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Enrique Sureda, el cronista de un siglo inolvidable para La Plata. Los grandes cambios sociales desde 1940. Cuando los cronistas deportivos escribían sobre “football”. Los recuerdos de Minella, Naón y Delovo
Por MARCELO ORTALE
“Las bibliotecas populares fueron y siguen siendo el alma de la ciudad. Ahora incorporaron computadoras, se modernizaron y muchos chicos siguen yendo a ellas. Ese recuerdo, el del primer contacto con los libros, uno no se lo olvida más. Yo tengo recuerdos muy sensibles de maravillosa biblioteca que había en la casa de Almafuerte. Mi padre, Mario, integró un grupo que salvó a esa casa del derrumbe y logró que se la convirtiera en museo”, dice Enrique Angel Sureda, periodista y escritor de toda la vida.
Nació en La Plata y en septiembre próximo cumplirá 89 años. Hace pocos días, el 15 de junio pasado, murió su esposa, Lydia Margarita Martínez, con la que estuvo casado por 57 años y con quien tuvieron dos hijas: Sara Adriana (médica) y Analía (ingeniera electrónica).
Sureda vive en una casa repleta de libros, álbumes, fotos y recuerdos de sus setenta años de periodismo y de ejercicios literarios, que incluyen tres novelas inéditas y muchos ensayos publicados en distintos diarios y revistas del país. Ingresó por primera vez a una redacción (la del diario El Argentino) en 1941 y aún ejerce el oficio, ahora como crítico bibliográfico en la revista de los bancarios bonaerenses. Habla pausado, busca la palabra justa y piensa mucho antes de expresarse, como los viejos periodistas.
Entre sus libros guarda ejemplares únicos. Y muestra algunos: “aquí tengo los anuarios que publicaba El Día, son de 1900 y 1901. Aquí usted puede ver las viñetas y grabados que hacía en esas ediciones quien fue el primer dibujante que tuvo El Día, mi abuelo Angel Sureda”.
“Mi padre, Mario Sureda, -que era un gran acuarelista como redactor- tuvo una intensa actividad cultural, en el periodismo llegó a jefe de deportes de El Argentino y hoy llevan su nombre la calle 79 y la biblioteca del club Everton. Además, es el creador del Día de la Tradición. Entre mis tíos se encuentra Jaime Sureda, también escritor y periodista, autor de libros como Elogio de la sordera (1943), Meditaciones del tranvía (1948, traducido al francés) y “La Plata, la edad de mi infancia” (1982)”
Hizo la primaria en la Escuela Modelo 1, ubicada en 8 y 58 y dice que “nos seguimos reuniendo con los compañeritos y compañeritas, porque fue la primera escuela mixta. Una de las compañeras que va es Marta Rottgard, hermana del gran profesor de educación física. Nos reunimos en la casa de Dardo González Baró. Y el secundario lo hice en aquel inolvidable colegio San José, que aún funciona en 11 entre 51 y 53, pero sin los religiosos ahora”.
¿Qué rescata de su época en el secundario?
“La figura ejemplar de algunos sacerdotes… Estaba el padre Bradley, inglés… Cuando aplicaba algún castigo y el alumno reclamaba, él decía… ¿you protest? Y te ponía media hora más de castigo. Un día votamos los alumnos y a Bradley que era un educador de primera lo elegimos como el más justo. Recuerdo también al padre Negroni y al padre Juppé”
¿Qué le dejaron estos setenta años de periodismo?
“Muchas cosas valiosas. La primera de ellas, que el trabajo debe ser terminado. Cuando usted empieza un artículo en periodismo, lo tiene que terminar y en debido tiempo. Nada de dejarlo para después. El periodismo empieza cada mañana y concluye en el cierre todos los días”
¿Cómo se hizo usted? La sangre debe haber tirado bastante…
“Si, fue todo como natural. Mi padre me llevaba mucho a que lo acompañara a sus notas. Y fui aprendiendo así. Hacer periodismo con naturalidad. En ese tiempo no había facultad de periodismo, así que aprendí el oficio ejerciéndolo, pero orientado por grandes maestros como fueron Juan Carlos Olmedo Varela, que firmaba como Monsieur Perichón, Manuel Cendoya, Mariano Arrieta, Miguel Camiña, Marcos Díaz y otros. Primero fui reportero, después cronista, redactor y por último jefe de deportes. En esos tiempos también hice radio en Universidad, junto Julio Bello, Alberto Varela y Osvaldo Dalponte. Recuerdo mucho también a Juan María Manganiello y a Roberto Brumat. Y quisiera agregar que tengo frescos en mi memoria a quienes tanto quise y admiré, como fueron los Tomatti –Osvaldo y Obdulio- y al querido Marquitos Aronín, grandes colegas”.
