo felices.

Hacia 1886 Luis tenía 40 años pero sus demonios internos habían capturado su espíritu. Fue declarado incapaz de seguir al frente del reino y se le sugirió que abandonara Munich hacia un destino más bucólico y tranquilo. Un séquito lo acompañó en el viaje del que nunca regresaría. El 13 de junio de ese mismo año él y su médico fueron encontrados muertos en el lago Stamberg. La autopsia oficial declaró que se habían ahogado pero no son pocas las teorías que hablan de asesinato. Luis no tenía herederos directos y anexar el reino de Baviera a Prusia era muy conveniente para algunos.

LAS REDES SOCIALES, MÁS PELIGROSAS QUE LAS BALAS

Más allá de algunos atentados menores que han sufrido reyes y príncipes en los últimos años ¿podría haber un regicidio en pleno siglo XXI? Parece difícil aunque no imposible. De todas formas quienes los atacan parecen preferir las palabras antes que los hechos.

Vivimos en un mundo en el que cualquier cosa que se publique sea en la prensa, en un libro o en las redes sociales tiene una reproducción e impacto inmediato. No importa si lo que se dice es falso o verdadero. Basta con que sea verosímil y, a veces, ni siquiera eso. Lo peor es que causan un daño irreversible y crisis institucionales peores que un tiro certero.

Asistimos en estos días a un episodio en el que es protagonista la reina Letizia de España. Antes de su boda con Felipe, es por todos sabido, Letizia era una joven y prometedora periodista que había tenido un marido, algunos novios y, posiblemente algún amigovio. Parece ser el caso de Jaime del Burgo con quien mantenía una excelente relación al punto de ser uno de los testigos civiles de su boda.

No se supo mucho más de Jaime y su amistad con la actual reina hasta que en 2012 se casó en una boda secreta con Thelma Ortiz. Sí, nada más y nada menos que con la hermana de Letizia. Un matrimonio que duró un suspiro pero que tuvo un divorcio controvertido.

Nada pasaría si no fuera porque del Burgo ha hecho declaraciones para unos libros sobre la monarquía que se han publicado y que poca repercusión han tenido. Que fue novio de Letizia de 2002 a 2004, que luego fue su amante y estuvo a punto de divorciarse de Felipe por él, que tuvo una participación decisiva en la abdicación del rey Juan Carlos y que actualmente Letizia es amante de Pedro Sánchez, el presidente español, fueron solo algunos de los dislates que ha dicho. Y como si no bastara, viene publicando fotos y declaraciones de amor-odio hacia la reina en su cuenta de X (ex Twitter). Aparentemente está obsesionado con ella pero también hay una cuestión política. Del Burgo, según algunos medios, está fogoneado por sectores de ultra derecha que buscan desprestigiar tanto al gobierno socialista como a la monarquía. Por ahora la Casa Real no ha hecho declaraciones.

Como tampoco lo han hecho los Windsor frente al libro “Fin del Reino” cuyo autor, Omid Scobied, es cercano a Harry y Meghan. El libro habla pestes de Guillermo y deja entrever que Carlos y Kate fueron los miembros de la familia que se mostraron preocupados por el color de piel que tendrían los hijos de los duques de Sussex dado la ascendencia de Meghan. El libro ha sido retirado de la venta en algunos países pero Scobied también se vale de X para hacer declaraciones políticamente incorrectas.

Cabe, a esta altura, preguntarnos si este tipo de publicaciones no son armas más peligrosas que un cuchillo o un revolver. El regicidio social puede ser aún más doloroso que una muerte trágica. Una vez más el desafío de la institución monárquica será reinventarse para sobrevivir.

El retrato más famoso de la emperatriz de Austria / Web

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