¿Qué es lo que usted siente que ha cambiado más, en estos setenta años en los que usted fue testigo de la realidad cotidiana?
“Hay dos cambios…muy gravitantes. Uno sería el crecimiento poblacional, que ha originado esta suerte de fragmentación de la Ciudad. Antes nos conocíamos todos y ahora ya no. En mi barrio, por ejemplo, ya casi no nos conocemos y antes vivíamos en la vereda, haciendo sociales. Lo mismo ocurre con el periodismo o con la poesía… antes nos conocíamos todos y ahora hay distintos grupos… No digo que esté mal ni bien. Es lo que ocurre… El segundo gran cambio, que para mí es el principal, es el del protagonismo que ha alcanzado hoy la mujer. La mujer está en todas partes. Antes uno iba a las reuniones, a las presentaciones de libros, a las conferencias, y no había ninguna mujer presente… Ahora suelen ser más que los varones. Y en todas las actividades está la mujer como protagonista. Eso me parece bien”
¿Qué puede contar de su trabajo como periodista deportivo?
“Yo empecé cuando aún se escribía football, wing, half, fíjese hace cuánto. Empecé cubriendo la Liga Amateur Platense… pagaban 2 pesos en los que se jugaban acá y 3 pesos si el partido era en Abasto o Melchor Romero. Nos pedían la síntesis, la composición de los equipos, el referí y una breve impresión. Después ascendí y cubrí la primera división, sobre todo a Gimnasia que entonces tenía grandes jugadores. Recuerdo mucho a Minella, Naón y a Delovo… En esa época los cronistas teníamos que contar la jugada… El centro half le pasó la pelota en cortada al wing, este gambeteó al marcador, se fue por la raya, lanzó el centro y el insider izquierdo la metió en el arco con un cabezazo impecable. Claro, no había televisión... Y los fotógrafos tenían que tener el gol, pero en el momento en el que la pelota entraba al arco…Otra diferencia es que antes los cronistas deportivos firmábamos todos con seudónimo… Tomatti era Mercurio, mi padre firmaba como Observador y yo como Observador Juniors, Marquitos Aronín era My Space… Quisiera no olvidarme de otros cronistas, como Osvaldo Dalponte, Roberto Sbarra, Víctor Crespón Ayala, Julio César Arturi o Pablo Zaro, entre tantos otros”
Usted también ha sido y sigue siendo escritor…
“Llegué a la literatura por el periodismo. Me hice amigo de Norberto Silvetti Paz, conocí a los hermanos Alberto y Horacio Ponce de León. Me iba a otras redacciones, donde estaban escritores como Marcos Fingerit. Después, trabé relación y amistad con escritores más jóvenes, como Gabriel Báñez, a quien visitaba todos los sábados en su casa de diagonal 73. Después acompañé a Horacio Castillo para ir juntos a lo de Báñez y conocí a otros poetas como Rafael Oteriño, Osvaldo Ballina o Néstor Múx. Me entusiasmé con escritores como Benito Lynch y Francisco López Merino y escribí notas dedicadas a ellos”
¿Qué le enseñó la literatura?
“Que quiérase o no, todo en la vida pasa. Sólo se habita el presente, sólo se vive en el hoy”
¿Usted pudo compatibilizar ambas actividades, el deporte y la literatura?
“En la Argentina y en el mundo son muchos los escritores que aludieron al fútbol. Sólo voy a mencionar algunos: Ernesto Sábato, Luis Lozzia, Agustín Cuzzani, Osvaldo Bayer, Juan José Sebrelli, Roberto Arlt, Conrado Nalé Roxlo, Leopoldo Marechal, Arturo Jauretche, Bernardo Kordon, Osvaldo Soriano, Marco Denevi, Federico Peltzer…¿sigo? Y acá, en La Plata, poco se recuerda que Alejandro Korn presidió Gimnasia y Esgrima durante tres años y que Benito Lynch fue dirigente de esta entidad”.
***
Habló del pasado, porque lo recuerda, pero sigue atento el presente. Admira a los diarios modernos, por su tecnología. Y le gustan más los diarios regionales: “el mayor valor de un diario está en su regionalizad, en que nos devuelve referencias concretas. Me encantan el diario de una ciudad. Lo primero que uno hace, todas las mañanas, es leerlo. Y así uno se entera…”. De pronto se acuerda de algo: “Debo decirlo, los Sureda fuimos todos de Gimnasia, amamos a la entidad. Mi padre fue representante de Gimnasia ante la AFA”. El fotógrafo Chochó Santoro debe irse y Sureda se levanta para abrirle la puerta. Cuando gira la llave le dice: “Mire Santoro, yo soy de la época en que dejábamos el sifón con la moneda en la vereda…Y ahora hay que cuidarse mucho al abrir las puertas...”.
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